El FemSex, otra forma de pensar la sexualidad

    El FemSex, otra forma de pensar la sexualidad © Depositphotos.com/Kentoh

    ¿Cuántas veces hemos bajado la voz al decir en un lugar público palabras como “vagina”, “sexo” o “masturbación”? Que la vida sexual sea un tabú para algunas familias es todavía una realidad. A menudo se habla a medias tintas sobre lo que sucede en el lecho matrimonial y se esconden miedos que, venidos de una realidad cultural o bien de una costumbre social, perjudican a parejas y singles. Por ello nace FemSex, un colectivo que tiene como objetivo crear una experiencia de exploración, enseñanza colectiva, intercambio de opiniones y redefinición del cuerpo, del lenguaje y del placer sexual.

    El FemSex, otra forma de pensar la sexualidad

    FemSex apareció como una asignatura en la Universidad de California en 1994. Actualmente se extiende por parte de Estados Unidos y Europa, convertido en un taller o laboratorio cuyo fin es conocerse a uno mismo y romper barreras sexuales que no hacen ningún bien a la mujer ni a su pareja. Aunque el laboratorio habla de la sexualidad femenina, son muchos los hombres que se han acercado a familiarizarse con el tema, a profundizar o a descubrir realidades como la anatomía de la mujer. También acuden para aprender a vivir de cerca sus menstruaciones, conocer los falsos estereotipos que la rodean día a día o investigar el nivel de salud de su sexo, siempre desde una perspectiva femenina.

    SessFem, la extensión en Bolonia

    El SessFem, como se llama en Bolonia (Italia), ha llegado pisando fuerte, con una media de veinte participantes por curso que se unen cada miércoles durante dos horas y media para intercambiar sensaciones y experiencias en un grupo que cada vez adquiere más cercanía. A menudo las dos horas y media se convierten en tres o cuatro, porque ¿cómo cortar a mitad conversaciones que tocan tan de cerca problemas como esconder la primera llegada de la menstruación en la escuela o la sensación de sentirse sola tras una visita al ginecólogo?

    La libertad es un ingrediente muy importante durante este tipo de reuniones. Cualquier sentimiento que para el colectivo social podría ser considerado una barbaridad, aquí se acepta como normal, rompiendo así todo tipo de roles sexuales. En el SessFem se dicen en voz alta los diferentes nombres que la vagina recibe, y se eligen nuevos que hagan sentir mejor a la propietaria de este complejo órgano sexual. También se colorean dibujos de distintos tipos de vaginas y se anima a los participantes a descubrir cuál es el límite del género en el que se sienten identificados.

    Las facilitadoras guían las temáticas de las que se hablará y conducen actividades prácticas, charlas, proyecciones de vídeos y hasta una fiesta de la menstruación en la que el color rojo será protagonista de cada comida y bebida que los participantes lleven. Todo con el fin de desmitificar, perder el miedo a la mancha roja y hablar de aquello que sólo se ha podido compartir con madres y amigas. La incomodidad del uso de la compresa, la novedad de Reciclar verduras o Disco-soupe y los estereotipos que la televisión trata en los anuncios de higiene íntima salen a la luz contados por los mismos miembros del curso, que, motivados por el laboratorio, hacen los deberes en casa y comparten a través del correo electrónico artículos que puedan interesar al grupo.

    Expresar la sexualidad sin tapujos

    Para que el equipo sienta confianza y se vaya creando un ambiente familiar, se pide a los participantes que no falten a demasiadas jornadas. A su vez, para que no haya ningún tipo de tapujos, ningún participante debe iniciar una relación sexual con otro; en ese caso, los miembros de la pareja podrían ver limitada su transparencia a la hora de explicar sus experiencias. Si resulta inevitable, los miembros de esta pareja deberán decidir una estrategia: o ambos dejan el grupo, o uno de los dos continúa en él, o ambos siguen con el riesgo de poner en peligro su relación. Resulta obvio que los temas más complejos, más íntimos y más personales no se toquen hasta que el grupo no esté totalmente formado, de manera que al principio se discute sobre temas como la comunicación y la determinación sexual, y luego se va ascendiendo hasta topar con el orgasmo, el auto-placer, el porno o la violencia de género.  

    El FemSex es una revolución para aquellos que se han acercado a él. Los problemas parecen más pequeños cuando se comparten, y las buenas experiencias, cuando se explican entre amigos, se disfrutan el doble. Así, semana tras semana, un grupo de personas empieza a hablar, discutir y repensar un mundo hasta ahora silenciado. Sin miedos, sin roles, sin juicios. La vagina no es ningún “coñazo”, sino un órgano que debemos conocer, cuidar y respetar. Incluidos aquellos que no la tienen.   

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    Redactora Núria Agulló Jordà

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