Cuando separarse ayuda a reconciliarse

    Cuando separarse ayuda a reconciliarse © Depositphotos.com/Photography33

    Cristina lleva más de cinco años sin hacer el amor con su marido.

    En el fondo casi ha perdido la cuenta del tiempo. La química entre ellos ha desaparecido por completo después de 30 años de matrimonio.

    No es el tiempo el que ha causado esa separación afectiva, sino la manera en la que han gestionado su convivencia.

    Cuando separarse ayuda a reconciliarse

    Ambos son padres de un joven de 20 años y poseen puestos de trabajo estable. Los tres forman la típica familia española de clase media.

    Cristina y Pedro se casaron muy jóvenes, siendo el primer y único amor el uno para el otro.

    Pero hace unos años, y a raíz de unos problemas económicos que afectaron a la estabilidad de la familia, Pedro empezó a padecer disfunción eréctil.

    Dejaron pasar el tiempo sin poner remedio y poco a poco esa disfunción se convirtió en una total falta de deseo y de contacto afectivo.

    “Mi marido ha anulado el sexo de su vida, pero yo me he dado cuenta de que así no puedo vivir. Me afectan mucho emocionalmente esas carencias”, dice Cristina. “No sé cómo él no ha hecho nada en todo este tiempo para ponerle solución. Le he insistido muchas veces pero ya he tirado la toalla. Vivimos vidas paralelas pese a que tratamos de crear una atmósfera familiar para nuestro hijo. Ahora él ya es mayor, así que debo pensar en mí y tratar de ser feliz”.

    En efecto, para un hijo es mucho más importante ver a sus padres felices que tenerlos bajo el mismo techo en estado de amargura.

    Tras muchos años de frustración acumulada, Cristina se fue de casa. El tránsito fue duro para todos, pero ella sentía que o lo hacía o se moría.

    Acudir a un terapeuta, una nueva oportunidad

    No obstante, la distancia, la soledad, o quizás caer en la cuenta de cuánto se querían hizo que a los tres meses Pedro le propusiese intentar estar juntos de nuevo.

    Cristina respondió primero un “no” tajante, pero al cabo de unas semanas matizó su respuesta: “De acuerdo, podemos darnos una nueva oportunidad, pero únicamente si ambos acudimos a un terapeuta de pareja que nos ayude a reconstruir la relación de forma fiable”.

    Como dijo un profesor de Psicología, “muchas veces hacen falta un par de huevos (o de ovarios) y un cerebro” para solucionar las cosas.

    Si unimos el valor y la inteligencia a la hora de enfrentarnos a la vida, muchas veces el resultado suele ser diferente al que esperamos.

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