Arguiñano, Oliver, De Jorge y más: cocineros invitados en nuestros comedores

    Arguiñano, Oliver, De Jorge y más: cocineros invitados en nuestros comedores Fotografía cortesía de David de Jorge

    Los programas de cocina han dado un aldabonazo en las parrillas televisivas de nuestro país. Tanto a partir del formato “programa-receta” como a partir del más puro estilo reality show, estos espacios se han colado de rondón en los salones de nuestras casas, y lo hacen precisamente en el momento en que los españoles dedicamos menos tiempo a la cocina de toda la vida.

    ¿Aportan realmente algún valor este tipo de programas? ¿Cuál es su historia en España? ¿Qué se espera que suceda con ellos en el futuro? Este artículo aporta algunos datos y reflexiones  sobre la cuestión.

    Arguiñano, Oliver, De Jorge y más: cocineros invitados en nuestros comedores

    Juan-Revenga-Colaborador-InvitadoCon aquellos ingredientes se preparó la actual receta

    La historia de la cocina televisiva tiene un largo recorrido, al menos en países de origen anglosajón. Diez años antes de que TVE hiciera sus primeras emisiones regulares, la BBC británica ya contaba con espacios de cocina asentados en su programación en los que se mostraba la realización de las más variadas recetas.

    Diez años antes, no es tontería. Es más, hay quien dice que este “género” es tan viejo como la propia televisión, ya que, en cierta medida, lo que se hizo en sus orígenes fue adaptar al del nuevo medio un tipo de contenidos que ya existía en la radio. Al principio y durante mucho tiempo, el formato clásico de programa-de-recetas era el único existente, y no hay la menor duda de que triunfaba en aquellas cadenas de televisión que lo incluían.

    A pesar de ello, en España este tipo de espacios no encontraron, al parecer, su sitio hasta la década de los 80, de la mano del famoso (en especial por ser el primero) “Con las manos en la masa” (no confundir con “Con las manos en la mesa” –es broma-). En honor a la justicia, hay que reconocer que éste no fue el primer programa de cocina de la parrilla televisiva de TVE, ya que, a mediados de los años sesenta, de forma tímida a la par que fugaz, los televidentes de la época pudieron ser testigos de un programa de cocina… pero sin cocina.

    Se trataba de “Vamos a la mesa” (recuerda, los niños ya tenían su “Vamos a la cama”), que apenas duró un año en antena… y no es de extrañar; era un programa de cocina en el que el contenido y desarrollo de las recetas se explicaba con dibujos (puedes ver una de las escasas imágenes que se conservan de este programa en este enlace a partir del minuto 9).

    Nutricion-Programas-de-cocinaHubo que esperar, como decía, hasta la década de los 80 para que los españoles pudiéramos disfrutar de un programa de cocina con cocina de verdad de la mano de “La Santonja”, que tan popular se hizo gracias a este espacio, pero también en gran medida gracias a los invitados que llevaba en cada capítulo para que cocinaran con ella y presentaran sus recetas. El caso es que en realidad la cocina se presentaba como eje central de los contenidos, pero en mi opinión la parte de la entrevista con el invitado se apoderaba del formato y terminaba eclipsando la propia receta que, de esta forma, aunque presente, pasaba a un segundo plano.

    De esta forma, y de nuevo en mi opinión, no fue hasta la llegada de Karlos Arguiñano a los platós de televisión que en España no pudimos disfrutar de un verdadero programa de cocina con todas las de la ley, en el que, además de recetas, se prestaba (y se presta) especial atención a los procesos, características de los ingredientes, preparación de menús más o menos equilibrados, de temporada, etcétera.

    A partir de Arguiñano, el avión de la cocina televisiva ha ido tomando altura hasta alcanzar cotas estratosféricas desde las que, vaticino, sólo queda caer. Así, superada aunque no abandonada ni mucho menos esta primera etapa de los programas-receta, la faceta más culinaria de la televisión se ha visto ¿enriquecida? con los concursos y los reality show, de forma que, aunque nos empeñemos en decir que sí, ya de cocina les queda poco.

    El programa-receta: de Arguiñano a De Jorge pasando por Oliver

    Aunque con nuevos formatos frente a los que competir, la cocina en televisión sigue dándole un amplio margen de visibilidad a los espacios clásicos en los que un cocinero determinado muestra la realización de recetas diversas.

    Nutricion-Karlos2De hecho, hemos de reconocer que, en los últimos años, éste también ha sigo un segmento que ha crecido de manera importante en nuestro entorno. Su clave, no me cabe la menor duda, radica en la presencia de dos ingredientes bien maridados: un cocinero que tenga las habilidades de un “depredador mediático” y, al mismo tiempo, un recetario suficientemente sencillo para que su realización sea asequible para los espectadores (o, al menos, en su imaginación), pero sin caer al mismo tiempo en lo simplón.


    Así pues, en este sentido no cabe sino agachar la cabeza y reconocer que Karlos Arguiñano (te guste más o menos) ha sabido trabar, hornear y servir los ingredientes anteriores de manera sublime, como si de una untuosa, a la par que ligera, sabrosa bechamel se tratara.

    Yo, lo reconozco, tengo una especial debilidad por él. Soy de aquellos a los que Arguiñano les hace gracia, así que ya tiene una buena parte del necesario terreno ganado conmigo. Pero es que, además, lo que me gusta de él -como nutricionista que soy- es que hace una cocina asequible en la que destaca una especial preocupación por aquello que se denomina “equilibrio dietético”. Aúna el concepto de crisis económica con el de sofisticación… algo nada sencillo; y lo hace con gracia.

