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El síndrome de la máquina sexual

    El síndrome de la máquina sexual © Depositphotos.com/Dmitroza

    “Durante el tercer coito de esa mañana noté que mi erección se perdía. Me asusté bastante pero logré llegar al orgasmo. Desde ese momento estoy preocupado por si me ha vuelto a pasar algo”.

    El síndrome de la máquina sexual

    Esta frase la pronunció Pedro, un paciente de 30 años al que atendí por disfunción eréctil psicógena.

    La palabra “psicógena” hace referencia al origen psicológico de la disfunción, es decir, cuando la mente se convierte en el problema que anula la sexualidad.

    Gracias a que rápidamente se puso en contacto con un profesional, Pedro solucionó  su problema en tan solo dos sesiones y pudo volver a disfrutar de una vida sexual satisfactoria.

    No obstante, tras ese nuevo amago de pérdida de la erección sintió miedo a la recaída.

    El problema de la desinformación sexual

    Pedro había superado la disfunción y había vuelto a ganar confianza en su rendimiento sexual, pero seguía siendo víctima de la desinformación sexual.

    Y es que una mente mal informada es tremendamente vulnerable a generar problemas donde no los hay. Esto es algo que podemos comprobar en numerosas esferas de la vida humana, incluida la sexual.

    A consecuencia de esta desinformación, Pedro tenía el síndrome de la “máquina sexual”.

    Quien padece este síndrome espera de sí mismo un funcionamiento sexual propio de un reloj suizo: siempre preciso, fiable y sin ningún tipo de oscilación ni variabilidad.

    De esta manera, Pedro daba por sentado que si su sexualidad no era siempre igual de intensa, excitante y satisfactoria algo malo debía estar pasándole. 

    Sin embargo, la vida sexual humana soporta la influencia de cientos (quizá miles) de factores. Es, por tanto, una utopía esperar una respuesta sexual idéntica todos los días.

    Aspectos que interfieren en la libido

     Algunos de los aspectos que interfieren en la libido o energía sexual son los siguientes:

    - Las características de la pareja con la que compartimos el sexo.

    - El tipo de relación que mantenemos con ella.

    - La seguridad personal.

    - La necesidad de quedar bien ante la pareja.

    - El nivel de exigencia personal.

    - El nivel de estrés acumulado.

    - La falta de descanso.

    - El estado general de salud.

    - Los temores y las preocupaciones que arrastramos.

    - Las inseguridades.

    - El consumo de alcohol, drogas o productos para el crecimiento muscular.

    Igual que nuestro estado de ánimo puede variar de un día a otro, nuestra sexualidad también oscila y cambia. Lo raro es que se mantenga siempre igual.

    Para bien o para mal, nada en el ser humano funciona como una máquina. Esa variabilidad es parte de nuestro encanto y no hay que interpretarlo como un fallo que afecte a nuestro amor propio.

    Esperar rendir como máquinas en la cama supone abrir la puerta a conflictos y disfunciones innecesarias.

    Así que te recomiendo que asumas con naturalidad esa tendencia humana a la variabilidad y disfrutes del sexo sin preocuparte. 

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