Fábula sobre cooperación: La sopa de piedra

    Fábula sobre cooperación: La sopa de piedra © Depositphotos.com/Lizard

    La sopa de piedra

    Hubo una vez, hace muchos años, un país que acababa de pasar una guerra muy dura. Como ya es sabido las guerras traen consigo rencores, envidias, muchos problemas, muchos muertos y mucha hambre. La gente no puede sembrar, ni segar, no hay harina ni pan.

    Cuando este país acabó la guerra y estaba destrozado, llegó a un pueblecito un soldado agotado, harapiento y muerto de hambre. Era muy alto y delgado.

    Hambriento llegó a una casa, llamó a la puerta y cuando vio a la dueña le dijo:

    -Señora, ¿No tenéis un pedazo de pan para un soldado que viene muerto de hambre de la guerra?

    La mujer le miró de arriba a bajo y le respondió:

    -Pero, ¿Estás loco? ¿No sabes que no hay pan, que no tenemos nada? ¡Cómo te atreves!

    Y a golpes y a empujones lo sacó fuera de la casa.

    El pobre soldado, sorprendido probó fortuna en una y otra casa, haciendo la misma petición y recibiendo siempre una peor respuesta y trato.

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    El soldado casi desfallecido, no se dio por vencido. Cruzó el pueblo de cabo a rabo y llegó al final, donde estaba el lavadero público. Halló unas cuantas muchachas y les dijo:

    -¡Muchachas! ¿No habéis probado nunca la sopa de piedra?

    Las muchachas se mofaron de él diciendo:

    -¿Una sopa de piedras? No hay duda de que estás loco.

    Pero había unos niños que estaban espiando y se acercaron al soldado cuando éste se marchaba.

    -Soldado, ¿te podemos ayudar? - Le dijeron.

    -¡Claro que sí! Necesito una olla muy grande, un puñado de piedras, agua y leña para hacer el fuego.

    Rápidamente los chiquillos fueron a buscar lo que el soldado había pedido. Cuando ya lo tenía todo, el soldado encendió el fuego, puso la olla, la llenó de agua, lavó muy bien una piedra y la echó hasta que el agua comenzó a hervir.

    -” ¿Podemos probar la sopa?” preguntaron impacientes los chiquillos.

    -¡Calma, calma!.

    El soldado la probó y dijo:

    -Mm… ¡Qué buena, pero le falta una pizquita de sal!

    -En mi casa tengo sal -dijo un niño. Y salió a por ella. La trajo y el soldado la echó en la olla.

    Al poco tiempo volvió a probar la sopa y dijo:

    -Mm… ¡qué rica! Pero le falta un poco de tomate.

    Otro de los niños salió disparado hacia su casa a buscar unos tomates, y los trajo enseguida.

    A cada petición del soldado, los niños fueron trayendo patatas, lechuga, arroz y hasta varios trozos de carne.

    La olla se llenó, el soldado removió una y otra vez la sopa hasta que de nuevo la probó y dijo:

    -Mm… es la mejor sopa de piedras que he hecho en toda mi vida. ¡Venga, venga, id a avisar a toda la gente del pueblo que venga a comer! ¡Hay para todos! ¡Que traigan platos y cucharas!

    Repartió la sopa. Hubo para todos los del pueblo que avergonzados reconocieron que, si bien era verdad que no tenían pan, juntos podían tener comida para todos.

    Y desde aquel día, gracias al soldado hambriento aprendieron que cooperando juntos y compartiendo se puede conseguir un resultado mejor.

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    Más información sobre La sopa de piedra en Wikipedia

    De acuerdo a la tradición portuguesa, los hechos descritos en el cuento de la "sopa de piedra" tienen lugar en los alrededores de AlmeirimPortugal. A día de hoy, no hay restaurante en Almeirim que no sirva "sopa de piedra" (sopa de pedra en portugués).

    La misma historia se conoce como sopa de clavos en los países escandinavos y del norte de Europa.

    En esas versiones, el protagonista principal es normalmente un vagabundo en busca de comida y alojamiento, que convence a una vieja de que preparará una excelente sopa de clavos para los dos si ella le presta algunos acompañamientos para aderezarla.

    En el este de Europa, la variante de la historia (que tiene más en común con la versión del norte de Europa) es llamada sopa de hacha (o papilla de hacha en Rusia - каша из топора), ya que se usa un hacha como catalizador.

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