    Buena muestra de lo que te digo, más allá de sus programas como tal, son los libros que publica: “Recetas ricas, recetas sanas”, y más recientemente “En familia con Karlos Arguiñano”, que, sinceramente, tiene una pinta estupenda. “Es más importante ir al mercado que al fútbol”, dijo en la presentación de su libro… Qué razón tiene y cómo me gusta.

    David-de-Jorge1Más recientemente se ha incorporado a mi equipo de cocineros preferidos David de Jorge, un “cachalote de los fogones”, como le gustaba denominarse ya en sus orígenes. Hay que reconocer que David tenía un problema más que serio con su propio peso. Sea como fuere, de él me encanta su gusto a la hora de reunir ingredientes y los matices, un tanto afrancesados, de su cocina. Podrá ser lo que sea, pero hablar de cocina francesa es hablar de contundencia y poderío a la par que de delicadeza… Sé que suena raro, pero así es.

    Su personalidad, arrolladora, reconozco que no es para todos los gustos; hay quien lo considera “zafio”, pero creo que juzga mal -siendo posible que su famosa sección de “guarrindongadas” influya en esta perspectiva-. He de confesar que no lo he visto trabajar en su nueva casa, Telecinco; lo veía cuando estaba en la televisión autonómica vasca, y me gustaba especialmente el carácter intimista aportado por una cocina montada en el estudio-buhardilla del propio David (si mal no recuerdo). Su recetario, al menos entonces, era diferente del de Karlos: había más sofisticación, repartiendo contenidos entre la pura y dura gastronomía y la, llamémosle, idoneidad dietética.

    Nutricion-Jamie-Oliver-Flickr---Scandic-HotelsPor último, en mi dream team particular está Jamie Oliver, un cocinero del Reino Unido que tiene conquistados mis retinas y estómago en virtud de su activismo en pro de la comida de verdad, en pro de que los niños tengan un acceso a una comida digna en los comedores escolares y en pro de cantarle las verdades del barquero a una industria alimentaria más preocupada por aumentar su balance de cuentas que por la salud de los consumidores.

    En el plano más culinario, Jamie Oliver destaca por ofrecer, al mismo tiempo, desde la receta más elaborada a la cosa más sencilla, con pequeños trucos que hacen grande a un plato humilde y detalles por el estilo. Británico como es, muchas de sus propuestas están influidas por la época colonial del Imperio Británico, y no faltan por tanto curris, chutneys y especias más o menos exóticas.

    Su último programa de cocina, “Comfort food”, aún en antena, destaca por una estética muy cuidada, diferente en gran medida a lo que conocíamos hasta ahora en este tipo de espacios. No hay, por tanto, atractivos platós con cocinas y menajes relucientes; más al contrario, se le ha dotado de una estética cuidadamente desaliñada, con procesos culinarios que se llevan a cabo en lo que puede parecer el patio trasero de lo que, supongo, será su casa… Cazuelas y menaje que parecen sacados más bien de un rastrillo... En resumen, una estética muy folk, indie y cercana.

    Sé que hay muchos otros cocineros mediáticos, pero, por lo que, sea no terminan de engancharme como lo hacen los anteriores.

    ¿Sirven para algo los programas de cocina?

    En la actualidad, cada vez se dedica menos tiempo a cocinar, y también cada vez menos personas son capaces de enfrentarse a unos fogones sin que se les desate una crisis de pánico. Se cocina menos y, sin embargo, pasamos más horas pegados al televisor viendo como un profesional de la cocina (y de la comunicación) nos prepara suculentos platos.

    Es posible que esta tendencia esté relacionada con el nacimiento de una de las tribus sociales recientemente bautizadas, los llamados foodies. Resulta llamativo que, al mismo tiempo que el ser foodie se esté poniendo de moda, el promedio de tiempo y dedicación que se brinda a la cocina en los hogares españoles haya descendido estrepitosamente. Es decir, nos desenvolvemos en la cocina mucho peor de lo que lo hacía la generación anterior, le dedicamos menos tiempo, comemos más veces fuera de casa y, en resumen, cocinamos menos y peor. Y todo ello a pesar de la presencia de tanto programa de cocina que hace furor… Imagínate sin ellos.

    La explicación, quizá, la encontremos en cómo nos enfrentamos a estos programas. Conozco muy poca gente que lo haga para aprender o “pillar” recetas; más bien se sientan delante del televisor para ver un espectáculo aderezado mitad con la gracia del cocinero en cuestión, y la otra mitad con el efecto hipnótico que tiene el ver a cualquiera realizando una manualidad. Pero, además, se trata de una manualidad realizada con alimentos, una cuestión que no es tontería; parece que no nos podemos sustraer al tirón atávico o al embrujo que tienen todas las cuestiones alimentarias.

    Sin lugar a dudas, asistimos a un boom importante de este tipo de programas, pero su impacto se debe más al espectáculo que ofrece -que por la causa que sea nos cautiva- que a un verdadero interés por las cuestiones culinarias. En este sentido, la opinión de Carmen Ferreiro, directora de programas de entretenimiento del grupo Atresmedia, es bastante clara: “Lo difícil es saber cuánto durará la moda de la cocina en la pequeña pantalla en un país donde nos cansamos antes de los géneros y no se acepta que compitan formatos parecidos […] La televisión funciona por tendencias mundiales con ciclos de tres o cuatro años. Y ahora llega a España el de la gastronomía. Pero si hay más programas, probablemente se acortará más el ciclo”, vaticina.

    Sea como fuere y en aras de la salud (y del disfrute), te sugiero que reflexiones sobre esta posibilidad: 

    Si a día de hoy se oye más chup-chup y ruido de cacerolas en el salón de tu casa que en tu cocina, es que a lo mejor necesitas ver menos la tele y acercarte más a los fogones.

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