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Empowerment: Empoderamiento femenino con “p” de persona

    Empowerment: Empoderamiento femenino con “p” de persona © Depositphotos.com/Roboriginal

    Se habla mucho del empoderamiento femenino, como si la mujer no tuviese poder o no pudiese tenerlo por el hecho de ser mujer.

    De hecho, a la mujer le han hecho creer, y se lo recuerdan constantemente y de muchas maneras, que no es tan válida ni tan digna de premios como lo es el hombre por el hecho de ser hombre.

    Empowerment: Empoderamiento femenino con “p” de persona

    Demasiadas mujeres se lo han creído y lo han interiorizado. Por consiguiente, buscan el poder fuera y se han vuelto en contra de los hombres y de las mujeres que no profesan su religión vengadora.

    Nadie nos quita el verdadero poder, porque ése viene de serie con el alma. Todos tenemos un poder innato que deriva de la valía innata: todos los seres humanos somos valiosos; otra cosa es que nos lo creamos.

    En lugar de mirar siempre afuera, podríamos buscar dentro de nosotros. Ergo, cada mujer haría bien en revisar lo siguiente:

    - ¿Qué creencias tiene acerca de sí misma?

    - ¿Quién le hizo creer eso?

    - ¿Por qué sigue creyéndolo?

    - ¿Cuáles de esas creencias la empoderan?

    - ¿Cuáles de esas creencias la debilitan?

    - ¿Se atreve a dar su opinión?

    - ¿Osa quedar mal con los demás para quedar bien con ella?

    - ¿Dice “no” cuando quiere decirlo?

    - ¿Pide las cosas y lucha por ellas?

    - ¿Se permite mostrar su fuerza, su luz, su inteligencia, su genialidad?

    - ¿Asume las responsabilidades o cree que sólo tiene derechos?

    - ¿A quién le sigue echando la culpa en su vida?

    - ¿A qué tipología  de mujeres admira?

    - ¿Con qué tipo de mujeres se lleva bien?

    - ¿Con qué tipología de mujeres tiene conflictos o malos entendidos?

    - ¿Odia al padre o a la madre o a ambos?

    Cree en ti misma  

    No existe más techo de cristal que la mediocridad, y ésta no es patrimonio ni de hombres ni de mujeres, sólo de personas que salen a perder a la vida, a no ganar o a perder directamente.

    Si creemos que no valemos lo suficiente, si damos por válidas las consignas desalentadoras de singularidad, estaremos saliendo a perder o a no perder, pero desde luego no despertaremos en nosotras el poder que ansiamos tener.

    Poder se escribe con “m” de mujer cuando la mujer no permite que la traten como a una princesita, como a una tonta, como a una lerda, como a una incapacitada, como a una necesitada o como a una pedigüeña… Y, en lugar de eso, asume la responsabilidad de dirigir su vida haciendo, pensando, diciendo lo que considera conveniente o le hace feliz, y relacionándose con quien la respeta y honra el ser tan maravilloso que es.

    ¿Es esto solo válido para mujeres? Obviamente que no. Lo es para todo ser humano, independientemente de su género.

    La mujer no ha de reivindicar la igualdad. En lugar de ello ha de convertirse en su propia igual, esto es, en la lideresa de su vida. No se trata de pedir, sino de ser.

    Asimismo, debe dejar de competir contra otras mujeres y de fingir que siempre se trata de un juego donde hay ganadoras y perdedoras, o de un juego donde el premio es un hombre.

    La diversidad está servida, pues el género no conlleva capacidad ni característica alguna: eso es patrimonio del alma-psique.

    Características de las mujeres más poderosas

    Las mujeres más poderosas son aquellas que basan su poder en su identidad como seres humanos más allá de su género. Por consiguiente, sacan a pasear sus dones y genialidades, quedan bien sólo con ellas mismas y no necesitan quedar por encima de nadie ni pisotear o desmerecer a otras mujeres u hombres.

    Las mujeres más poderosas no echan las culpas de nada a nadie, asumiendo las responsabilidades sobre sus errores (resultados no deseados), y no permiten que nadie les empañe ni les robe sus triunfos.

    Las mujeres más poderosas no se rebajan ni piden perdón por ser geniales, brillantes, guapas o carismáticas, ni por dedicarse a ser madres, pintoras, escritoras, directivas, granjeras, maestras, policías, médicas, abogadas, secretarias…

    Desarrollo-Empowerment

    Las mujeres más poderosas son aquellas que no compiten con nadie, ni siquiera contra sí mismas.

    El poder no se tiene porque se mande a otros, ni por tener más dinero o más fama. El verdadero poder hunde sus raíces en el alma, pues es de naturaleza espiritual o divina.

    Por eso, una mujer que cree en ella, se ama, se acepta tal cual es y sabe sacar provecho a sus cualidades, es poderosa y posee una fuente inagotable de empowerment.

    Una mujer poderosa se empodera como consecuencia de haber logrado equilibrar su aspecto masculino y su femenino, esto es, no tiene polaridades encontradas, sino que ha creado sinergia entre ellas, llegando a un nivel de bienestar interior que le permite ser ella en toda la extensión de su singularidad.

    Si las mujeres odian a los hombres, los atacan, se sienten mejores que ellos o pretenden minusvalorarlos, no sólo crearán disfuncionalidad emocional en ellas, sino que jamás se empoderarán.

    El poder al estilo de un dictador no es poder, sino despotismo, esclavitud, negación del ser humano. Por tanto, potenciemos lo mejor del ser humano y dejemos de combatir las diferencias.

    La autenticidad, el verdadero poder del ser humano

    Ni las mujeres tienen ciertas cualidades de serie, ni los hombres son mejores o peores que las mujeres.

    Somos seres humanos, personas, y como tales poderosas, porque nada hay más poderoso que la autenticidad de un ser humano.

    Cada día me gustan más esas mujeres que no hablan mal de los hombres, y admiro más a las que han logrado que la vida les dé un Oscar.

     

    Me quedo con el poder que da el amor y la autenticidad. Me quedo con la fuerza que habita en el alma y que nos hace ser un milagro de la vida.

     

    Mientras haya mujeres que se dejan de lado para conseguir pareja, marido o “churri”, no habrá empoderamiento que valga. Por eso, nadie nos quita ni nos da poder: somos cada una de nosotras, las almas que hemos optado por el género femenino, las que nos empoderamos.

    Nadie nos hace sentir inferior si no se lo consentimos, y nadie nos quita poder si no se lo permitimos.

    Empoderarte es una cuestión personal. Tú, mujer, ser humano, decides si quieres ser poderosa y liderar tu vida, o seguir presa del yugo invisible del quedar bien con los demás.

    La historia de la humanidad está llena de mujeres valientes y poderosas que hicieron lo que se les pasó por la corona (yo llamo “reinas” a las mujeres que lideran sus vidas).

    En mi pasado hay mujeres muy poderosas: mis abuelas, sin ir más lejos, o mis bisabuelas, sin olvidar a mi madre. La mujer que se siente orgullosa de sus predecesoras es una mujer empoderada, porque lleva orgullosa el estandarte de la genialidad que cada una de ellas le aportó.

    La mujer que ha sabido ver lo bueno que había en los hombres que la preceden (padre, abuelos…) es una mujer empoderada, porque no ha renunciado a la singularidad de lo masculino en ella. La mujer empoderada es una mujer completada.

    Las mujeres más poderosas saben que sólo ellas y nadie más que ellas son lo mejor que les ha pasado. 

    © Rosetta Forner

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