¿Sabes poner nombre a cada una de tus emociones?

    ¿Sabes poner nombre a cada una de tus emociones? © Depositphotos.com/Badahos

    ¿Es lo mismo sentir terror que sentir pánico, histeria o susto?

    La respuesta es no. Con mucha frecuencia, no sabemos cómo se denominan nuestras emociones.

    Conocer y comprender los procesos emocionales nos permitirá ser capaces de regular nuestros sentimientos.

    ¿Sabes poner nombre a cada una de tus emociones?

    Las emociones son reacciones ante determinadas situaciones o estímulos.

    La intensidad de las emociones varía en función de la evaluación que realicemos sobre dicha situación y su capacidad para afectar nuestro bienestar.

    El significado que concedemos a cada situación es lo que permite etiquetar una emoción, en función del dominio del lenguaje, con términos como alegría, tristeza, enfado, entre otros.

    Tipos de emociones

    Las emociones se clasifican en dos grandes categorías:

    - Emociones básicas (emociones primarias o elementales)

    Son aquellas emociones que no son aprendidas, sino universales e innatas, y se asocian con una expresión facial concreta.

    Todos los seres humanos, con independencia de nuestra cultura o educación, tenemos la misma expresión facial ante ciertas emociones, como son la alegría, la tristeza, la ira, el miedo, la sorpresa y el asco.

    - Expresiones secundarias

    Dependen en mayor grado del desarrollo de cada persona (las respuestas emocionales difieren ampliamente de unas personas a otras).

    Algunos ejemplos de emociones secundarias son la ansiedad o la hostilidad.

    La autoconciencia emocional

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    Existe una gran diferencia entre sentir una emoción y ser consciente de lo que se está sintiendo.

    La autoconciencia emocional es la capacidad de tomar conciencia de los propios estados internos y de reconocer las propias emociones, así como los efectos que éstas tienen sobre nuestro estado físico, nuestro comportamiento y nuestro pensamiento.

    Una persona con autoconciencia emocional es capaz de:

    - Conocer qué sensaciones está sintiendo y por qué.

    - Comprenden los vínculos que existen entre sentimientos, pensamientos y acciones.

    - Conocer el modo en que los sentimientos influyen sobre las decisiones que se toman.

    - Saben expresar las emociones de manera adecuada.

    La autoconciencia requiere de un amplio conocimiento de nosotros mismos, de la comprensión de los procesos emocionales y de la predicción de nuestras reacciones emocionales ante determinadas situaciones.

    ¿Cómo ser más conscientes de nuestras emociones?

    Casi siempre estamos experimentando alguna emoción en nuestra vida diaria. Sin embargo, si estas emociones son de baja intensidad o muy sutiles no les prestamos atención.

    Sólo atendemos a nuestras emociones si nos desbordan o son especialmente intensas.

    Es importante realizar una pausa mental y mirar hacia nuestro interior para intentar captar el murmullo de las emociones.

    Para desarrollar la autoconciencia emocional es necesario preguntarse:

    - ¿Qué siento ahora mismo?

    - ¿Cómo estoy actuando?

    - ¿Qué pienso de esta situación?

    - ¿Qué quiero?

    - ¿Qué elementos de la situación me están provocando esta emoción?

    Para regular las emociones es clave ser capaz de percibir y comprender cada emoción que sentimos, es decir, saber ponerle un nombre a la emoción (una etiqueta verbal) y comprender qué la ha generado y qué efectos ha tenido.

    La autoconciencia emocional se alcanza cuando comprendemos la manera en que las emociones afectan a lo que percibimos, lo que pensamos, lo que hacemos y las decisiones que tomamos.

    Alfabetización emocional

    Para desarrollar la autoconciencia emocional es necesario poseer un vocabulario adecuado y suficiente para definir o describir cada sentimiento o emoción.

    A continuación puedes leer más de cien términos referidos a emociones. ¿Sabrías identificar cuándo sientes cada una de ellas?

    Aburrimiento, alegría, alivio, amor, angustia, ansiedad, añoranza, apatía, apego, aprensión, armonía, arrojo, asco, asombro, calma, cariño, celos, cólera, compasión, confianza, confusión, congoja, culpa, curiosidad, decepción, depresión, desamparo, desamor, desánimo, desasosiego, desconcierto, desconfianza, desconsuelo, deseo, desesperación, desgana, desidia, desolación, desprecio, dolor, enfado, enojo, entusiasmo, envidia, empatía, espanto, esperanza, estupor, euforia, excitación, éxtasis, fastidio, frustración, fobia, hastío, histeria, horror, hostilidad, humillación, impaciencia, impotencia, indiferencia, indignación, inquietud, insatisfacción, inseguridad, interés, intriga, ira, irritación, júbilo, lujuria, melancolía, mezquindad, miedo, nostalgia, obnubilación, obstinación, odio, omnipotencia, optimismo, paciencia, pánico, pasión, pena, pereza, pesimismo, placer, plenitud, prepotencia, rabia, rebeldía, recelo, rechazo, regocijo, rencor, repudio, resentimiento, resignación, resquemor, satisfacción, seguridad, serenidad, solidaridad, sorpresa, susto, temor, templanza, ternura, terror, timidez, tranquilidad, tristeza, vacío existencial, valentía, vergüenza…

     

    La esencia de la inteligencia emocional es tener tus emociones trabajando para ti y no en tu contra.

    Beuven Bar-On

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    Cristina-de-Alba

     

     

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