La familia política: ¿Arde Troya?

    La familia política: ¿Arde Troya? © Depositphotos.com/Monkeybusiness

    Tener pareja implica, entre otras cosas, ampliar la red familiar.

    No sólo tienes una pareja, sino que además pasas a hacer migas con cuñados, sobrinos, suegros y demás personas que de pronto (y si son amables) te tratan como si fueras de toda la vida.

    No obstante, como las personas somos como somos, siempre hay alguien con quien no cuaja la cosa.

    La familia política: ¿Arde Troya?

    Muchas veces se nos mete entre ceja y ceja algún familiar político por un motivo objetivo: nos ha faltado el respeto o sabemos tantas cosas de él que no lo consideramos trigo limpio.

    En otras ocasiones, sin embargo, se trata más bien de una especie de fijación destructiva en la que la persona termina por atragantársenos.

    En la relación en la que estadísticamente existen más probabilidades de  que surjan conflictos es entre tu novia y tu madre; ahí sí que es fácil que arda Troya (y Esparta y Constantinopla).

    Las suegras son las que encabezan el ranking de familiares políticos más denostados. Cientos de chistes y refranes populares caricaturizan su fama como azote implacable de las parejas de sus hijos.

    Visto desde su perspectiva, nunca ningún pretendiente estará a la altura de lo que sus hijos merecen.

    Los cuñados

    A varios puestos de distancia estarían los enfrentamientos entre cuñados.

    El abanico de críticas puede ser amplísimo. Desde el generalizado “no lo trago” hasta las críticas más concretas: “sólo habla de sí mismo”, “no ayuda a poner ni un plato”, “se nota que siempre está con ganas de irse”, “qué soberbio es”…

    A consecuencia del mal ambiente entre los cuñados, muchas familias dejan de juntarse al completo y empiezan a frecuentarse por separado.

    El suegro

    Después está el suegro. Éste suele ser alguien que casi nunca da la nota y que vive en un simpático segundo plano, cediendo el protagonismo a su mujer.

    Mezclarse con tanta gente nueva supone un cóctel químico de tal calado que es normal que salte alguna chispa.

    Da la sensación de que quizás habría que seguir unos cursos preparatorios para manejarse en estas lides, al igual que se siguen los cursos prematrimoniales.

    Como el tema da para muchos párrafos, en el próximo artículo hablaremos de las claves psicológicas que nos pueden servir para sobrellevar las relaciones con la familia política.

    Mientras tanto, te recomiendo que abras una (o dos) botellas de vino y te relajes, pensando que si estás ahí es, en el fondo, porque quieres mucho a tu pareja.

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