El respeto, una moneda de ida y vuelta

    El respeto, una moneda de ida y vuelta © Depositphotos.com/SIphotography

    El respeto, una moneda de ida y vuelta

    Tirar un kleenex en la calle, tocar el claxon cuando conduces, tratar con desprecio a las personas, no mirar a los ojos a quien te sirve en un restaurante, ridiculizar a tu pareja en una conversación, no respetar el orden de la cola del supermercado cuando el cajero dice “pasen en orden” y un largo e infinito listado de conductas que significan falta de respeto.

    El respeto es unas de las claves para que las personas puedan relacionarse en armonía.

    El respeto da valor a las interacciones y transmite a la persona con la que nos relacionamos, independientemente de la edad, el género, la religión, sus ideas políticas o su pasión futbolística, que es alguien que merece la pena y es digno de ser tratado con educación.

    A pesar de que todos creamos que entendemos, más que bien, lo que significa comportarse de forma respetuosa, no siempre están los límites claros.

    Todos sabemos que insultar a alguien es irrespetuoso. Pero no todos compartimos que sea una falta de respeto poner el sonido del móvil alto o la música en un vagón de tren en el que puedes molestar a otros. Por eso la Renfe ha tenido que poner un vagón del silencio, para delimitar el lugar en el que no puedes hacer ruido.

    Hay momentos en que el respeto forma parte de un conflicto de intereses: “Lo que yo deseo hacer ante lo que tú necesitas”.

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    Si antepones tus deseos, puedes estar faltando el respeto y comportándote de forma desconsiderada. Faltar el respeto es tratar a las personas con desconsideración. Si cedes ante todo con el fin de evitar el conflicto, al final terminas por ser muy respetuoso, pero también sumiso.

    El respeto también puede referirse al tipo de relación que mantenemos con personas de autoridad, que puede llevar a comportarte incluso de forma servil y poco asertiva.

    En este caso, la falta de respeto, definida por la figura de autoridad o las normas, podría ocasionarte la pérdida de trabajo, que te aparten en tu equipo deportivo o la regañina por parte de tus padres.

    El respeto está regulado por tu propia escala de valores, aquello que tú decides que está bien o mal.

    O el respeto puede ser la consecuencia de una serie de normas que son impuestas, a pesar de que no las compartas. Por ejemplo: para la boda de un amigo te pones el traje de chaqueta porque crees que es la prenda adecuada para la ocasión, porque es lo que has visto siempre en tus padres cuando han acudido a una boda y compartes esa forma de vestir. Pero en cambio, sientes que no estás a gusto cuando te imponen ir a trabajar al banco en traje de chaqueta. Piensas que serías igual de eficaz yendo a trabajar un poco más cómodo y que no por ello se perdería calidad en el trato al cliente.

    Todos queremos ser respetados por los demás. Hace que nos sintamos bien, cómodos y seguros. Para ello es necesario educarnos en el respeto desde pequeños y no dejar de practicarlo nunca.

    1.- Allí donde fueres, haz lo que vieres

    Las diferentes culturas, edades y costumbres entienden el respeto de manera distinta.

    Hace 40 años todo el mundo se hablaba de usted, y hoy en día nos choca cuando alguien se dirige a nosotros en esos términos.

    Si en algún momento tienes dudas de cómo comportarte y te encuentras en un entorno, en una ciudad o en una empresa que no son los tuyos, observa y pregunta. Es preferible informarse antes que ser irrespetuoso y meter la pata.

    2.- Actúa como modelo de conducta

    Con tu ejemplo, aprenden también los demás. La teoría nos la sabemos, pero la dejadez en las formas y la comodidad nos llevan muchas veces a no ser coherentes con nuestros principios. Cada vez que nos los saltamos estamos sentando precedentes.

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    Si para ti es una falta de respeto comer sin camisa o camiseta, no lo hagas, a pesar del calor que tengas y de que en tu casa “no pasa nada”. Sí, sí pasa. Está tu pareja, tus hijos a los que les estás transmitiendo que entre las personas queridas nos podemos relajar y que no son lo suficientemente importantes para que te esfuerces en comer vestido. Recuerda que el respeto empieza por los más allegados.

