Test genéticos como herramienta en nutrición y salud: ¿Son útiles en la actualidad?

    Test genéticos como herramienta en nutrición y salud: ¿Son útiles en la actualidad? © Depositphotos.com/SergeyNivens

    Los test genéticos “al alcance de todo el mundo” se comercializan desde hace unos pocos años con el pretendido fin de aportar soluciones diagnósticas ante diversas situaciones patológicas comunes (de las concretas o especiales no trata este artículo).

    Su utilidad es cuestionada a menudo, en contraposición a la infinidad de ventajas que promulgan quienes los comercializan (profesionales sanitarios, laboratorios, clínicas privadas, farmacias, etcétera).

    Con este artículo pretendo dar respuestas cabales a estas cuestiones, y dirigirlas a la población general.

    Test genéticos como herramienta en nutrición y salud: ¿Son útiles en la actualidad?

    Juan-Revenga-Colaborador-InvitadoLos antecedentes históricos

    Ante de meternos en las harinas del genoma, déjame que te haga un breve planteamiento histórico de los test genéticos aplicados a la nutrición.

    Un servidor comenzó sus estudios de Biología en 1987; en aquel entonces, parecía que la mía sería la carrera del futuro.

    Una serie de descubrimientos revolucionarios hacía pensar en un porvenir inmediato muy diferente al que vivíamos entonces.

    La implementación de novedosas técnicas de laboratorio (como la denominada ELISA); las últimas técnicas de biología molecular de aquel entonces (como la de la PCR); las posibilidades de manipulación del material genético de algunos seres vivos con fines comerciales y terapéuticos (clonación, fecundación in vitro, transgenetización, trasplantes, técnicas forenses…)...

    Todos estos avances (trasladables a la práctica de forma palpable casi con absoluta inmediatez) abrían de par en par las puertas de un mundo desconocido, pero muy alentador.

    La guinda en la tarta de ese tan halagüeño futuro profesional y de tanta proyección de la biología como ciencia al servicio de la sociedad estaba en el Proyecto Genoma Humano.

    Nacido a principios del año 1990, este proyecto tenía como finalidad identificar y traducir los aproximadamente cerca de 22.000 genes presentes en el genoma humano.

    Así, por motivos evidentes, una cantidad importante de esperanzas fueron depositadas en este proyecto: si se llegaba a conocer e interpretar el “manual de instrucciones” del ser humano (incluidas sus amplias variaciones) se podría, en principio, intervenir de dos formas concretas: por un lado, se podría “toquetear” dichas instrucciones (genes) para cambiar las “defectuosas”, evitando que desencadenaran algún tipo de enfermedad congénita; por otra parte, se podría aportar a cada individuo una pauta de vida acorde con sus necesidades concretas y de acuerdo con su genoma o “manual de instrucciones”.

    El nacimiento de los test

    Nutricion-Test-geneticos-2El proyecto acabó con éxito a principios del presente siglo y, así, en 2003 se presentaron los resultados finales. En ellos, por cierto, España y sus centros de investigación desempeñaron un destacado papel en el panorama internacional.

    A partir de aquel momento se pudieron contrastar dos reacciones bien distintas y que actualmente perduran (“de aquellos barros estos lodos”, se podría resumir).

    En primer lugar se constató, una vez más, ese viejo aforismo (apócrifo en principio) que reza que, cuanto más se sabe, más patente se hace lo que queda por saber. Resultó que el conocimiento de ese código genético apuntó a, si cabe, más preguntas e incertidumbres que a certezas entre la comunidad científica “seria”. Las cosas no eran tan fáciles como se habían previsto y anunciado. No quiero insinuar que los datos del Proyecto Genoma Humano fueran tomados por triviales o que no tuvieran utilidad. Lo que digo es que, tras su descodificación, se puso de relieve que las cosas no eran tan sencillas.

