Los celos: de dónde vienen y cómo afrontarlos

    Los celos: de dónde vienen y cómo afrontarlos © Depositphotos.com/Wavebreakmedia

    Los celos son una de las lacras de la vida de pareja.

    Muchas veces se argumentan con la falsa creencia de que los celos son muestra de amor hacia el otro.

    Sin embargo, los celos son uno de los principales problemas de las relaciones hoy en día.

    Este mito del “amor celoso” entra en conflicto cuando se interponen sentimientos de desconfianza, inseguridad o dependencia.

    Los celos: de dónde vienen y cómo afrontarlos

    Existen diversos tipos de celos. O, para ser más concretos, diversos orígenes de este problema, distintos inicios de este sentimiento debido a aspectos concretos.

    Aunque la consecuencia suele ser similar (el temor o la creencia de que la pareja se siente atraída por otra persona), las causas pueden ser dispares.

    El celoso posesivo

    Este primer caso se presenta en personas que creen que su pareja es de su propiedad.

    “Es mío” o “es mía” es la típica idea que tienen como base de la relación, por lo que opinan que el otro miembro debe obedecerle, ya que lo contrario sería una muestra de poco respeto.

    La dificultad de este tipo de celos es que se basan en creencias muy profundas de la persona, la cual seguramente no creerá que piensa de manera irracional.

    Es esencial entender que las personas somos, ante todo, libres y no propiedades de otros, y que el respeto no tiene que ver con la ropa que se lleva puesta o con las amistades que se tienen, sino con tratar al otro como a un individuo igual que tú.

    El celoso dependiente

    En relación al concepto de pertenencia, la dependencia también es un factor clave en los celos. Sentir que uno se moriría sin el otro y el hecho de necesitarle para vivir son ideas características de este tipo.

    Para deshacerte de esta dependencia, es importante que te plantees la siguiente pregunta: ¿Qué significa no poder vivir sin el otro?  

    Muchas veces se tiende a expresar de esta manera, derivando toda nuestra existencia del otro miembro de la pareja, creando una excesiva presión sobre la relación.

    Acuérdate de tu vida antes de conocer a tu pareja, y recuerda que tienes muchas otras cosas y que la “necesidad” es un concepto demasiado amplio.

    El celoso inseguro

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    Podríamos hablar, en este caso, de una persona con baja autoestima que no se considera al nivel de su pareja, que no está a su altura.

    Es más, se pregunta cómo es posible que esté con ella y teme constantemente que el otro miembro encuentre a otra persona “mejor”.

    Estas personas suelen estar al tanto de cualquier relación que tenga su pareja con otra persona, ya sea un amigo o un compañero de trabajo.

    Por tanto, lo primero es no boicotear estas relaciones mostrando desconfianza y dañando la relación de pareja. Lo más probable es que la reacción sea un enfado entre vosotros que no hará más que darle razón a tu creencia irracional.

    Pero también es necesario un cambio en tu opinión acerca de ti mismo.

    Hay muchas cosas positivas en ti que no eres capaz de apreciar, pero que hay que sacar a relucir. Tu pareja no es tonta, y seguramente esté contigo por muchas y muy buenas razones.

    No asumas que cambiar de pareja es tan fácil y que el amor es tan volátil. Si te quiere y está contigo, será por algo.

    El celoso desconfiado

    La característica principal de este tipo de celos es la suspicacia, la desconfianza hacia todas las personas en general.

    Los celosos desconfiados creen que no hay que fiarse de los demás, ya que siempre tienen malas intenciones. Son típicos los pensamientos de “todos los hombres van a por lo mismo” o “cualquier signo de buena relación entre dos personas es síntoma de deseo”.

    Hay que saber distinguir muy bien una relación cordial y una relación íntima, ya que en muchas ocasiones estas personas no conocen la diferencia.

    Subyace la idea de que dos personas de distinto sexo no pueden ser amigos, ya que siempre habrá un interés mayor. Esta creencia irracional debe ser erradicada.

    Como se puede ver, la clave reside en ser más flexibles a la hora de pensar en el otro y en la relación que tenéis juntos. Tratar de controlar o vigilar al otro sólo añade negatividad a la pareja, con lo que se arraigan los celos y se consume la relación.

    Si te sientes identificado con algún tipo de celos, hazte un favor a ti y a tu pareja y acude a un psicólogo para que pueda ayudarte a superarlo.

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    ¡Compartir es vivir!

     

     

     

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