Papá, ¿puedo probar la cerveza que estás tomando? Destacado

    Papá, ¿puedo probar la cerveza que estás tomando? © Depositphotos.com/Aallm

    Juan Revenga (@juan_revenga)

    El otro día, un amigo con hijos me comentó un sucedido que se resume tal que así… hace semanas estaba en su casa celebrando algún tipo de acontecimiento junto a otros amigos y familiares mientras él se tomaba una cerveza “sin”. En ese momento se le acercó su hijo de ocho años y le preguntó: “Papá ¿puedo probar eso que estás bebiendo?”.

    La primera reacción impulsiva de mi amigo fue negarse a la petición; sin embargo, tras unos segundos de reflexión empezó a no tenerlo tan claro. Veamos: si la parte negativa del consumo de cerveza se justifica por su contenido en alcohol pero ésta no lo tiene, y al mismo tiempo se oye hablar de tantas maravillas relacionadas con la salud a través del consumo de cerveza u otras bebidas fermentadas (aunque en realidad no sean más que falacias)… ¿Por qué demonios negarse a que nuestros hijos consuman bebidas desalcoholizadas o sin alcohol?

    Papá, ¿puedo probar la cerveza que estás tomando?

    Juan-Revenga-Colaborador-InvitadoLa respuesta, más allá de las cuestiones estrictamente nutricionales, está quizá más relacionada con aspectos culturales y de incitación al consumo futuro de bebidas alcohólicas a través de este tipo de sucedáneos.

    Sucedáneos en forma y sucedáneos en público diana

    Antes de continuar es preciso hacer algunas aclaraciones al respecto de los distintos productos que nos podemos encontrar en el mercado como sucedáneos de algún tipo de bebida verdaderamente alcohólica.

    Por un lado, estarían aquellas bebidas que, sin mayores rodeos, se nos presentan como una versión sin alcohol de otros productos típicamente alcohólicos. Este sería el caso, por ejemplo, de ArKay, la empresa estadounidense que comercializa “bebidas sin alcohol con sabores a whisky, ron, tequila, vodka, brandy…”.

    Esta categoría engloba también otras marcas, más en nuestro entorno, que comercializan licores bebidas sin alcohol con buena parte de la apariencia de las bebidas alcohólicas, producidas por empresas tradicionalmente ligadas a la fabricación y distribución de bebidas alcohólicas (ver los enlaces anteriores). En estos casos estaríamos ante productos que, en principio, no se destinan a un público infantil y que de ninguna forma -ni en su publicidad ni en su envase- proyectan mensajes dirigidos a este tipo de público.

    Por otra parte, están esos otros productos que sí se dirigen directamente a los más pequeños. Sería el caso, por ejemplo, del más conocido de ellos, el Champín, una bebida que en su comercialización se envasa en botellas de parecido formato y cierre (tapón de corcho o similar) a las de champaña o cava, pero con una iconografía claramente infantil. Es más: tal es su parecido, que el fabricante (Espadafor) advierte con mayúsculas en la descripción del producto que éste es sin alcohol y destinado a los más pequeños, a saber:

    Bebida espumosa refrescante SIN ALCOHOL para las fiestas infantiles, con un delicioso sabor a frutas del bosque. Presentada en una colorida botella lista para descorchar y brindar. Sin gluten.

    Abundando en detalles, merece atención el hecho de que este mismo fabricante también comercializa sucedáneos de bebidas originalmente alcohólicas pero sin alcohol, cuestión que se enmarcaría en el primer caso de los citados (como Rives o González Byass), al contar en su catálogo, por ejemplo, con Whissin (“Bebida refrescante sin alcohol elaborada a base de maíz y malta de cebada macerados. Saborea con los cinco sentidos la bebida sin alcohol con sabor a whisky”) o Frutaysol (“Aperitivos sin alcohol y sin azúcares añadidos (excepto Chirimoya), ideales para consumir antes o después de las comidas, con hielo o muy fríos en vaso corto. Seis sabores que te fascinarán”).

    Sobre las bebidas destinadas directamente a los niños

    Centrando la cuestión sobre el segundo de los casos, y tal y como decía más allá de las cuestiones nutricionales, subyace sobre estos productos una especie de perversión solapada al respecto de promover en los más pequeños un futuro consumo de bebidas alcohólicas… una especie de “ya que no puedes tomar alcohol y para que tus hábitos sean lo más parecidos a los nuestros (los de los adultos que sí tomamos alcohol), aquí tienes este producto a modo de camino iniciático con el fin de que cuando seas mayor celebres (lo que sea) con las genuinas bebidas alcohólicas”.

