Cádiz: donde el atardecer se lleva la palma

    Cádiz: donde el atardecer se lleva la palma Fotografía de la redactora: Núria Agulló Jordà

    Allí dónde la Península Ibérica alberga su Finisterre más sureño, Cádiz abraza al turista con 200 kilómetros de costa.

    Los restos romanos de Baelo Claudia, la oculta ciudad fenicia de Cádiz y el parque natural de Los Alcornocales dan a la provincia un abanico inigualable de posibilidades culturales y naturales.

    Cádiz: dónde el atardecer se lleva la palma

    En la Costa de la Luz no hace falta reloj. La provincia de Cádiz tiene una luz especial que sigue alumbrando también hasta después de esconderse el sol.

    Durante el verano sucede en torno a las nueve y media de la noche, hora punta en la que mayores y jóvenes ponen sus tumbonas entre la arena para ver un espectáculo gratuito que vale millones.

    Cuando el sol se ha escondido por el sur del sur, los allí presentes hacen palmas y piensan en volver al día siguiente, siempre que el viento sea de poniente.

    En cambio, cuando el viento es de levante, la vida de los gaditanos cambia y todo plan al aire libre se va al traste. No hay quien pueda surfear, pasear o tomar el sol con un viento tan fuerte y ruidoso. Hace falta vivirlo para creerlo.

    Tarifa: la Playa de Bolonia

    A tan sólo 14 kilómetros de Marruecos, desde la playa de Bolonia, toma más protagonismo el perfil de las montañas africanas que se divisan por encima del azul marino que la recogida del sol.

    Ocio-Cadiz4Es fácil imaginar una playa igual a aquella en la que estamos, pero en tierras marroquíes.

    Lo difícil es no pensar que somos descendientes del mundo árabe, puesto que parece que con sólo levantar una mano vamos a chocarnos las palmas.

    En la playa de Bolonia el cruce de culturas no sólo llega a través de las aguas, ya que a escasos metros del mar, pero en territorio español, se planta el Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia, una antigua ciudad romana de finales del siglo II antes de Cristo.

    Los restos de la plaza pública o foro, la muralla, el palacio de la justicia o el teatro, entre otros, se elevan todavía hoy en Bolonia, dejándonos pistas sobre cómo vivieron nuestros antepasados romanos.

    Pero no todo lo que en la playa de Bolonia luce fue construido por el humano.

    Entre el menú de oportunidades que este enclave ofrece, el turista no podrá abandonar la zona sin subir a la gran duna a través un sendero que empieza en los aparcamientos entre la zona de El Lentiscal y las ruinas.

    Esta ruta dura sólo una media hora de caminata y permite al visitante adentrarse en la flora y la fauna de un paraje protegido.

    Visitar el “mercadillo jipi”, como ellos mismos escriben, también es una bonita actividad, así como cruzar a Tánger en barco desde el puerto de Tarifa.

    Aunque el acceso a la playa de Bolonia es complicado y poco conectado con el transporte público, vale la pena tomar las curvas y acercarse al confín de las tierras españolas.

    Conil de la Frontera, bañado en aguas atlánticas

    A un poco más de 60 quilómetros de la playa de Bolonia se encuentra Conil de la Frontera, una localidad que triplica sus 20.000 habitantes durante el verano con la llegada de “madrileños, vascos y sevillanos”, según dicen los mismos habitantes.

    Con 14 quilómetros de playa, estos turistas eligen entre la playa de La Fontanilla, la del Gallo o, para aquellos que quieren más intimidad, la de Puntalejo, entre muchas otras, dónde comerse un buen bocadillo de chicharrones, un fiambre típico que se elabora con diversos subproductos porcinos, triturado, condimentado con pimentón, sal y pimienta negra en grano.

    Algunos dicen que la playa de Los Bateles es más conocida como la “playa del sobaco”, porque cuentan que “está llena de madrileños, y como se conocen todos, al levantar el brazo para saludarse enseñan el sobaco”.

    Leído así carece de sentido, pero no es lo mismo explicado con el arte de un gaditano.

    Ciudad de blanca arquitectura y de “pescaíto frito”, Conil reúne amantes de la playa y de la Historia que fotografían los tres emblemas de la ciudad: la plaza de España, el Convento de la Victoria y la Torre de Guzmán.

    Para los interesados en bares y cócteles, la calle del Peñón es la cuna de la fiesta conileña.

    Cádiz y su origen fenicio

    Aunque a Jerez de la Frontera le pese, Cádiz es la capital de la provincia.

    Dicen que ya no puede crecer más, y es que la ciudad se encuentra volcada al mar, dado que se encuentra unida a la península a través de una lengua de tierra, lo que se llama tómbolo.

    Cádiz, o Gadir, como la llamaban los fenicios, constituye la ciudad más antigua de Occidente.

    De visita obligada es el Teatro de Títeres la Tía Norica, en cuyas excavaciones se encontró el cadáver de Matán, un gaditano del siglo VI antes de Cristo que murió asfixiado por el humo de un incendio.

    Con un modernísimo estilo y con reconstrucciones virtuales, el yacimiento arqueológico Gadir acerca al espectador a la realidad de la civilización fenicia.

    Tampoco es posible olvidarse de pasear por delante del Gran Teatro Falla, construido en el 1884 y de estilo neomudéjar, que acoge, entre otros espectáculos, el Concurso de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz durante el mes de febrero.

    Tras visitar la catedral, andar por las pequeñas callejuelas céntricas y ver el teatro romano en el barrio del Pópulo y la Puerta Tierra, el visitante no podrá dejar la ciudad sin conocer la playa de La Caleta, un bonito punto desde el que observar la marcha del sol por detrás del Castillo de San Sebastián.

    Más allá de ser la ciudad que vio partir a Cristóbal Colón hacia el Nuevo Mundo y la que presenció la promulgación de la Constitución de 1812, Cádiz es un lugar de gracia y tradición humorística.

    Los Alcornocales: el parque de los más aventureros

    Para aquellos que no tienen suficiente con conocer la realidad urbana de la provincia, existen 170.000 hectáreas del Parque Natural de los Alcornocales.

    Repartido entre la provincia de Cádiz y Málaga, este parque constituye el bosque de alcornoque más extenso de España.

    Además de ser el lugar para millones de aves migratorias que lo cruzan y lo habitan antes de pasar el estrecho de Gibraltar para llegar a África, es un precioso paraje que con sus dos picos más importantes, el Aljibe y el Picacho. Ofrece preciosos senderos para excursionistas y curiosos.

    La gineta, el corzo, los alimoches y los meloncillos son algunas de las especies que lo habitan, dándole, junto a los árboles que producen el corcho, una flora y una fauna sin igual.

    Y esto es sólo el principio.

    San Fernando, Jerez de la Frontera, Algeciras, Chiclana, Grazalema, Vejer y Arcos de la Frontera también tienen mucho que decir sobre la belleza y el disfrute de una tierra con tanta personalidad como es Cádiz. 

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    Redactora Núria Agulló Jordà

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