Entrevista a Pedro Martínez Ruiz: "El mundo necesita gente que ame lo que hace"

    Entrevista a Pedro Martínez Ruiz: "El mundo necesita gente que ame lo que hace" Fotografía de Núria Agulló

    Entrevista a Pedro Martínez Ruiz

    Pedro Martínez Ruiz, un motivador de ilusiones desde su juventud, ha encontrado la manera de unificar las pequeñas directrices que lo han llevado a ver la vida siempre de otro color y perspectiva. Tras empezar con su blog “Que la sonrisa te acompañe” y recibir una buena acogida, se ha lanzado a repartir felicidad a través de su primer libro La felicidad a la vuelta de la esquina.

    La pasión por lo que hace y la ilusión de aportar nuevas ideas al mundo le han llevado hasta donde está, un puesto que lleva de manera muy humilde pero que acompaña de seguridad en sí mismo y de mucha sabiduría. Durante la entrevista nos habla de cómo conseguir objetivos, de éxito, de optimismo, de integrar la inteligencia emocional a nuestra vidas y de un sinfín de valores que nos invita a conocer más de cerca.

    Pedro Martínez representa un primer contacto con una felicidad que está dentro de nosotros mismos y que sólo siguiendo nuestro camino podremos conocer, mejorar y enriquecer. 

     

     “Siempre le ha gustado ayudar a los demás”. Así te describe tu presentación en La felicidad a la vuelta de la esquina y en tu página web. ¿Cómo consideras que has ayudado a los demás?

    Realmente como coach llevo formado poco tiempo, pero yo siempre he sido así. Me encanta ayudar a los demás. Cuando mis amigos me explicaban algún objetivo que ellos creían difícil, yo le daba la vuelta a la tortilla y les decía que tenían que luchar por ello y seguir. Mis amigos me dicen: “Tú eres coach desde que íbamos a EGB, porque siempre nos ayudabas, siempre eras el que motivaba”. Tampoco les indicaba cómo tenían que hacerlo, porque cada uno tiene que descubrir cómo llegar a su camino por sí mismo, pero sí que los motivaba haciéndoles pensar que por qué iba a ser difícil conseguirlo. Intentaba que lo miraran desde otra perspectiva. Y este libro es fruto de eso; me nace porque quiero aportar un poco de optimismo a este mundo que ahora parece que esté aún más crispado.

     

    Quiero aportar un poco de optimismo a este mundo que ahora parece que esté aún más crispado.

     

    ¿Y tus amigos han llegado a creer en lo que tú les decías?

    Sí, de hecho tengo un amigo que ha conseguido un objetivo. Mi mejor amigo siempre me decía que su trabajo le gustaba pero no le hacía feliz. Y yo le preguntaba qué es lo que haría gratis, aquello para lo que de verdad pensaba que había nacido. Él me decía: “Es que me encanta el mar”; yo le propuse que se dedicara a ello. Le invité a sacarse el título de patrón y luego el de capitán. Él insistía en que eso era muy difícil. Le hice ver que había academias y le dije: “Adelante”. Con el paso del tiempo ha creado una empresa que se llama Pasión por el mar.

     

    Es decir, que tu consejo para conseguir un objetivo sería ir paso a paso y aprender haciendo.

    Por supuesto. Hay que marcarse un objetivo e ir a por ello. A nuestra casa no nos van a traer nada. Hay que dar pequeños pasos. Hay veces que crees que no avanzas, que no creces. Le estás dedicando tiempo a algo, le has puesto dedicación y pasión, pero no ves avances. Pero lo que puede pasar muchas veces es que estás creciendo, estás enraizando y no te das cuenta.

    Cuando me dicen “algo va mal, no obtengo resultados”, yo siempre les recuerdo la historia del bambú chino: tu plantas el bambú, añades la tierra, la abonas y empiezas a regar. Al cabo de seis meses hay un brote pequeño de cinco centímetros; sigues regando, pasa un año y el brote sigue igual, y tú piensas: “Estaré haciendo algo mal”, pero ves que no se seca, que está tierno. Entonces sigues regando hasta que llegas al tercer año y ya te empiezas a mosquear pensando que hay algo que no va bien. Al quinto año, aquello tiene el mismo tamaño que antes, pero, de repente, lo que creías que era un proceso fallido era en realidad un proceso de crecimiento interior. Y, seis meses después, el bambú chino ha crecido 25 metros.

    Quiero decir que lo que había hecho esos cinco años era echar raíces muy profundas porque, para sujetar ese peso y esa altura, necesitaba enraizarse.

