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Sexualidad compulsiva: el sexo como adicción

    Sexualidad compulsiva: el sexo como adicción © Depositphotos.com/Egorrr

    Existen diversas formas de entender el sexo, y la dedicación de cada persona a sus relaciones sexuales puede variar considerablemente.

    La mayoría de la gente busca que estas relaciones sean satisfactorias y adecuadas según sus deseos propios, y disfrutar de ellas en una frecuencia moderada durante toda su vida.

    No obstante, otras personas se alejan de esta normalidad, alcanzando el extremo en el que el sexo se convierte en lo único y realmente importante, en el leitmotiv de su día a día, y viven por y para sus relaciones sexuales; es entonces cuando el sexo se convierte en una adicción.

    Sexualidad compulsiva: el sexo como adicción

    Muchos psicólogos y sexólogos se dedican a evaluar este fenómeno, que puede convertirse en un grave problema tanto personal como de pareja, intentando encontrar las respuestas comunes de estas personas y un tratamiento eficaz ante esta conducta compulsiva.

    El psicoterapeuta Roberto Rosenzvaig, en su libro “Demasiado sexo”, relata varios casos reales de personas adictas al sexo, explicando el trastorno y su posible tratamiento.

    Las características de un adicto al sexo

    La adicción al sexo hace que éste pierda su objetivo placentero. Las personas adictas a la sexualidad ya no mantienen relaciones con el fin de satisfacer su deseo sexual, sino como una necesidad, una compulsión parte de su obsesión.

    Están siempre buscando relaciones sexuales, insistentemente, incluso sintiendo culpa cuando cumplen su cometido sexual, tal como afirma Rosenzvaig.

    No obstante, este sentimiento desaparece tras un breve período de tiempo, y su ciclo obsesivo comienza de nuevo, como cualquier otra adicción.

    Cuando no logran mantener relaciones sexuales, la respuesta es similar a la de cualquier persona con una adicción diferente. Sienten ansiedad, angustia, frustración, irritabilidad… todas respuestas típicas de un síndrome de abstinencia, en este caso sexual.

    Tienen, por tanto, un pobre control de impulsos, una mínima capacidad de reflexión y una muy baja tolerancia a la frustración, así como un esquema de pensamientos e ideas casi exclusivamente enfocado al sexo.

    Al preguntar a varios adictos al sexo el porqué de su comportamiento, muchas respuestas iban encaminadas hacia la pura satisfacción de su necesidad sexual y de conexión con otro ser humano.

    Sin embargo, también realizaban respuestas en relación a una necesidad de control, es decir, a la necesidad de controlar lo que les rodea, por lo que buscan esa situación en la que son ellos los que controlan lo que ocurre.

    Del mismo modo, tuvieron respuestas narcisistas, es decir, una auto-adulación exagerada y una sobreestimación de ellos mismos, elogiándose y admirándose repetidamente, buscando una constante afirmación de su persona.

    También cabe destacar las respuestas que dieron acerca de su adicción como mecanismo de afrontamiento de su propia baja autoestima, y en algunas ocasiones, como técnica para evitar sentimientos de tristeza, soledad o aburrimiento.

    Cuando la adicción afecta a la pareja

    Aquellas personas que sufren esta adicción al sexo y tienen pareja no siempre ven satisfecha su obsesión.

    Si el otro miembro de la relación no se encuentra en la misma situación, se producen momentos muy tensos entre ambos.

    Los adictos al sexo suelen exigir a sus parejas que mantengan relaciones constantemente, a diario, afirmando, si se trata del hombre, que lo habitual en el género masculino es tener muchas ganas siempre, no llegando a diferenciarse de otras personas y concibiéndolo como un patrón de normalidad.

    A menudo incluso recurren a amenazas hacia la pareja, en términos de buscarse un amante que satisfaga su ansia sexual.

    En muchas ocasiones esta amenaza se convierte en realidad, ya que muchos de ellos llegan a mantener, además de su relación de pareja más estable, una o más relaciones puramente sexuales. Según afirman, sin ellas no son capaces de satisfacer por completo su hambre de sexo.

    Es obvio que la relación se ve perjudicada, al igual que sus miembros por separado.

    El adicto puede sufrir ira o frustración, mientras que su pareja acaba por sentirse agotada, amenazada e incluso asustada, y perdiendo por completo la confianza en el otro.

    Por tanto, es necesario afrontar la situación antes de que dañe gravemente a cada uno.

    Hay que crear un clima de confianza y comunicación para tratar el tema correctamente, sin rabia por parte de uno ni miedo por parte del otro.

    Si estáis en esta situación, lo mejor que podéis hacer es pedir consejo a un profesional que os ayude a mejorar tanto vuestra relación personal como vuestras relaciones sexuales.

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