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No te reinventes: descúbrete

    No te reinventes: descúbrete © Depositphotos.com/Iakov

    "Pásate la vida disfrutando de quién eres, en vez de pasártela tratando de ser quien nunca serás. Cree en ti por encima de todas las cosas, y muéstrale al mundo tu singularidad."

    El ganador que todos llevamos dentro. I Boss

    No te reinventes: descúbrete

    Por regla general, cuando debemos reinventar algo se debe a que el original o bien está obsoleto, o bien es un sonoro fracaso.

    Ésta es la manera de abordar el objeto o producto resultante de un experimento de marketing, que no ha pasado la prueba o que ya no consigue las ventas que otrora lograba para mayor gloria de la compañía.

    Los productos nacen, maduran y mueren en su ciclo de vida comercial. Los creadores de opinión deciden cuándo un producto debe triunfar y cuándo fracasar.

    En ese siglo XXI, el hombre ha entrado en la categoría de producto y debe asumir que su imagen ya no es percibida como atractiva o ni tan siquiera es percibida en absoluto.

    Por consiguiente, el ser humano debe reinventarse. Al menos eso pontifican los expertos en autoayuda, desarrollo personal y todo aquel metido a asesor de masas, sin importar su profesión de procedencia.

    ¿La razón de semejante despropósito? Han leído unos cuantos libros inspiradores (hay buena literatura self help, no todo es bazofia barata) y luego se lanza a impartir charlas sobre lo divino y lo humano aconsejando que la gente se reinvente.

    Las personas no debemos reinventarnos: en realidad debemos descubrirnos, atrevernos a saber quiénes somos y qué podemos dar de nosotros mismos.

    Descubrirse a uno mismo

    ¿Cómo alguien puede reinventarse si ni tan siquiera se ha inventado a sí mismo? Para poder redefinir algo, primero hay que definirlo.

    Mi hipótesis de trabajo no se basa en la necesidad de reinventar a la persona, sino de ayudarla a descubrirse.

    Sólo así podremos cambiar el mundo antes de que éste nos cambie a nosotros –a algunos les ha cambiado tanto que tienen una ingente tarea ante sí de redescubrimiento-.

    El ser humano está sepultado debajo de consignas que le enseñan a alejarse de sí mismo, además de animarle a pasarse la vida tratando de ser quien no es y quien nunca llegará a ser.

    Pero la realidad nos muestra que no se puede ser quien no se es, por más que se intente. Quien esto practica, se halla ante el fracaso más estrepitoso de su carrera humana.

    He conocido a muchos “reinventados”, forma eufemística para el otrora “charlatán”.

    El “reinventado” suele ser alguien que dejó su profesión para dedicarse a la que está de moda en ese momento, la cual dejará, a su vez, en cuanto le haya sacado todo el jugo posible y vislumbre la nueva profesión de moda que se asoma por el horizonte.

    Con cada profesión procede igual: se dedica a ello no por vocación, sino por su condición de estar de moda.

    Apuesta por ti mismo: descubre tus talentos

    No te reinventes, descúbrete. Las personas que apostaron por ellas, por salir a ganar, se guiaron por su  convicción, siguieron su  instinto y su pasión. Su brújula interior, y no las modas externas, marcó el camino.

    Escucharon a su corazón y a su mente, descubrieron sus talentos y se atrevieron a vivir sus vidas acorde a ellos.

    Hay muchas historias que ilustran el poder del descubrimiento al cual yo me refiero, entre ellas la de la madre Teresa de Calcuta, quien se dedicaba a la enseñanza en un colegio católico antes de descubrir la fuerza y la convicción que anidaba en su interior y que la impulsó a hacer de este mundo un lugar un poco mejor.

    Martin Luther King quiso ayudar al mundo a descubrir que todos llevamos ángeles en el interior.

    Thomas Jefferson dedicó su misión a sentar las bases para que la gente tuviera una nación con un gobierno para el pueblo.

