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Adictos al sexo: el lado oscuro del deseo

    Adictos al sexo: el lado oscuro del deseo © Depositphotos.com/Konrad Bąk

    La adicción al sexo es una de las adicciones no tóxicas menos conocidas y visibles, puesto que combina dos tabúes presentes en nuestra sociedad: la adicción y el sexo.

    Las personas que la sufren procuran mantenerla en silencio; sin embargo, se estima que el 6% de la población la padece, siendo la mayoría hombres (sobre el 4%).

    Adictos al sexo: el lado oscuro del deseo

    Según un estudio publicado en la revista Journal of Sexual Medicine, el 54% de los afectados se dieron cuenta antes de los 18 años de que su conducta sexual era anormal, y un 30% lo notó entre los 18 y los 25 años.

    ¿Cómo es posible distinguir cuándo se convierte en excesivo algo tan subjetivo como el deseo sexual? ¿Qué diferencia a una persona adicta al sexo y otra muy activa sexualmente?

    El nivel de deseo sexual varía considerablemente entre las personas, y además fluctúa por etapas, afectado por numerosos factores.

    No existe un criterio que determine cuándo ese deseo es adecuado o no: es suficiente con la percepción subjetiva de satisfacción que cada persona tiene.

    Por tanto, no hay un umbral a partir del cual se considere que alguien es adicto al sexo. 

    Sólo existe un criterio: cuando ese comportamiento sexual produce incomodidad o interfiere en el funcionamiento normal de la persona (social, laboral, familiar, económico…).

    Las personas con hipersexualidad dedican un tiempo desproporcionado a conductas o pensamientos relacionados con el sexo, y son incapaces de controlar estos impulsos repetitivos.

    Es un tipo de obsesión, canalizada a través del sexo, que interfiere en la capacidad de la persona para llevar una vida adaptada y fluída.

    Cuando el deseo sexual controla tu vida

    El deseo sexual se vuelve constante, intensificándose hasta tal punto de controlar todos los aspectos de sus vidas.

    Las personas afectadas acuden al sexo como forma de desahogo ante emociones negativas, el estrés o la depresión. Sin embargo, llega un punto en el que la actividad sexual deja de ser suficiente.

    A largo plazo el deseo se vuelve insaciable; cada vez les resulta más dificil encontrar la satisfacción emocional y sexual en el orgasmo, por lo que se buscan mayores grados de placer que se van volviendo, a su vez, insuficientes.

    A menudo esta hipersexualidad también va acompañada de sentimientos de malestar y de culpa, lo que acaba debilitando la autoestima del individuo.

    Esta situación se convierte, así, en un círculo vicioso, pues la insatisfacción alienta a una nueva estimulación sexual.

    ¿Por qué algunas personas se vuelven adictas al sexo?

    En general, todos disfrutamos del sexo, pero ¿por qué algunas personas se vuelven adictas a él?

    Aunque todavía no existe mucha investigación al respecto, algunos especialistas han realizado estudios neurobiológicos que apuntan a algún tipo de disfunción de los neurotransmisores (como la dopamina y otros relacionados con el sistema opiáceo) que daría lugar a lo que denominan “síndrome de la recompensa insuficiente”.

    También influyen otro tipo de variables de personalidad y contextuales, puesto que, aunque el instinto sexual es innato, la forma de expresarlo conductualmente es básicamente aprendido.

    El tratamiento para la adicción sexual

    Afortunadamente, podemos decir que existe tratamiento para este problema. La terapia psicológica que se cree más efectiva en este tipo de adicciones no tóxicas es la cognitivo-conductual, tanto a nivel individual como grupal.

    Con ella se pretende enseñar al paciente a controlar sus impulsos. Además, puede verse reforzada con algunos fármacos, como los parches antitestosterona o algunas pastillas para calmar la ansiedad.

    Por supuesto, no por pensar mucho en sexo ni necesitar mucha actividad sexual uno es adicto. Cada uno tenemos nuestro nivel personal de deseo y satisfacción sexual.

    La adicción es algo diferente: las conductas sexuales ya casi no producen placer en sí mismas. Se vuelven una necesidad, una manera de aliviar la tensión y los efectos negativos producidos por la abstinencia.

    Siempre y cuando te sientas bien contigo mismo, no sufras por ello y tu conducta sexual no interfiera en tu vida cotidiana, no has de preocuparte por la cantidad ni por la variedad de tus relaciones sexuales.

    En definitiva: en cuestión de sexo, no hay límites. 

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