    En segundo lugar, como decía, tanta expectativa y tanta esperanza generada en torno al conocimiento del genoma humano, en especial entre la opinión popular, dio pie, tristemente, a lo de siempre: las poco aconsejables acciones de determinadas personas que, con pequeños escrúpulos y grandes intereses en “hacer caja”, lanzaron las campanas al vuelo, afirmando que ya tenían las herramientas para desentrañar “las claves genéticas” de cada persona.

    Esas claves genéticas podían servir –aseguraban- para decirle a cada persona qué debería comer o evitar para mejorar su salud tras el correspondiente análisis o test genético.

    Sin embargo, y apelando a la primera de las consecuencias mencionadas, la evidencia científica nos dice que las cosas no son “tan así”. Al menos de momento, y a pesar que, día a día, se realizan interesantes avances en este sentido. Al tiempo que se profundizaba en el conocimiento del genoma humano, las investigaciones realizadas abrían la puerta a nuevas ramas de la genética, entre ellas una de las más conocidas a nivel popular: la epigenética.

    Con ella en consideración ya no bastaba saber que se tiene una determinada variante genética u otra (polimorfismo), sino que, al mismo tiempo, se ha de tener en cuenta que nuestros genes se expresan o no en función de la actividad de otros genes que, a su vez (o de forma directa, sin pasar por otros intermediarios), ven afectada su expresión por diversos condicionantes, entre ellos los ambientales. Y, cómo no, una parte del ambiente está formada por lo que comemos o dejamos de comer.

    La realidad de los test genéticos

    Así pues, podríamos responder la pregunta del millón: ¿Son verdaderamente útiles los test genéticos para indicarnos uno u otro sistema dietético con el fin de mejorar la salud individual?

    La respuesta es un lacónico “de momento no”, o, todo lo más, un “a medias”.

    Antes de preocuparnos por esta tecnológica posibilidad (aun en mantillas) hay muchos elementos de intervención nutricional eficaces que, con poco género de dudas, podemos poner en marcha con un coste y un “intervencionismo” mucho menor, es decir, con un ratio coste/beneficio infinitamente más provechoso que el correspondiente al de hacerse un test genético con esta finalidad. Para que me entiendas, te diré con un ejemplo gráfico que algunos reconocidos expertos en la materia han afirmado que “la utilidad de estos análisis genéticos es comparable a la de tratar de comprender el significado de un libro leyendo sólo la primera palabra de cada página”.

    En sentido metafórico, no es precisamente estar en la casilla de salida al respecto de desentrañar estas cuestiones “nutrigenéticas”, pero desde luego tampoco significa, ni mucho menos, haber resuelto el problema o haber dado con la clave infalible que muchos anuncian ya.

    Si estás preguntándote por las pruebas de lo que afirmo, tengo dos (y sin la necesidad de recurrir a sesudos y, en ocasiones, tediosos estudios científicos):

    Por un lado, está la crónica periodística de un “experimento” en el que, en Estados Unidos y en 2014, se solicitaron tres test genéticos de distintos fabricantes (los más populares). Lo más curioso es que los resultados de dichos test ofrecieron una variabilidad importante (si quieres más detalles puedes consultar el análisis de dicho experimento en este enlace).

    Por otra parte, contamos con la opinión del que, con pocas dudas, puede considerarse el mayor experto en las cuestiones de nutrigenética y nutrigenómica a nivel mundial, el Dr. José María Ordovás, quien, en esta entrevista facilitada a La Vanguardia recientemente, respondía de la siguiente manera a la “pregunta caliente”:

    Pregunta: ¿Y esos test genéticos son fiables hoy?

