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¿Por qué idealizamos las relaciones de pareja?

    ¿Por qué idealizamos las relaciones de pareja? © Depositphotos.com/Uroszunic

    Hay personas que anhelan el amor más que nada; otras se sienten decepcionadas con él. ¿Qué tiene el amor que nos afecta a todos tanto, para mal o para bien?

    El filósofo español Ortega y Gasset definió el amor como “una especie de imbecilidad transitoria, un estado de angostura mental, de angina psíquica”.

    Cuando estamos enamorados parece que se nos nublan un poco las ideas, y ya no tenemos muy claros nuestros argumentos: las emociones se ponen por encima de lo racional y nos conquistan también el pensamiento. ¡Pero eso no es malo!

    No se trata de controlar las emociones y de intentar evitarlas o disimularlas, sino más bien de aprender a regularlas: manifestarlas en el momento adecuado, con la intensidad justa y llevando sus riendas.

    ¿Por qué idealizamos las relaciones de pareja?

    La pareja es un espacio en el que coinciden muchos terrenos, como el emocional, sexual,  intelectual, familiar…

    Esto a menudo nos lleva a echar sobre las espaldas del otro la supuesta responsabilidad de ser fuente de gratificación de muchos de nuestros deseos.

    Algunas personas, además, buscan de forma inconsciente curar heridas afectivas de su pasado infantil por medio de la relación de pareja.

    Al principio de la relación, influidos biológicamente por una gran cascada de hormonas y neurotransmisores que se desencadena en nuestro cuerpo, distanciamos los pies de la tierra: nos parece que esa persona va a ser capaz de cumplir nuestros anhelos, ponemos en ella montones de expectativas y tan sólo podemos ver su parte buena.

    Ésta es la fase del enamoramiento, en la que predominan la novedad, la pasión y el descubrimiento.

    El compromiso entre los dos aún es superficial, y ese miedo a perder al otro añade chispa a la relación.

    Normalmente aún no hay convivencia y, por tanto, el tiempo que los enamorados no están juntos es buen momento para dar rienda suelta a la imaginación, lo que favorece la idealización de la pareja.

    ¿Cuándo y por qué acaba la idealización de la pareja?

    Progresivamente, la cantidad de hormonas y neurotransmisores previamente disparados empiezan a estabilizarse, porque no sería adaptativo que el cuerpo continuara funcionando en ese estado mucho tiempo más.

    Algunos estudios indican que esa fase de enamoramiento pasional dura aproximadamente dos años, aunque no está claro.

    Lo que sí es cierto es que, a medida que transcurre el tiempo y la relación se vuelve más profunda, íntima y comprometida, las imágenes platónicas que en un principio imaginamos de nuestra pareja y de la futura relación se van contrastando con la realidad.

    A algunas parejas esa realidad les gusta más… y a otras menos. Generalmente, cuanto más se haya idealizado a priori, mayor es la probabilidad de decepcionarse luego.

    Como la pareja es un contexto en el que solemos volcar tantas expectativas, es también donde surgen más intensamente las necesidades insatisfechas.

    Entonces aparece la frustración que conduce a la rabia, la sensación de pérdida de un ideal que lleva a la tristeza y a la culpabilidad.

    Ésta es la causa de muchos conflictos, que incluso pueden culminar en la ruptura de la relación.

    ¿Realismo VS Idealización?

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    Entonces, ¿qué hacer? ¿Tenemos que esforzarnos por ser totalmente realistas desde el principio, para evitar idealizaciones y así no decepcionarnos? ¡No!

    ¿Tenemos que procurar mantener esa idealización por nuestra pareja el mayor tiempo posible? ¡Tampoco!

    ¿Tenemos que asumir que el amor va asociado a la idealización y que, cuando ésta se acaba, es porque ya no sentimos lo mismo por nuestra pareja? ¡Jamás!

    No hace falta que trunquemos nuestras idealizaciones enamoradizas, porque sería coartar una parte muy bonita del amor.

    No tenemos tampoco que preocuparnos cuando nuestra visión de la pareja se vuelve más centrada y realista, ni cuando algunos de nuestros castillos en el aire se van readaptando y situándose sobre el suelo.

    Todo esto forma parte del amor y sus etapas, y es bello disfrutarlo plenamente en cada momento, sin anticipar el futuro ni anhelar el pasado.

    Es absurdo pretender que una relación de pareja siga siempre igual, en el mismo punto: la pareja es un sistema que evoluciona.

    Cambia y progresa por sí misma, como suma de los cambios y progresos de las dos personas que las componen y del contexto en el que se sitúa.

    La verdadera felicidad en pareja consiste en asumir que habrá cambios entre vosotros, sí o sí.

    La clave de las parejas felices se encuentra en asumir que, sin duda, habrá muchos cambios en la relación; sin embargo, son lo suficientemente flexibles para adaptarse y sentirse satisfechos con ellos.

    Mi consejo es que no tengas miedo a que tu relación evolucione y cambie; acoge con los brazos abiertos cada etapa diferente que os toque vivir juntos, y el amor seguirá fluyendo.

    Y recuerda que cada relación es un mundo… pero una sola cosa me atrevo a afirmar de todas ellas: que ninguna es perfecta.

    Y como todo aquello que no es perfecto, requiere esfuerzo para procurar hacerlo un poquito mejor cada día.

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    estefania-monaco-psicologa

     

     

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