El diálogo como base de las buenas relaciones

    El diálogo como base de las buenas relaciones © Depositphotos.com/Pio3

    El diálogo como base de las buenas relaciones

    Dialogar es conversar con otras personas sobre nuestras ideas, pensamientos, sentimientos. Nos permite crear y avanzar en las buenas, correctas y fructíferas relaciones, sean personales, sociales o profesionales.

    El diálogo es un valor fundamental para la convivencia. A pesar de que el refrán dice que “hablando se entiende la gente”, lo importante del diálogo no es hablar, sino el entendimiento.

    La vida y las necesidades cambian, incluso la forma de comunicarnos. Pero lo que nunca cambiará es la necesidad del ser humano por dialogar y relacionarse con otras personas y conseguir así estar en equilibrio con todos los que le rodean en los diferentes ámbitos de la vida. 

    Y, sobre todo, sin rencores, sin malas caras, sin venganzas y sin malos entendidos, que lo único que promueven es el distanciamiento físico y emocional con las personas.

    Donde hay diálogo es más fácil que haya entendimiento, que se puedan producir acuerdos y que ello facilite el desarrollo de un proyecto, de una actividad, de una amistad o de una relación.

    Una mirada, un gesto, un tono, un momento o un lugar pueden abrir o cerrar las puertas a la comunicación.

    Aprender a comunicar facilitará el diálogo. El comportamiento no verbal acompaña y enfatiza el comportamiento verbal, pero cuando no son congruentes tendemos a dar valor y prioridad a la expresión facial, a la postura, la mirada o el gesto.

    Damos más credibilidad a lo que vemos que a lo que oímos. El 60% de nuestra atención va hacia lo que percibimos a través de la expresión facial y los gestos; alrededor de un 30% viaja hacia el tono de voz (lo que se denomina “comunicación paralingüística”) y en torno al 10% corresponde al contenido del mensaje.

    Es decir, es importante cuidar las formas con las que transmitimos porque supone implicar o no a las personas que nos escuchan. Nuestro cuerpo y cara están en constante comunicación; no se silencian, como sí puede ocurrir con la palabra.

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    Sí quieres dialogar con jefes, compañeros, pareja, hijos, vecinos… espera y:

    1.- Busca el momento y el lugar para dialogar. Unos buenos momento o lugar para ti pueden no serlo para otra persona.

    Se necesita tiempo y promover un entorno y una situación que sume y no perjudique. Es importante esperar a que todos vayan con la misma actitud.

    Si se inicia mal, la capacidad de diálogo de las personas se esfuma.

    2.- Ten presente que vais a intercambiar impresiones entre varias personas, aunque la idea haya partido de ti. Se trata de construir un diálogo y no un monólogo.

    3.- Confía y ten seguridad en ti mismo para saber que lo que opinas tiene valor y mereces ser escuchado.

    4.- Visualiza cómo te gustaría responder. No se trata de defenderte de nada: esto no es un ataque.

    Sólo has de contraargumentar tus puntos de vista y los de los demás.

    5.- Escucha a los demás con los cinco sentidos, cuidando tu comunicación verbal y no verbal.

    Si cortas, si miras para otro lado, si murmuras, si te cruzas de brazos, si haces muecas, si hablas a lo bajinis, si estás pensando en cómo “contraatacar”… no estás en el diálogo.

    Estás ausente o a la defensiva.

    6.- Date tu tiempo para contestar, expresar o razonar. Dialogar no es un concurso en el que nada más acabar uno tiene que responder el otro.

    7.- Ejercita la empatía. Que no compartas un razonamiento, una idea u opinión, no significa que no sean válidos o que no trates de entender la postura del otro.

    8.- Ve con actitud de apertura. No tengas miedo: no eres menos por reconocer que lo que otro dice se adapta mejor a las necesidades y a la situación, o que tenía razón sea un empleado o tú el jefe, o tu hijo si eres padre o madre.

    La edad o la posición no determinan la razón.

    9.- Tienes que estar dispuesto a ceder. Si sólo vas a dialogar con la intención de convencer, no dialogas.