    3.- Si sientes que te están faltando el respeto, hazlo saber

    Di a la persona, de forma socialmente habilidosa, que te sientes ofendido, que te está levantando la voz, que se está dirigiendo a ti de forma autoritaria y agresiva.

    Dile que te sientes agredido o humillado, y pídele cómo necesitas ser tratado. Muchas de las personas que se comportan de forma despótica o irrespetuosa con los demás han perdido la conciencia de ello, y lo hacen porque los demás se lo permiten. Si deseas que te respeten, pon límites. Con educación, buscando el momento y las palabras, con un volumen de voz conversacional y pidiéndolo de forma correcta. Recuerda que, callándote, la otra persona nunca tomará conciencia de las consecuencias de sus actos.

    4.- Infórmate

    Existen libros, redes sociales, internet y muchas personas expertas en buenas maneras, protocolo y educación.

    Si en algún momento tienes que viajar, ir a un acto o una entrevista, o si sales con alguien y tienes alguna duda -desde cómo comportarte, qué ponerte, cuales son los temas conflictivos de los que no se debe hablar, qué comentarios son groseros o qué tipo de chistes están fuera de lugar-, infórmate.

    Hoy en día, no estar informado sí que es una falta de respeto. Demuestra falta de interés. El conocimiento está al alcance de todos, y está para descubrirlo y utilizarlo.

    No hace falta haber asistido a un colegio privado del Reino Unido para ser una persona respetuosa y educada. Las personas educadas están en cualquier rincón, en los pueblos y en las ciudades. Recuerda que el respeto no se compra, se entrena.

    5.- Ante la duda, piensa también en el otro

    Si en algún momento tienes que hacer o decir algo que puedas interpretar que está fuera de lugar o tienes dudas de que esté bien o mal o pueda ofender a alguien, es mejor pecar de prudente que de lo contrario.

    Piensa en cómo se sentirá la persona, a quién pueda afectar y la repercusión que puede tener. Cuando actúas sin pensar, de forma impulsiva, tienes mayor probabilidad de ser irrespetuoso.

    Muchos son los que de forma automática, sin mediar la reflexión, escriben auténticas animaladas en las redes en nombre de la libertad de expresión. No tienen en cuenta el dolor, los hijos de aquellos a quienes insultan, la repercusión de sus palabras ni nada por el estilo.

    No confundas la valentía con ser un bocazas. Recuerda pensar siempre antes de hablar o escribir para actuar con respeto.

    6.- Educa y forma a otros para que esta sociedad sea un lugar en el que dé gusto vivir y relacionarse.

    Si estás educando o formando a otros, puedes utilizar cuentos, libros y películas que te ayuden a divulgar, tomar conciencia y entrenar la idea de respeto.

    De esta forma te puedes adaptar a la edad y a las circunstancias de los niños, jóvenes y adultos, promover el debate y concretar acciones más allá de hacerse la cama, tener el cuarto recogido, apagar el ordenador al acabar la jornada, etc.

    Cuanta más información en diferentes formatos tengan, mejor. Y recuerda que la mejor manera de divulgar es la coherencia y el ejemplo dentro y fuera de casa, en el colegio, en su deporte o en los lugares de trabajo, para ir todos a una. Se puede educar el respeto con creatividad.

    7.- No intentes convencer: es cuestión de respetar

    Cada persona tiene su historia, sus circunstancias y su escala de valores a la que adapta su vida. Si te piden consejo, piensa, valora y opina. Pero si te transmiten una decisión, tu objetivo no es que los demás cambien de idea y así salirte con la tuya.

    Ante las decisiones de los demás, no critiques, no juzgues. Recuerda: si no apoyas no estorbes, sólo respeta.

    Nada justifica la falta de tacto, de respeto y de detalles. Si quieres ser respetado, respeta.

    La frase:

    “Yo soy libre solamente en la medida en que reconozco la humanidad y respeto la libertad de todos los hombres que me rodean.”
    Mijail Bakunin.

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