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El orgasmo no lo es todo

    El orgasmo no lo es todo © Depositphotos.com/Depositedhar

    El orgasmo es, naturalmente, puro éxtasis y disfrute para nosotros.

    Pero a la vez, para muchas parejas es una fuente de preocupación: si llega demasiado rápido, o demasiado lento, o incluso si no llega.

    La diferencia entre el orgasmo y el placer

    Estamos demasiado acostumbrados a asociar el sexo con el orgasmo.

    Si el orgasmo no sucede como la pareja espera —ya sea en el momento adecuado, la intensidad deseada o la coordinación de ambos— los dos pueden acabar sintiendo frustración, descartando esa relación sexual, sintiéndola “fallida”.

    Y sabemos que, cuando la frustración se acumula, no sirve para otra cosa que para perjudicar a la relación, y por supuesto al sexo.

    Al contrario de lo que algunas personas piensan, alcanzar el orgasmo no es forzosamente señal de que el disfrute sexual haya existido plenamente.

    Simplificando, el orgasmo es una respuesta fisiológica que se produce consecuencia de la estimulación de las zonas erógenas.

    Sin embargo, el placer es algo mucho más amplio que incluye una satisfacción física, psíquica y sensual.

    Cuando el objetivo principal es sacar el mayor provecho al placer durante cada instante de la relación sexual, el orgasmo pasa a un segundo plano, ya que el nivel de disfrute aumenta y se mantiene al máximo durante más tiempo.

    El orgasmo sigue siendo un momento apreciable, pero ya no el único protagonista de la relación sexual.

    El sexo tántrico: una perspectiva diferente

    El sexo tántrico rompe la tendencia de considerar el sexo como una descarga, para convertirlo en un momento de carga y expresión creativa.

    La idea del tantra es disfrutar al máximo de la energía sexual como pareja, alcanzando un nivel por encima de lo habitual.

    Se entiende el encuentro sexual como algo más allá de lo carnal, convirtiéndose en una herramienta para el crecimiento individual y de pareja.

    La meta final del sexo tántrico no es el orgasmo, sino el reconocimiento propio y del compañero a nivel espiritual, lo que llaman “el viaje completo”.

    Para practicar el tantra es importante comenzar buscando la relajación mediante la respiración, sintiendo cómo la energía fluye por ambos cuerpos.

    Se inicia recorriendo el cuerpo con caricias y besos, sin ningún tipo de prisa, fomentando el erotismo y la pasión mediante el tacto. Posteriormente, sí se permite la penetración, pero no de la manera habitual, sino de forma controlada.

    El objetivo del sexo tántrico es aprender a controlar y aprovechar al máximo la energía sexual, por eso, se procura retrasar el orgasmo el mayor tiempo posible.

    Los más iniciados, con mucho trabajo y meditación, consiguen alcanzar el orgasmo sin eyacular.

    Cuando llega, ese pico de placer y energía recorrerá todo el cuerpo, no quedándose sólo en el área genital, y proporcionará un disfrute especial.

    El sexo tántrico no es una práctica sencilla, es importante conocer en profundidad su método para empezar a practicarlo.

    Sin embargo, ¿por qué no probar a adaptar una parte de su filosofía a las relaciones sexuales convencionales?

    Vivir el placer sexual más plenamente

    Sin intención de desterrar a los orgasmos, la idea es gozar al completo de la sexualidad.

    Conseguir que ese momento cumbre sea simplemente un momento placentero más de la relación sexual, en lugar del único objetivo buscado ansiosamente.

    ¿Y si practicáramos un sexo más integral, más amplio y sentido? Las zonas erógenas se distribuyen a lo largo de todo nuestro cuerpo y nuestra piel.

    Los masajes, las caricias, los besos, y todo lo que se os ocurra, puede ayudar a activar todos nuestros sentidos durante la relación sexual.

    Y por supuesto, lo más importante: controlar nuestra cabeza. Concéntrate en lo que está ocurriendo en cada momento del encuentro sexual, y vívelo con máxima presencia.

    Si ambos lo conseguís, el pleno disfrute está asegurado.

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    estefania-monaco-psicologa

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