Desde que he ascendido, mi relación de pareja va mejor

    Desde que he ascendido, mi relación de pareja va mejor © Depositphotos.com/Wavebreakmedia

    El éxito personal tiene un curioso papel revitalizador de la pareja. Según la RAE, admirar  supone “tener en singular estimación a alguien o algo, juzgándolos sobresalientes y extraordinarios”.

     

    Desde que he ascendido, mi relación de pareja va mejor

    El mundo de las relaciones de pareja también es muy sensible a la admiración. Esa “singular estimación” que eleva al amado por encima de los demás nace en buena medida de ese juicio “sobresaliente y extraordinario” que hacemos de él.

    Todos los que vieron la final del mundial de fútbol de Brasil que disputaron en Maracaná Argentina y Alemania pudieron comprobar a lo que me refiero si observaron las caras de las novias de los futbolistas vencedores, que saltaban al campo a felicitar a sus parejas llenas de orgullo y admiración.

    ¿Y los que no somos futbolistas?

    La admiración es un “superalimento” para las relaciones. Y no te preocupes: los que no somos futbolistas también tenemos nuestras opciones, pues afortunadamente ésta se puede despertar de muchas maneras.

    La admiración depende, en gran medida, de los ojos con los que el otro nos mira. Podemos tener cualidades personales admirables que sean invisibles para unas personas, pero que tengan un magnetismo muy poderoso para otras.

    Sin duda, una de las características susceptibles de provocar admiración en las que antes nos fijamos es la parte física y actitudinal.

    Esto es fácil de entender, pues la apariencia es lo primero que vemos en la otra persona.

    El otro día un paciente me reveló cómo había tenido su primer gatillazo al quedar deslumbrado por el atractivo de su amante, en este caso otro hombre. Nunca en la vida hubiese pensado que un chico tan guapo se fijaría en él.

    En su caso, la admiración fue de tal calibre que acabó por bloquearle el propio miedo a no estar a la altura.

    Lo profesional también se admira

    Junto a lo físico, la forma de ser, los intereses personales y el atractivo general que cada uno admire, la parte profesional, a la que dedicamos miles de horas de nuestro tiempo vital, también es un poderoso activador de la admiración.

    “No sé por qué, pero desde que a mi marido le han fichado para ese puesto directivo estoy más enamorada de él, lo valoro más”, me decía una paciente. “Me siento un poco interesada y superficial diciendo esto, pero lo siento así”, se excusaba.

    No hay por qué avergonzarse, porque es un hecho: un ascenso para uno de los cónyuges, siempre que no despierte la envidia en el otro (que también se da), puede ser un potente activador de la relación, tanto a nivel sexual como convivencial.

    En realidad, cualquier acto de superación y de conquista personal nos hace potencialmente admirables a ojos de los demás.

    Las personas que con su esfuerzo sobresalen de situaciones difíciles, las que pelean por sus metas, las se sobreponen con dignidad de los golpes de la vida, las que superan problemas vitales… todas ellas son admirables.

    En definitiva, tal y como se suele decir en psicología humanista: quien más enamora es quien se mejora.

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