Suecia: del extremo este a la punta oeste

    Suecia: del extremo este a la punta oeste © Depositphotos.com/Scanrail

    Como el síndrome de Estocolmo, una rápida visita al país de los vikingos y de los alces, puede dejar al turista hipnotizado por la vegetación y el estilo de vida de aquella lejana tierra. Hablamos de Suecia y de una aventura diferente a cualquier otro viaje por Europa.

    Suecia: del extremo este a la punta oeste

    Las dos Suecias

    Si bien existen dos Suecias muy diferentes, la blanca, nevada y uniforme del invierno; y la verde y soleada del verano, cada cual presenta posibilidades bien distintas.

    Aquellos que se ponen manga corta apenas llega la alergia primaveral española, podrán visitar una Suecia en la que los nativos dejan de hibernar y lucen sus melenas rubias al sol, que en este período se esconde a las once de la noche para volver a salir a partir de las dos de la mañana, de modo que las horas de oscuridad se convierten en cuatro.

    La exaltación de lo natural

    La llegada al país nórdico en avión ya nos da algunas pinceladas de realidad, dado que la imagen de la ventanilla pasa de campos cuadriculados de tonos amarillos, a aguas cristalinas y bosques poblados de árboles que se pelean entre sí por ser el más alto y esbelto.

    Suecia es símbolo de naturaleza libre, que al mismo tiempo que las casas no tienen verjas ni puertas y están rodeadas de bicicletas sin candado, acoge a alces, osos, lobos, zorros y linces, entre otros, que perfectamente podrían cruzarse en nuestro camino si conducimos por las carreteras suecas.

    De ahí a que un souvenir muy común sea la señal de “peligro, animales sueltos”, que da también icono a una de las cervezas de siete grados que se pueden encontrar en las tiendas de alcohol de Suecia, bebidas que, al contrario que en nuestro país, no se pueden adquirir en los supermercados.

    Las postales de la familia real de Suecia también son uno de los productos que más se presenta como objeto de regalo.

    De Estocolmo a Gotemburgo

    Si el sur de Suecia se recorre en coche, puede darse una sensación de circular todo el tiempo por el mismo lugar, dado que el recorrido no presentará ninguna subida ni bajada de nivel y al borde de las carreteras podremos encontrar las típicas casas suecas de color rojo.

    Si nuestro objetivo es unir las dos ciudades más importantes de Suecia, eso es, Estocolmo y Gotemburgo, podremos hacer parada en Skövde para ver la reserva natural de Silverfallet (cascadas de plata), un lugar en el que hacer picnic con el sonido del agua acompañando la degustación de un perrito caliente u otra comida exportada, dado que según dicen los nativos, no tienen un plato típico especial.

    Otra parada podría ser Jönköping, una ciudad que aunque pequeña, alberga una universidad y se encuentra a la orilla sur del lago Vätern, el segundo más grande del país, tras el Vänern.

    La Venecia del Norte

    Por otra parte, las aguas que bordean, trocean y recorren Estocolmo, no son lagos, sino el propio mar Báltico. “La Venecia del Norte”  la llaman algunos, ya que el archipiélago está constituido por 30.000 islas que se extienden hacia el este.

    Numerosos puentes unen cada barrio del moderno Estocolmo, gobernado por jardines de tulipanes, iglesias y catedrales y un parque de atracciones que asoma desde cada eje o mirador desde donde el visitante observe.

    Las tiendas de cascos vikingos también están a la orden del día, e infinidad de parquímetros que explican el porqué de tantos ciudadanos pedaleando encima de sus bicicletas.

    La buena noticia es que se puede ver el casco antiguo Gamla Stan, pasando por la catedral de Estocolmo Storkyrkan y el Palacio Real tan solo paseando o en bicicleta.

    Gotemburgo y sus veintiún barrios

    En el otro extremo del país se encuentra Gotemburgo, una ciudad separada por tranvías y nuevamente tocada de cerca por un mar, en esta ocasión el del Norte, en el estrecho de Kattegat.

    Tiene uno de los puertos más importantes de los países nórdicos, por lo que una de las paradas aseguradas del visitante es el mercado del pescado Fisktorget.

    Tampoco puede pasar desapercibido el castillo de la corona Skansen Kronan en una de las colinas de la ciudad y encima del cual es posible ver todo Gotemburgo, y sobre todo el barrio de Haga, una bonita zona de casas de madera, con terracitas en las que degustar ingredientes y platos típicos del mundo hechos a la manera sueca.

    La ciudad cuenta con veinte barrios más, que quizá el turista no puede llegar a visitar a no ser que se quede una semana más.

    Zonas de fiesta, aperitivo y recreo no faltan en ninguna de las ciudades importantes, ni tampoco la sonrisa de los paisanos que reconocen a los grupos de españoles por su informalidad y tono de voz.

    Culturas y hábitos distintos pero compatibles, desde la España del oeste hasta la Suecia del este. Ellos vienen a jubilarse a España y nosotros vamos a Suecia a trabajar.

    El imán de lo exótico. 

    ¡Compártelo si te ha gustado!

    Seguir a EL PORTAL DEL HOMBRE

    Redactora Núria Agulló Jordà

    Buscar en la web

    Go to top