La Osteria del Sole: tradición, vino y comida de casa

    La Osteria del Sole: tradición, vino y comida de casa Fotografía Núria Agulló Jordá

    De la inmensa variedad de platos calientes, fríos, antipastos y postres que la tradición italiana ofrece, se extiende una gran paleta de lugares dónde sentarse a degustar tanto líquidos como sólidos manjares. Dicen los italianos que no sólo comen pizza, y tienen razón.

    La Osteria del Sole: tradición, vino y comida de casa 

    Así, las vías italianas no sólo se nutren de pizzerías, sino también de bares, trattorías y hosterías. Parece que todo se reduce a simples restaurantes, pero la historia dice que cada tipo de lugar tenía sus particularidades, porque en la hostería se iba a jugar a las cartas (napolitanas o sicilianas) y la tattoría destacaba por servir buen vino y platos calientes que no ofrecían las hosterías.

    La Osteria del Sole, en Bolonia, acertó al elegir su nombre en 1465, dado que ha visto el salir el sol más que cualquier otro restaurante de la ciudad de los arcos y la universidad más antigua de la Europa Occidental.

    La tercera generación de la familia Spolaore

    “Esta hostería estaba aquí, en Vicolo Ranocchi, antes de que Cristóbal Colón conquistara América”, dicen los propietarios de la misma, que son la tercera generación de la familia Spolaore y que atribuyen a la fidelidad de los clientes la continuidad del lugar.

    Para algunos la variedad de vinos es lo importante, mientras que para otros lo es la posibilidad de traer comidas caseras previamente cocinadas.

    La Osteria del Sole se caracteriza por permitir que sus clientes traigan la comida de casa o de otro restaurante, de manera que cada asistente ofrece lo que ha preparado antes. Así, olores y colores reinan en las distintas mesas de madera.

    Un peculiar attrezzo

    Este mágico y antiguo lugar, situado a cuatro pasos de la Piazza Maggiore de Bolonia, centro neurálgico de cultura y vida social, no se ha movido de su lugar, y tampoco el attrezzo que lo forma.

    Paredes llenas de fotos y posters de equipos de fútbol, pinturas enmarcadas que con el paso del tiempo lucen esquinas amarillentas y otros detalles que, acumulados con los años, no dejan espacio libre para colgar una nueva decoración.

    No obstante, lo que verdaderamente anima, revive y da luz a la hostería es la cantidad ingente de bebedores y comedores italianos que se reúnen en torno a las grandes mesas para charlar de política, amor y todo lo demás.

    Acudir sin reserva previa, un gran error

    Llegar sin previa reserva se convierte en un error cuando los clientes son más de dos personas, porque este lugar alberga celebraciones que van desde las típicas graduaciones universitarias en Italia hasta aniversarios de boda.

    Los carteles de “reservado” están sujetos a botellas de vino y hechos de madera, así como el de “cerrado”, que, cuando llega el fin de fiesta, se pone en la barra principal a modo de aviso. Aunque aquellos que están allí conocen las costumbres y saben que es hora de abandonar el vino, sólo los turistas, que a duras penas llegan a conocer este lugar, desconocen las costumbres de la hostería.

    Aun así, en la Osteria del Sole, como en Bolonia, los ciudadanos son abiertos a entablar conversaciones con desconocidos, que en poco tiempo se convertirán en “amigos” a los que avisar de eventos culturales y gratuitos que se dan cada noche en la ciudad.

    Dado que la ciudad está formada en gran parte por personas migradas del sur de Italia y todos se han sentido nuevos en la ciudad alguna vez, este sentimiento parece conservarse hasta el punto de convertir a Bolonia en una capital muy acogedora.

    La curiosidad de la juventud por un lugar tan tradicional hace que Osteria del Sole continúe activa a pesar del paso de los siglos. Allí, desde la entrada del bar hasta la llave del baño son originales y característicos, al igual que los clientes que lo llenan… y vacían a la hora de cierre con la barriga llena.

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    Redactora Núria Agulló Jordà

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