Hace unas semanas, un amigo que se dedica de forma semiprofesional a la dirección de coros me explicaba que en uno de sus últimos conciertos había recibido múltiples felicitaciones por la evolución que el coro había experimentado bajo su batuta.

Me decía, también, que cada vez le pedían más colaboraciones y le encargaban más conciertos.

La verdad es que no sé qué es lo que hago para que esto me esté yendo tan bien, pero es fantástico”, finalizó.

“Esta mañana me he quemado con el café del desayuno. Me he vestido corriendo porque llegaba tarde al trabajo y, aunque he perseguido al autobús, éste se ha escapado en mis narices. Al llegar a la oficina me ha caído una bronca porque ayer olvidé acabar unos papeleos. Vuelvo a casa derrotado y mis hijos me dan la vara con que no quieren hacer los deberes. Al acostarme, a pesar de todo el cansancio, me cuesta conciliar el sueño…”.

Si quieres el placer de un momento, pega un polvo. Si quieres el placer de un día, organiza una cena. Si quieres un placer continuo, monta un huerto con árboles.

En una sociedad adicta a las satisfacciones inmediatas, la frase del cineasta Bigas Luna parece fuera de contexto.

Sin embargo, muchos de nosotros hemos experimentado durante nuestras vacaciones esa mezcla de sosiego y alegría que produce una puesta de sol, un paseo por la playa o una caminata por el bosque.

El miedo es aquello que nos impide experimentar la vida como realmente queremos.

Si estás leyendo este artículo, ¡enhorabuena! Eso quiere decir que tienes el coraje de reconocerte a ti mismo que tienes miedo a algo.

No te preocupes, no eres el único: muchas personas viven paralizadas porque sienten miedo.

Pero miedo… ¿a qué? A continuación te explicaré los distintos niveles y tipos de miedos. También, y lo más importante, te mostraré la forma más sencilla de acabar con ellos.

En su meditación frente a la piscina, Joan siente que todo está en su interior. Las circunstancias económicas no son favorables, de eso no cabe duda.

La cuarta parte de la población española está desempleada, vemos que nuestros familiares y amigos pierden sus trabajos, sus casas, cambian a sus hijos de colegio, renuncian a las vacaciones.

Los más afortunados simplemente han tenido que prescindir de los pequeños lujos que antes les alegraban la vida.

Sin embargo, Joan siente que su problema no es la crisis: su problema está en su interior.

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