    10.- Propón nuevas alternativas de reunión si el diálogo se convierte en un bucle sin salida. En ocasiones, con un intento no vale.

    11.- Pide perdón sincero y sentido si tus formas en su día no fueron las adecuadas.

    12.- Valora todo lo que ha permitido que podáis dialogar.

    Que las personas sientan que su esfuerzo ha merecido la pena refuerza las conductas, e incluso permite que se promuevan en otros entornos y con otras personas.

    Así se interiorizan los beneficios del diálogo en la sociedad como valor de convivencia.

    13.- Acepta que, en ocasiones, las personas no están predispuestas; no es su momento, o nunca lo será.

    Y no te culpes: cada persona tiene unas circunstancias.

    Podrás perder; es parte del juego. Pero nunca podrás decir que no lo intentaste.

    Beneficios de entrenar el diálogo:

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    Dialogar nos ayuda a conocernos y a comprender a los demás, a ser mejores personas y profesionales, a tener nuevos puntos de vista y más apertura mental, a gestionar nuestras emociones, a ser asertivos, a elaborar normas o proyectos de forma conjunta (lo que aumenta el compromiso y por lo tanto el cumplimiento), a mejorar las relaciones porque disminuyen los conflictos o se gestionan mejor los que surgen, a ser modelos de conducta para los que nos rodean… en definitiva, a mejorar nuestra calidad de vida por lo que a las relaciones se refiere.

    No hay que olvidar que el valor del diálogo va de la mano de otros valores que tienen que estar presentes. No puede haber diálogo sin libertad de expresión, sin respeto, sin paciencia, sin tolerancia, sin sinceridad, sin delicadeza y sin valentía.

    ¿Y dónde germina el valor del diálogo? Desde la cuna.

     

    El diálogo no impone, no manipula, no domestica, no esloganiza.
    Paulo Freire

     

    Los padres son las primeras personas de referencia. En ocasiones, por la relación desigual que otorga la jerarquía, se emplea de manera errónea el poder que nos da ser padres, y terminamos, en lugar de dialogando, imponiendo.

    Los padres tenemos la obligación de educar en la comunicación abierta y comprensiva en el diálogo y, en determinados momentos, de no ceder y poner límites. Y siempre desde el respeto.

    ¿Como padre o madre, recuerdas estas expresiones?

    “Porque yo lo digo”, “mientras vivas en esta casa…”, “qué tonterías dices”, “eso no es así”, “no te molestes, está decidido”, “cuando seas padre…”, “cuando tengas tu casa harás lo que quieras”…

    ¿Qué tal si creamos un nuevo vocabulario que se acerque a la comunicación y al diálogo?

    “Hijo, ¿qué te parece si piensas tus ideas?”,  “mañana las comentamos y decidimos juntos”, “me gustaría que lo razonáramos”, “en esto tienes razón”, “habla, que te escucho”, “mi punto de vista es…”, “ponte en mi lugar, ¿me entiendes?”, “mis razones son éstas, ¿y las tuyas?”…

    Obsérvate la próxima vez que quieras dialogar y detecta lo que haces bien y lo que puedes mejorar.

    Nunca olvides que, cuando todos ceden, todos ganan. Y, si merece la pena, no te quedes con la duda de “qué hubiera pasado si hubiéramos hablado”

     

    “Se necesita valor para ponerse de pie y hablar. Se necesita valor para sentarse y escuchar”.
    Winston Churchill

    Lecturas recomendadas para diferentes ámbitos y personas

    Los poderes secretos de la comunicación empática. Vincenzo Fanelli.

    La gran guía del lenguaje no verbal. Teresa Baró. (Paidós)

    Guía ilustrada de insultos. Teresa Baró. (Paidós)

    El arte de la comunicación para pacientes muy graves. Anthony Back, Robert Arnold James Tulsky.

    Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que tus hijos le hablen. Adelene Faber & Elaine Mazlish

    Cómo hablar para que los adolescentes le escuchen. Adelene Faber & Elaine Mazlish

    Vivir Con Un Adolescente. Entenderte con tu hijo es posible. Sònia Cervantes.

    Comparte tu material para mejorar la comunicación de todos.

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