     

    Entonces, ¿las personas y los objetivos son parecidos al bambú chino? 

    Sí. Al menos nosotros deberíamos hacer como el bambú: echar raíces y luego crecer. Marcarnos un objetivo, dar pasos que sean cada vez más grandes, dedicarle tiempo, paciencia, pasión. La pasión es importante para evitar hacer las cosas sin dar lo mejor de nosotros mismos. Y, cuando algo no va, quizá falte un poco de pasión.

     

    La pasión es importante para evitar hacer las cosas sin dar lo mejor de nosotros mismos.

     

    ¿Y qué significa esto de dar lo mejor de nosotros mismos?

    Poner pasión en cada cosa que hacemos y creer en nosotros, porque el mundo necesita gente que ame lo que hace. Veo mucha pasividad y actitudes de “hago esto pero quizá no salga bien”. Muchas veces no creemos en nosotros mismos. Y, sin embargo, la base es creer que va a salir bien.

     

    Como tu amigo, hay muchas personas que hacen un trabajo que no les gusta o que no les llena. ¿Por qué está pasando esto?

    Pues porqué quizá no nos hemos planteado cuál es nuestro propósito. A veces tenemos tiempo para planear un viaje, un fin de semana en familia, pero luego nunca hemos pensado en nosotros mismos, en qué es lo que de verdad nos haría felices. Está claro que tenemos que seguir trabajando, pero también hacer lo que nos gusta para coger fuerza e impulso. Tampoco podemos simplemente dejar el trabajo y estar en casa sin hacer nada, pero podemos dedicar nuestros ratos libres a aquello que nos apasiona. Es una buena manera de empezar a conocernos más. Personalmente, creo que convertir una pasión en un trabajo es lo mejor que nos puede pasar, porque es como si no trabajáramos nunca. Es estar todo el día de fiesta.

     

    Trabajar en algo que nos gusta me hace pensar en el éxito. Dime, Pedro, ¿cuando hay éxito hay felicidad?

    Hay muchos casos de gente famosa que se ha suicidado y tenían dinero, las mejores casas, reconocimiento del público, premios...

     

    Pero ¿y si el éxito no significara ninguna de esas cosas?

    Yo considero que para que alguien tenga éxito tiene que partir de que es feliz. Si soy feliz con lo que hago, seguro que voy a tener algo bueno. ¿A qué le llamas éxito? Para mí, por ejemplo, este libro es un éxito. Porque lo he creado desde un bienestar que ya tenía, desde unas ganas de aportar y ayudar. Era feliz antes de escribir el libro. Ahora ya no sé lo que se va a vender, pero sé que hay gente a quien le ha llegado al corazón, que le ha gustado. Y eso me ha hecho feliz a mí. Me encanta que una gran mujer como Irene Villa haya escrito el prólogo porque, aparte de ser amiga mía, es una persona a quien siempre he admirado. Es alguien que personifica aquello de lo que hablo en el libro. Que el libro llegue a México, que estemos casi en la tercera edición... Es todo un éxito, pero aunque no hubiera llegado tanto, habría sido un éxito personal. Para que alguien llegue al éxito tiene que ser ya feliz en su vida.

     

    Me encanta que Irene Villa haya escrito el prólogo de mi libro, ya que personifica aquello de lo que hablo en él.

     

    Ya nos has dado algunas pistas, pero cuéntanos de qué va el libro.

    Hay gente que dice que es un gran manual de felicidad. Modestamente, digo que son pautas que a mí me han funcionado bien, que siempre he llevado a mi vida para ser más feliz y he considerado que debía compartir, porque compartir también nos haces felices. En el libro hablo de optimismo, entusiasmo, agradecimiento... cosas que son importantísimas.

     

    ¿Son esos los valores que guian tu vida?

    Sí, quizá falta alguno. Para mí son como pequeñas dosis, pequeños capitulitos que hacen que sea algo sencillo. Lo he querido contar de una manera sencilla y cercana para que la gente se quede con ganas de leer y aprender más.

     

    Cuando un lector termina y cierra el libro, ¿qué herramientas, enseñanzas e ideas nuevas tiene al alcance de sus manos que no tenía antes de leerlo?