    El psicoanalista Carl Jung descubrió su psique entre las brumas de sus sueños, así como el significado del hombre entre metáforas, sincronicidades y arquetipos.

    Jesús, el gran maestro, nos enseñó a descubrir la luz del alma y lo que significa ser hijo de Dios, pues él lo había descubierto en su misión humana.

    Eiffel ganó el concurso para construir la famosa torre que lleva su nombre; no era arquitecto sino ingeniero, pero descubrió que podía hacer algo genial que a ningún ingeniero se le había ocurrido.

    Da Vinci se dio cuenta de su genialidad y originalidad, y la dejó fluir mostrándole al mundo de su época ingenios que tardarían 400 años en ser comprendidos y puestos en práctica.

    Van Gogh descubrió un mundo de colores, una visión singular y diferente (rompió moldes) a la que se llevaba en su época: él no podía dejar de pintar tal y como percibía el mundo, como Picasso.

    El creador del Cirque du Soleil reinventó el circo cuando la gente había dejado de acudir a estos espectáculos; descubrió la magia en su interior y la dejó fluir para compartirla con el mundo y deleitarnos.

    Todos los genios, los rebeldes, los descubridores, tuvieron algo en común: se centraron en su interior, en su persona, en escucharse a ellos mismos, en hacer aquello que era su pasión, en dedicarse a ello con convicción, en usar sus talentos y capacidades.

    Los descubridores suelen desatender el ruido social, no siguen las modas y desoyen los consejos y avisos negativos de los demás, esos que dicen: “No hagas eso porque ya no se lleva, no lo hagas lo otro porque hay muchos como tú.” 

    Lo cierto es que no hay nadie como tú en el mundo, puesto que eres único, como única es tu manera de hacer las cosas. Ahora bien, antes tendrás que descubrir a quién llevas en tu interior.

    ¿Quién eres?

    ¿Eres un alma viviendo una experiencia humana o un humano sin alma?

    No hace falta que te reinventes, mejor descubrir y ejercitar al ser único, genial y maravilloso que eres.

    La mayor parte de las consignas están hechas para que sigas siendo un perdedor y tengas que depender de aquellos que te alimentan con ideas que no han sido probadas en el laboratorio de la realidad.

    Esforzarte en ser quien en realidad eres te reportará unos beneficios excelentes.

    No seas una copia de nadie, mejor ser original.

    Atrévete a descubrir tus talentos ocultos, tus pasiones, tus matices de personalidad. Decide a quién quieres tener como modelos de referencia; haz una buena selección.

    No reverencies a nadie: nadie es más que tú. Admirar no es reverenciar. Admirar es reconocer lo singular en el otro desde el respetar lo singular en ti.

    Lee biografías de personas interesantes que han hecho cosas interesantes.

    Huye de los que tienen un ego que no les cabe por la puerta.

    Plantéate pequeños desafíos diariamente; eso te hará sacar músculo y, cuando lleguen los grandes desafíos, estarás sobradamente preparado.

    Cada semana escoge una de las creencias que tengas sobre ti y dale la vuelta, re-encuádrala.

    Ejemplo: si piensas de ti que eres una pringada, separa la palabra por sílabas (prin-ga-da) o similar (p-ring-ada). A ‘ada’ añádele una H y tendrás ‘hada’. ‘Ring’ es anillo en inglés, y a ‘p’ le añades toda una palabra, por ejemplo ‘perfecto’. Resultado: soy un perfecto anillo de hada.

    Juega con los conceptos, aprende a darles la vuelta: no te han despedido, te han empujado hacia tu destino. No estás en paro, estás dándole forma a tu futuro profesional. No digas tengo dinero, sino estoy aprendiendo a ser millonario.

    Descubre cada día algún aspecto tuyo, y encántate como cuando eras niño.

    © Rosetta Forner

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