Zapatillas minimalistas: qué dice la ciencia sobre ellas

    Zapatillas minimalistas: qué dice la ciencia sobre ellas © Depositphotos.com/Maridav

    Todos conocemos a alguien que se ha pasado a la moda de las zapatillas minimalistas para running. Muchos, además, habréis oído hablar en numerosas ocasiones de la grandeza de estas zapatillas para hacer desaparecer todo tipo de molestias y lesiones.

    Bien, ¿es cierto lo que dicen? ¿Son realmente menos lesivas estas zapatillas que las que llevan amortiguación? ¿Qué dice la ciencia sobre la práctica del running con estos dos tipos de materiales opuestos? Y por último, ¿nos conviene tirar a la basura nuestras zapatillas para adquirir unas minimalistas?

    A continuación responderé a todas estas dudas mostrando la opinión de la comunidad científica sobre este tipo de calzado.

    Zapatillas minimalistas: qué dice la ciencia sobre ellas

    Antes de entrar en conclusiones científicas es necesario recordar cómo en 1960 el maratoniano Abebe Bikita conseguía la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Roma compitiendo totalmente descalzo. Y de igual importancia es recordar que, cuatro años más tarde, el atleta volvió a los Juegos de Tokio, ganando nuevamente el oro y bajando su marca personal… pero esta vez con unas zapatillas.

    En 2009 estalló la moda actual con el libro de Chris McDougall “Born to Run” (Nacido para correr), en el que se explica que las zapatillas son dañinas, difundiendo la idea de correr descalzo como lo hacen los miembros de la tribu de los mejores corredores de larga distancia del mundo, los tarahumaras.

    Controversia sobre sus beneficios

    ¿Qué dice la ciencia sobre todo esto? Es cierto que actualmente existe cierta controversia sobre este tema en la comunidad científica.

    Podemos encontrar investigadores biomecánicos de mucho prestigio que están a favor y otros que están en contra. El momento clave fue cuando el investigador estadounidense Lieberman publicó un artículo en 2010 en el que comparaba el impacto que sufre el corredor con y sin zapatillas, demostrando que las cargas mecánicas son superiores para los corredores descalzos.

    No obstante, observa que el corredor descalzado apenas apoya el talón, dejando todo el peso en el ante-pie (parte delantera del pie).

    Además, Lieberman muestra que el apoyo con el talón es siete veces más agresivo para el organismo que el apoyo con el pie plano o con la mitad final del pie si se corre descalzo. Éste es el principal motivo por el que las zapatillas llevan amortiguación en la zona del tobillo.

    Así, cuando llevamos zapatillas pisamos con el talón inconscientemente, al ser ésta la zona menos agresiva.

    No obstante, “no hay evidencia científica alguna de que las zapatillas con amortiguación o corrección de la pronación afecten a que te lesiones más o menos” (Richards y Cols, 2009).

    ¿Quieres cambiar de zapatillas y comprarte unas minimalistas?

    ¡De acuerdo! Pero antes debes tener en cuenta algunos aspectos importantes. El calzado minimalista puede estar muy bien si previamente acostumbras a tu aparato locomotor a utilizarlo. Éste necesita adaptarse, pues las cargas mecánicas van a ser superiores.

    Por tanto, mi consejo es que dediques unas diez o doce semanas a practicar progresivamente la carrera con las nuevas zapatillas, introduciéndolas muy poco a poco a tus entrenamientos. Con ello, tu aparato locomotor se acostumbrará y la probabilidad de lesiones descenderá.

    Éste es un principio que debe cumplir todo entrenamiento si no quieres encontrarte con las malditas lesiones. Os adelanto que en el próximo artículo os mostraré algunas orientaciones para que lleves a cabo con éxito esas diez semanas de transición hacia las zapatillas minimalistas.

    En cualquier caso, hay que adaptarse poco a poco

    Antes de finalizar te pregunto, ¿qué ventaja puedes encontrar con esta nueva modalidad? ¿Reducir lesiones? Quizás ésta sea una respuesta; lo que está claro es que cada corredor es único, y mi experiencia me dice que cada uno debe encontrar sus necesidades para adaptarlas a sus características.

     

    Una indiscutible ventaja es que correr descalzo nos hace los pies mucho más fuertes gracias al trabajo de la musculatura intrínseca (músculos muy pequeñitos) del pie, cosa que no sucede con las zapatillas que amortiguan el golpe.

    Así que, si quieres empezar esta nueva aventura, adelante, pero recuerda: asegúrate de no producir un cambio brusco en la carga de entrenamiento y adapta a tu cuerpo poco a poco. Él va más despacio que tu mente.

    Bibliografía:

    Liberman y Cols. (2010) Nature 463:531-535

    Dougall, M. (2009). Born to Run. Profile Books. London

    Richards y Cols. (2009). Br. J. Sports Med 43:159-162

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