    Respuesta: Hay una gran variedad. Hay algunos construidos sobre bases (tanto por número de genes analizados como por la solidez de la información) que no llegan a ser muy fiables; otros se lo toman con más calma pero con mayor integridad, y se plantean ir produciendo generaciones de test fiables con los conocimientos que se tengan en cada momento. Una buena guía es elegir el que apuesta por el sentido común en lo que ofrece; los que no se sustentan son aquellos test genéticos que, basados en uno, dos, tres genes, ya dicen “usted tiene tal riesgo de enfermedad, no puede comer de esto ni esto y cada mes le vamos a recetar estas píldoras”. Y, además, sin médico de por medio, o todo por Internet. Yo eso no lo recomiendo: es un gasto inútil y un peligro, tanto en términos de falsa seguridad como de los riesgos o los remedios que ofrecen. Pero los test basados en lo último de la ciencia, administrados por profesionales de la salud y que se apoyan en diferentes gamas del sentido común […] pueden ayudar a mejorar la salud de una persona. También por su valor psicológico, porque, al individuo, un test genético le infunde un sentimiento de “ésta es mi solución”. Pero, insisto, siempre hay que ser prudentes.

    La muy aconsejable alternativa

    Navegando en las declaraciones de este experto, he encontrado otra entrevista de 2013 en la que afirmaba:

    Pregunta: A la espera de la nutrición personalizada [dando a entender que ese concepto aún está lejano], ¿hay alguna pauta genérica que sirva como base para nuestra alimentación?

    Respuesta: Seguir la dieta mediterránea, con su gran variedad de productos, y a la cabeza su aceite de oliva, en concreto el virgen, que es el que contiene todos los componentes saludables que hemos encontrado. Esta dieta le va bien a todo el mundo: a unos mucho mejor que a otros, pero a todos bien. Ahora a los alimentos les exigimos que nos hagan más listos, más guapos, más altos… Les estamos pidiendo más de lo que en realidad están preparados para hacer, que es mantenernos sanos.

    […] Si practicas unos hábitos de vida saludables, aunque tu carga genética te predisponga a la obesidad o a la diabetes, consigues planchar las arrugas que tienes en tu genoma, de manera que ya no aparecen. Si empiezas por buen camino y lo sigues, puedes cancelar todo ese riesgo añadido. Pero al nacer no venimos con el libro de instrucciones, y no sabemos qué gasolina nos tenemos que poner. Si echas la mejor gasolina, vas bien independientemente de tu genoma; sin embargo, si a un motor que está un poco cascado le añades combustible de mala calidad, no te va a durar mucho. Lo mismo ocurre con nosotros.

    Conclusiones

    Nutricion-Test-geneticos3Así pues, mientras las cosas no estén más claras y a pesar de las maravillas que a buen seguro vas a escuchar de boca de los promotores de estos test, mi recomendación es que, en aras de esa mejor relación coste/beneficio, te dediques a poner esa “mejor gasolina” que hoy conocemos y que es idónea precisamente porque vale para todos los motores (genomas).

    Con soluciones tan cercanas y de beneficios tan contrastados en la población general, creo que no merece la pena, de momento, “cogérsela con el genético papel de fumar”.

    Hay muchas cosas que hacer antes que recurrir a estos test, al menos de momento, y siempre y cuando no exista alguna patología de la que, a día de hoy y de forma inequívoca, conozcamos tanto su etiología genética y su inapelable relación con lo que se come (ejemplos: fenilcetonuria, galactosemia, enfermedad de Refsum, hiperlipemias hereditarias, etcétera). Además de la consabida dieta mediterránea cuyo concepto también ofrece ciertas discrepancias en el mundo académico y que, por tanto, daría para un artículo aparte (o más), déjame que te ofrezca, desde mi experiencia y conocimiento, tres consejos difíciles de malinterpretar con el fin de mejorar tu salud a través de los alimentos (y sin conocer tu particular carga genética):

    1.- Come más alimentos vegetales.

    2.- Come menos alimentos procesados.

    3.- Acércate más a los fogones, es decir, trata de cocinar tú, en la medida de tus posibilidades, lo que comes (o sea, lo que se llama “cocinar de verdad”).

    Por Juan Revenga (@juan_revenga; Facebook) para El Portal del Hombre

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