Sinceridad: el valor de la convivencia Destacado

    Sinceridad: el valor de la convivencia © Depositphotos.com/JrCasas

    Sinceridad: el valor de la convivencia

    “Modo de expresarse libre de fingimiento”: así define la RAE a la sinceridad. Si hay un valor fundamental que nos ayuda a vivir en sociedad, es la sinceridad.

    Es necesario creer de antemano en la sinceridad de las personas para que la convivencia sea posible.

    Es imposible convivir si creemos que todo lo que nos dicen, escuchamos o leemos, es mentira, o aún peor, que nos quieren engañar. El sufrimiento sería nuestro día a día.

    Ser sincero también se asocia a otros valores. Si eres sincero confían en ti y promueves la convivencia y una mejor resolución de los conflictos, ya sea en el entorno personal como laboral.

    Cuando mientes o engañas, sea con la intención que sea, repeles a la gente y luego es muy difícil que confíen en ti.

    En el mundo animal, el engaño es un mecanismo de defensa que ayuda a la supervivencia: engañar al depredador supone seguir viviendo.

    Pero en nuestro día a día, aunque podemos encontrar una situación extrema en la que, por supervivencia, tengamos que mentir, se espera vivir en la sinceridad.

    La realidad es otra: se miente a padres, a hijos, a la pareja, a amigos, a conocidos, a compañeros de trabajo, a las encuestas…

     

    “Mejor que con palabras, la sinceridad se muestra con acciones”.
    William Shakespeare

     

    Si tan perjudicial es mentir, ¿por qué se hace?

    ..por el miedo al qué dirán,

    …por el miedo a las consecuencias de una acción u omisión,

    …por comodidad,

    …por presumir y alardear de lo que se tiene y de la imagen,

    …por envidia,

    …por venganza,

    …por interés,

    …por proteger al otro,

    …por proteger los intereses propios,

    …por la deseabilidad social y por querer complacer y quedar bien,

    …por gustar a otra persona y parecer atractivo,

    …por evitar críticas y conflictos,

    …por falta de autoestima,

    …por no tener habilidades sociales para afrontar esa situación,

    …para desprestigiar y

    …para evitar responsabilidades.

    ¿Qué se siente cuando te mienten?

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    El grado de implicación emocional y confianza depositada en las personas condiciona la intensidad de los sentimientos y las reacciones posteriores.

    Si escaneamos a la persona engañada, encontraremos que se sorprende y tiene pensamientos de incredulidad.

    Puede que se sienta triste, engañada y traicionada, confusa y perdida. Puede incluso pensar que es responsable o culpable de ser engañada.

     

    “En los tratos entre los hombres, la verdad, la sinceridad y la integridad son de mayor importancia para la felicidad en la vida”.
    Benjamin Franklin

     

    La humillación también es una emoción propia de quien ha sido engañada. Muchas son las personas que, ante la vergüenza, justifican al otro. Y a otras personas la mentira les derrumba, les genera rabia, impotencia, ánimo de venganza y enfado.

    Si escaneamos a la que miente, y según sus intenciones, podemos encontrar sentimientos de culpabilidad, arrepentimiento, vergüenza, disfrute, alivio o calma.

    Consecuencias de ser engañado

    Cuando nos engañan o así lo percibimos, tendemos a generalizar y estar más alerta y a la defensiva en el futuro.

    Es evidente: no quieres que se vuelva a repetir ni volver a tener las emociones y sentimientos por los que has pasado.

    En ocasiones, la mentira hace que te vuelvas desconfiado y paguen justos por pecadores. Pero no todos son iguales: las personas no van con malas o rebuscadas intenciones. Si piensas así no das lo mejor de ti, no disfrutas del trato con las personas, cierras tus puertas  a nuevas oportunidades con otras personas…y ni vives ni dejas vivir.

    No es un pensamiento útil, sino generalista, y te restará calidad en tus relaciones personales y profesionales.

    ¿Cómo actuar después de una mentira?

    En relación a la persona que te miente o engaña, valora si esa persona comparte tu escala de valores. Si es así, escúchala y atiende sus argumentos.

    Dile cómo te has sentido. Puedes hasta entender sus razones. Si decides darle otra oportunidad, empieza de cero y no eches en cara lo sucedido a la mínima ocasión.

    Si no es así, cada uno por su camino. En el fondo, pensar “me lo volverá hacer” no te permite avanzar. De esta forma se vive con la conciencia más tranquila. No permitas acumular callos en tu corazón o acabarás sin sentir.

    No etiquetes y llames mentiroso a alguien por una sola situación. Esto se da mucho en los niños y lo que se consigue es que, de tanto llamarle mentiroso, mienta más.

    No confundamos sinceridad y honestidad con transparencia

    Ser sincero no es ser transparente. Nadie necesita sinceridad extrema. Hay cosas que no se dicen, así que no presumas de ser sincero porque igual estás siendo grosero.

    Tampoco hay que recibirlo como un jarro de agua fría. Ciertas noticias también necesitan un momento, un lugar y unas formas y no un “aquí te pillo, aquí te mato”. Antes de hablar piensa si decir lo que tú quieres decir sirve para algo a la otra persona o si sólo se trata de un desahogo personal para liberarte tú.

    El autocontrol y morderse la lengua de vez en cuando –o, en tiempos de redes sociales, recoger tu dedito- hacen la vida más fácil a todos. ¡Pruébalo y verás!

    El autoengaño

    Pero como somos tan especiales… el ser humano también se miente a uno mismo, no  reconoce la propia realidad o se la inventa, se la cree y la transmite.

    Uno también se engaña cuando siente que su autoestima va a ser amenazada con lo que la otra persona le dice o cuando tiene problemas relacionados con su autoconcepto.

    Por falta de habilidades sociales, las personas recurren a la mentira y a la exageración.

    Mentiras piadosas

    Las mentiras piadosas se dicen porque el mal que supone decir la verdad produce un mal mayor.

    No olvidemos que una mentira también puede garantizar el bienestar de una persona. También las mentirijillas o esas llamadas “verdades a medias” que se escuchan y aprenden en la infancia entre risas y que alimentan el hábito de la mentira -el famoso “di que no estoy” de un padre a un hijo con una llamada de teléfono-.

    Mintiendo no sólo engañas a los demás, sino que te engañas a ti mismo. No hay nada peor que inspirar poca confianza en los demás. La mentira erosiona la confianza, así que busca el momento y las palabras y sincérate con las personas.

    ¿Y tú por qué mientes, a quién mientes, cómo mientes, cuándo mientes, para qué mientes?

    Porque mentir, mentimos todos, ¿no? ¿O no?

    Si te animas, cuenta en los comentarios tus experiencias relacionadas con la sinceridad y la confianza.

    Libro recomendado:

    Valores-Sinceridad

     

    “Si me pides confianza, dame sinceridad”.

    Patricia Ramirez Psicologa del Deporte y de la SaludYolanda-Cuevas-Psicologa-del-deporte-y-salud

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