Tener pareja implica muchas cosas buenas. Inevitablemente, también conlleva conflictos.

Desde la gestión de la vida cotidiana a las visitas a las familias políticas, pasando por los diferentes caracteres que tiene cada uno, tener pareja es casi como desarrollar un oficio extra (sobre todo cuando llegan los hijos, cuya presencia puede precipitar roces intensos en parejas que no estaban demasiado compenetradas).

¿Por qué somos como somos? Ésta es una de las eternas preguntas que la Psicología se empeña en responder. ¿Genes, ambiente social, crianza, opción propia? Como casi siempre, la interacción de múltiples factores es la respuesta más acertada, a la vez que compleja y rica.

En concreto, la Teoría del Apego formulada por el psicólogo John Bowlby nos explica qué relación tiene nuestra personalidad con el tipo de vínculo creado en la primera infancia con nuestra principal figura de apego: generalmente, nuestra madre.

¿Estás soltero? ¿Buscas pareja? Tal vez tengas la sensación de que, cuanto más buscas, menos encuentras.

Es muy común, y tiene sentido que sea así, pues en ocasiones los hombres (y también las mujeres), cuando desean buscar pareja y no la encuentran, entran en un bucle de frustración y miedo a quedarse solos…

Así, ese deseo inicial va convirtiéndose en una necesidad casi desesperada, llevándoles a actuar de una forma que, en lugar de atraer, puede alejar al sexo opuesto.

Los meses de julio y agosto son, para la mayoría de los mortales, sinónimos de vacaciones, playa, desconexión y descanso.

Éste es un tiempo necesario para la recuperación del estrés acumulado durante el resto del año, una desconexión fundamental que nos ayuda a “reiniciar” la mente para poder retomar las obligaciones en septiembre.

Las rutinas habituales se interrumpen y tenemos más tiempo para nosotros y para hacer actividades familiares y en pareja.

De hecho, como veremos a continuación, las vacaciones son el tiempo de la pareja.

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