    Eso deberíamos preguntárselo a los lectores, pero lo que me han contado es que les ha dado ganas de seguir en ese tipo de lectura; les da ganas de aprender sobre un capítulo en concreto y ganas de ser más optimista en general. Yo considero que hay gente que es más optimista que otra. Yo, por ejemplo, me considero un poco más que la mayoría, porque he nacido así, y me siento afortunado. Pero da igual, [el optimismo] hay que cultivarlo: aunque una persona no sea optimista, tiene la posibilidad de cambiar los hábitos y aprender a serlo.

    Yo animo a las personas a quejarse menos, a mirar el lado bueno a todo, a agradecer más... Muchas veces vamos quejándonos de todo lo que nos falta, y lo que hay que hacer es agradecer todo lo bueno que tenemos mientras podemos, intentando conseguir aquello que de verdad queremos.

     

    Entrevista-Pedro-Martinez-2Entonces, Pedro, ¿el optimismo se hereda?

    A mis padres, por ejemplo, sí que los considero optimistas, pero creo que yo he conocido a gente que se creía optimista y ha ido dejando de serlo progresivamente; y todo lo contrario, gente que no lo era mucho y lo ha cultivado, ha cambiado los hábitos y lo es más ahora. El optimismo hay que regarlo como a una planta.

     

    Los que rechazan la felicidad y el optimismo del que tú hablas dicen no creérselo, argumentando que sus experiencias negativas pasadas les impiden creer que ellos tienen la felicidad dentro. ¿Consideras que has sufrido en tu pasado?

    Afortunadamente no mucho, pero he tenido días más difíciles que otros, momentos durillos... pero creo que lo que hay que hacer en este caso es cambiar el foco. Hay que poner el foco más allá y pensar que no va a ir mal. Algunos me dicen: “Es que he sufrido mucho...”. Yo les digo: “¿Y para qué recuerdas eso? Si te hace daño, cambia el foco. Si no tiene arreglo o solución, acéptalo y supéralo, y si la tiene, soluciónalo”.

    Yo no veo la solución buscando donde he sufrido, sino pensando en lo bueno que tengo y en todo lo bien que me ha ido en la vida. Porque muchas veces creemos que no somos muy afortunados, pero hay que recapitular todo lo bueno que nos ha pasado en la vida, o incluso en un día. Y entonces piensas: “Madre mía, ¿todo esto me ha pasado a mí? Es increíble la suerte que tengo”. Hacer listas también me ha funcionado desde que soy pequeño, aunque ahora ya con el móvil las hacemos de manera diferente...

     

    Ahora que hablas de las nuevas tecnologías, ¿qué papel juegan ellas y las redes sociales en la expansión del pensamiento positivo?

    Depende de cómo las utilices. Como cualquier otra cosa, puedes utilizarlas en tu contra o a tu favor. Yo las utilizo a favor. A mí me han funcionado bien porque me han ayudado a conocer a gente estupenda y a llegar a muchos sitios donde era impensable llegar hace muchos años.

     

    Las redes permiten llegar a muchas personas. ¿En qué tipo de público pensabas al escribir el libro?

    Sinceramente, me imaginaba que me gustara a mí. Como yo quería aportar algo bueno, pensaba en que le gustara a mucha gente, sin pensar en edad ni sexo. El público juvenil me dice que nunca había leído algo de este tipo y que le ha encantado, y gente muy mayor me dice que llevaba años sin leer porque se le cansaba la vista y no les motivaba leerlo y, sin embargo, como este libro son pequeños capítulos, dicen que se han enganchado otra vez a leer. En realidad me centré en que le gustara a mucha gente, y así ha sido. Un público amplio.

     

    Para mí tu libro es como un primer contacto con la felicidad, un llamamiento a seguir leyendo otros libros que amplíen la información que tú nos facilitas. ¿De qué otro libro acompañarías este tuyo?

    Lo acompañaría de los que están en la bibliografia, como Cuando sea feliz de Mónica Esgueva, donde profundiza más en todos los sentidos, o Los tres pilares de la felicidad de la misma autora. Pero hay muchos autores que pueden tocar este tema. Yo considero que lo mejor es investigar por uno mismo, porque a lo mejor lo que a mí me parece bueno a otro le parece regular. Creo que hay que investigar e ir mucho a la librería y comprar, que últimamente se está perdiendo un poquito la costumbre. Me encanta eso de perderme en una librería.

     

    Se me ocurre que también lo podríamos acompañar de tu próximo libro, pues, como hemos podido leer en tus páginas web, ya estás escribiendo una segunda parte. ¿Cómo va a ser?

