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Identidad sexual: cómo percibimos nuestra sexualidad

    Identidad sexual: cómo percibimos nuestra sexualidad © Depositphotos.com/Ciuciumama

    Todos nacemos hombre o mujer. Lo que nos define como tal es una diferencia física al nacer o incluso estando aún en el vientre de nuestra madre. Sin embargo, ser hombre o mujer no significa sentirse hombre o mujer. Esto es lo que llamamos identidad sexual. ¿Nacemos también con esta identidad o la aprendemos? ¿Cambia a lo largo del tiempo? ¿Tiene algo que ver con nuestra orientación sexual? Comienza el debate.

     ¿Cómo nos identificamos sexualmente?

    La identidad sexual (a menudo utilizada como sinónimo de identidad de género) se refiere a la pertenencia, o sentimiento de pertenencia, de una persona hacia un sexo u otro, es decir, la manera en que la persona se identifica como hombre o mujer. Esta concepción implica no sólo aspectos biológicos, sino psicológicos y sociales, e influirá en la forma de sentir, pensar y comportarse según la persona identifique su identidad como masculina o femenina.

    Pero ¿aprendemos a sentirnos hombre o mujer o nacemos con ello? Ésta es una cuestión que genera ya el primer debate. Algunas teorías afirman que esta identidad es parte de nuestro código genético, por lo que nacemos sintiéndonos hombre o mujer; sin embargo, estudios recientes señalan que existen más factores que los biológicos, y que aspectos como el aprendizaje en la infancia o la vivencia de experiencias de cada individuo influyen en la identidad sexual.

    Normalmente la identidad sexual se alcanza antes de los tres años, cuando el niño se identifica como chico o chica y empieza a comportarse como tal. Y he aquí otra pregunta que puede generar discusión: ¿empujamos a nuestros hijos a pertenecer a un sexo u otro? A los chicos los vestimos de azul, les damos coches y juguetes de acción; a las chicas las ponemos de rosa y juegan con muñecas. ¿Es posible que, además de las condiciones físicas, la sociedad busque la diferenciación y la clasificación en un sexo u otro?

    Identidad sexual y sus conflictos

    Pertenecer al género masculino o femenino puede ser complicado para algunas personas, y es posible que otros conciban esta identidad de forma más sencilla. Las personas transexuales suelen tener este conflicto, pues se sienten parte de un género al que, por características físicas, no pertenecen.

    A día de hoy, la transexualidad se considera un trastorno de identidad sexual clasificado como disforia de género en el Manual de Trastornos Mentales (DSM), utilizado por la mayoría de psicólogos y psiquiatras para su diagnóstico, algo que muchas personas intentan cambiar. Esto ha generado debates no sólo de carácter psicológico, sino también en términos legales y sociales, provocando en muchas ocasiones una indeseada ola de discriminación hacia estas personas que está en estrecha relación con el sexismo y la homofobia.

    Por otro lado, no todas las personas nacen con los órganos sexualesdefinidos, lo que llamamos intersexualidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 1% de la población mundial nace con rasgos físicos asociados al hermafroditismo. En Alemania hay 400 nacimientos de niños sin sexo definido al año, y en Estados Unidos se realizan cinco operaciones de asignación de sexo en niños recién nacidos cada día. Parece que no es algo tan inusual. Entonces, si hay algún rasgo de combinación de ambos sexos, ¿nos adjudican al nacer uno u otro? En países como Alemania y Australia recientemente han aceptado un tercer género aparte del masculino y femenino para estos casos, el género “neutro”. Muchas personas consideran que el niño debe tener siempre un género definido para evitar posibles burlas y etiquetas, así como para dirigir su educación en un sentido u otro; otras creen que esta diferenciación y clasificación en un sexo u otro ya es parte de la discriminación. Una discusión abierta.

    Identidad sexual y orientación sexual no es lo mismo.

    Conviene, del mismo modo, distinguir la identidad sexual de la orientación sexual. Ésta es la atracción que siente la persona hacia un hombre o una mujer, en diferencia de la pertenencia al género masculino o femenino. La discriminación por la orientación sexual de las personas ha sido (y sigue siendo) tema de debate, aunque al menos ya no es considerada un trastorno ni una enfermedad por la comunidad científica.

    La identidad sexual es un concepto no exento de polémica. Al fin y al cabo, la sexualidad es vivida por cada persona de forma diferente, por lo que la identidad de género es algo puramente personal. Sin embargo, la sociedad clasifica y otorga roles sociales que, en realidad, son el marco de tanta discusión. Si la cultura no debe regir la identidad sexual y la sexualidad es algo individual, quizá lo ideal sería que cada uno viviese su sexualidad libremente. 

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