¿Eres infiel a tu pareja?

    ¿Eres infiel a tu pareja? © Depositphotos.com/Wavebreakmedia

    Mucho más habituales de lo que podemos creer a priori, los cuernos son algo tan antiguo como el conocido oficio de la prostitución.

    Los líos de faldas son tan propios del ser humano como reprochables desde el punto de vista moral.

    ¿Eres infiel a tu pareja?

    “Mi mujer es como una catedral para mí; las otras son simples capillitas”, me decía Juan, un empresario de 60 años con una aparente vida familiar modélica.

    Él mismo llevaba más de 15 años siéndole infiel a su mujer alguna que otra vez al mes.

    Tenía perfectamente integrado en su cabeza el papel que su mujer y sus amantes desempeñaban en su vida.

    La primera era la madre de sus hijos, una figura familiar intocable: su catedral.

    Las “otras” eran simples pasatiempos con las que de vez en cuando tenía una cita en un hotel o con las que se iba a pasar un par de días entre semana con la excusa de un viaje de negocios.

    También recuerdo a Luis, un pescador de 45 años que llevaba diez años manteniendo una relación paralela con su querida. A ella se la llevaba incluso de vacaciones. 

    Él sí mantenía dos mujeres: la oficial y la extraoficial.

    Pero ¿qué lleva a las personas a ser infieles? ¿Es el ser humano infiel por naturaleza?

    La Ley de Oro de las relaciones

    Metámonoslo en la cabeza: es imposible encontrarlo todo en la misma persona.

    Estamos ante una de las leyes aparentemente más simples pero, en realidad, más importantes que hay que tener en cuenta a la hora de plantearse una relación.

    Muchos buscan sin saberlo al “inencontrable perfecto”, aquella persona que, se supone, deberá llenar todos sus vacíos, gran parte de los cuales son causadas por las fantasías made in Disney. 

    Ello supone una búsqueda condenada de antemano al fracaso, pese a que la fase de enamoramiento haga creer que el príncipe azul  existe de verdad y que hemos tenido la suerte de encontrarlo.

    Como consecuencia de esta ley se deriva el hecho de que mantener una relación estable de pareja implica per se asumir la renuncia a ciertas cosas.

    Llegado este punto es cuando no todas las personas son capaces de asumir los déficits de su pareja y miran más allá.

    El punto de partida para la infidelidad

    Llega un momento en que uno se despierta del sueño y se da cuenta de que el príncipe que creía tener es en realidad un ser humano de carne y hueso como nosotros, alguien que tiene algunos (o muchos) defectos.

    A partir de ese momento la infidelidad dependerá de dos características fundamentales: el nivel de frustración de pareja que se soporta y el nivel de madurez personal de los miembros de la pareja.

    No es lo mismo convivir con alguien  que tiene tres o cuatro defectos que nos molestan que con alguien que los tiene todos.

    Tampoco se trata de convertirse en masoquistas; para eso se inventó el divorcio, para corregir las equivocaciones maritales y poder volver a empezar.

    No obstante, hay quien prefiere tener una vida paralela en lugar de remendar los errores.

    Ello entronca con la segunda característica: una pareja madura y con ciertos valores éticos será consciente de sus problemas y trabajará para solucionarlos.

    Ambos unidos remando en la misma dirección: intentando solucionar los problemas inherentes a cualquier vínculo.  Éstas son las que, a solas o con ayuda de un terapeuta, tratan de atajar lo que las separa.

    Aquellas parejas que no quieran o no puedan arreglar sus asuntos irán acumulándolos, con lo que sin darse cuenta generarán una situación de vulnerabilidad a los cuernos.

    Así que ya sabes, si acumulamos y no solucionamos los problemas de la vida cotidiana abrimos la puerta a enamoramientos alternativos.  

    Como-vencer-el-desamor

    ¡Compártelo si te ha gustado!

     

    Banner-horizontal-articulos-Manuel

     

     

    Go to top