    Reconozco que puede parecer retorcido, pero en mi descargo diré que no soy el único en pensar así. Me refiero, por ejemplo, a que en su día La Federación de Asociaciones de Consumidores y Usuarios de Andalucía (FACUA) denunció a la empresa granadina Industrias Espadafor ante el Instituto Nacional del Consumo del Ministerio de Sanidad y Consumo y la Dirección General de Administración Local de la Consejería de Gobernación de la Junta de Andalucía, entre otros organismos, por la publicidad y distribución de la bebida para niños Champín. En su opinión (la misma que un servidor trata de hacer llegar),

    este producto [Champín] contribuye a fomentar el consumo de alcohol entre los pequeños, ya que los niños pueden asociar el consumo no perjudicial de esta bebida sin alcohol al de champán, llevados por la similitud del formato de los envases y de la propia denominación. Además, este tipo de productos y su publicidad se convierten en una forma de iniciar a los menores en el consumo de alcohol y de relacionar éste con la diversión.

    En esta misma línea de intervención, la misma asociación de consumidores denunció la poca idoneidad de Pinky (otro producto con aspecto de cava, sin alcohol y netamente dirigido al público infantil comercializado por Perelada Comercial). Con sinceridad, no he sido capaz de encontrar el resultado de estas denuncias, y eso que se remontan a hace más de 15 años, pero habida cuenta de nuestra realidad (que los productos siguen en el mercado, prácticamente tal cual) no parece que las denuncias hayan tenido una especial buena acogida entre las autoridades.

    Nutricion-Hijos-y-cerveza2Es más, en este periodo de tiempo hemos asistido a la aparición de otros productos similares dentro y fuera de nuestras fronteras, y al parecer con notable éxito. Por ejemplo, y aunque las reacciones también fueron encontradas, sendas empresas de Japón han comercializado bebidas de aspecto similar al de la cerveza y dirigidas al público infantil (Sangaria y Kidsbeer cuyo anuncio puedes ver en este enlace), que además contaron con elocuentes eslóganes del estilo “tampoco los niños pueden soportar la vida si no beben un trago”, y que no pasaron inadvertidos a las críticas.

    Disney tampoco se ha quedado atrás. Viendo en el público objetivo de su empresa (los niños y adolescentes) un público especialmente receptivo a este tipo de bebidas “de celebración”, la compañía lanzó al mercado Partyfizz generando no poca polémica, en especial en Escocia, donde la comercialización de este producto se consideró una forma de corromper a la juventud y de alentarla al consumo alcohólico.  

    En resumen, la polémica está servida. Si bien la comercialización de cigarrillos de chocolate dirigidos al público menor de edad está textualmente prohibida, la de este tipo de productos que remedan de alguna forma -por su apariencia, presentación, etc.- a las bebidas alcohólicas parece que no lo está. Algo que es curioso, ya que en el caso de los cigarrillos tampoco nadie decía que contuvieran tabaco: simplemente se prohibieron porque, según la norma (artículo 3),

    Se prohíbe vender o entregar a personas menores de dieciocho años productos del tabaco, así como cualquier otro producto que le imite e induzca a fumar. En particular, se prohíbe la venta de dulces, refrigerios, juguetes y otros objetos que tengan forma de productos del tabaco y puedan resultar atractivos para los menores. Igualmente, se prohíbe la venta de tabaco por personas menores de dieciocho años.

    Así pues, corresponde a cada padre, madre o en general cuidador establecer el riesgo que se asume cuando se ponen a disposición de los más pequeños este tipo de productos, que a todas luces imitan o sustituyen el consumo de bebidas alcohólicas.

    Sobre la cerveza “sin” alcohol

    En cuanto a si el hijo de 8 años (o los que sean) puede probar la cerveza “sin” alcohol o no, habría que hacer antes una serie de consideraciones.

    Para empezar, no estaría de más recordar que, en realidad, la normativa referente a la cerveza permite comercializar como “sin alcohol” aquellas cervezas que posean menos de un grado de alcohol. Es decir, pueden tener 0,9º y por tanto no se puede garantizar que sean verdaderamente “sin”.

    Más allá de éstas, y aunque nadie puede asegurar nada desde el punto legal, las cervezas que argumentan ser “0,0” -una terminología no recogida en la legislación- pueden llegar a tener un máximo de 0,1 grados alcohólicos.

    En definitiva, mi opinión y mi consejo es que con este tipo de productos pocos “juegos”. Pienso también que deberían adoptarse medidas similares a lo acontecido con la ley antitabaco, todo ello con el fin de minimizar el riesgo de inducción a la bebida.

    Como si no hubiera suficientes dudas sobre la mesa, me despido con una aún mayor. En algunos estudios se ha puesto de relieve que ser permisivo con los niños a la hora de permitirles probar pequeños sorbos de bebidas alcohólicas propicia un mayor riesgo en la adolescencia de conductas negativas relacionadas con el alcohol. Sin embargo, otras publicaciones aseguran que los jóvenes que prueban el alcohol en un entorno controlado (por ejemplo con los padres) tienen menos problemas con el alcohol que aquellos que se inician en el consumo de bebidas alcohólicas fuera del entorno familiar.

    Posiblemente la respuesta se halle en la correcta educación y en el diálogo proactivo con nuestros hijos. Elementos, por cierto, en franco retroceso. Aunque ésa sea otra historia.

    ¡Compártelo si te ha gustado!

     

    Como-vencer-el-desamor

    Más artículos de Juan Revenga

    Go to top