    Sí, en ello estamos. Estoy empezando. Va a ir un poco en la línea de éste, pero va a partir de opiniones de muchas personas que me han contado dónde han encontrado ellos la felicidad, en qué momento la perdieron y por qué no supieron cómo recuperarla. Quiero abrir el tema desde las personas.

     

    Y ahora que hablamos de orígenes... La felicidad a la vuelta de la esquina lleva como subtítulo “el retorno de lo esencial”. ¿Que es para ti lo esencial?

    Para mí lo esencial son aquellas pequeñas cosas que pasan desapercibidas, que las ves como algo tan normal que las olvidas: un abrazo, una sonrisa, una charla con un amigo, un paseo, ver el mar... 

     

    Es que la felicidad no es el final, es el camino, ¿verdad?

    Sí, sí, es el camino. Yo considero que la felicidad es un viaje, igual que la vida misma. La vida tiene que ser disfrutar de cada momento. Hasta incluso de aquello que nos gusta menos, que no nos apetece. Esas cosas que cuando ya las tienes hechas, te lo replanteas y te das cuenta de lo bien que te lo has pasado haciéndolas, de lo bien que ha estado. Hay que disfrutar.

     

    La vida tiene que ser disfrutar de cada momento... incluso de aquello que nos gusta menos, que no nos apetece.

     

    A veces tenemos ideas preconcebidas, y tenemos miedo, y es eso lo que tú cuentas en La felicidad a la vuelta de la esquina, que a veces tenemos miedo de cosas que nunca llegarán a pasar...

    Sí, en nuestra mente tenemos o el mayor enemigo o el mejor aliado, y los miedos muchas veces son cosas que nunca van a suceder. De hecho, el 90% de los miedos que tenemos luego nunca ocurren. Entonces, debemos intentar creer que no va a salir mal.

     

    Cuando estemos tristes, podemos empezar a sonreír, y sólo con eso ya nuestra actitud cambiará. Ése es otro de los mensajes que das en La felicidad a la vuelta de la esquina. Entonces, ¿qué fue antes, la sonrisa o la felicidad?

    Habría que remontarse a mucho tiempo atrás, ¿no? Pero considero que desde que nacemos sonreímos. Yo creo que primero es la sonrisa. A lo mejor un bebé es feliz, pero como no le puedo preguntar si lo es... Está claro que la sonrisa la tenemos desde que nacemos.

     

    Las emociones se contagian, tanto las buenas como las malas. Con la llegada de la crisis parece que aquellas más negativas se han hecho con el control de las almas de los ciudadanos. ¿Crees que estamos utilizando la crisis como excusa para estar tristes y regodearnos en el victimismo?

    Yo lo que considero es que hay demasiada información negativa, y yo personalmente no la sigo, y si lo hago es para estar un poco informado de lo que pasa. Pero reconozco que mucha gente se regodea en eso, se excusa. Hay gente que dice que va mal pero no está buscando trabajo, argumentando que “¿para qué? Si esto está fatal”. Entonces yo les digo que a lo mejor es un buen momento para estudiar o emprender.

    Claro que la crisis está ahí, no hay que negarla, pero quizá si quitamos la queja y empezamos a pensar en cómo mejorarla desde nuestra parcela... Es necesario pensar más en cómo puedo, a nivel personal, hacer que todo esto sea un poco mejor.

     

    ¿Tú ves la televisión en casa?

    La veo muy poco. Por ejemplo, veo programas como el de Risto Mejide, Viajando con Chester. Veo programas que aporten cosas y en los que hablen personas desde un nivel humano. A veces veo algo de información, pero lo hago más por las redes sociales que por los informativos de la televisión. 


    Aparte de asistiendo a conferencias, leyendo libros, meditando… ¿De qué manera crees que podríamos integrar la psicología, el crecimiento personal y el autoconocimiento en nuestra vida diaria?

    Desde que somos niños. Simplemente añadir una asignatura de inteligencia emocional, por ejemplo, sería genial. Y, por supuesto, hablarlo en los medios de comunicación, haciendo programas enfocados a este tipo, no tanto buscar el famoseo, la crítica, el hacernos daño los unos a los otros... Sería mucho mejor entrevistas, charlas TEDx por ejemplo... sería genial.

    Imaginaos todo eso en hora punta en televisión... o cubrir un “Inspiration day” o un congreso de la felicidad... En vez de eso cubrimos un partido de fútbol o unas Olimpiadas... Entonces, para hacer una reforma nos tendríamos que enfocar en la educación, los medios de comunicación y en todos los campos.

     

    Lo que explicas en el libro parece tan fácil y obvio... ¿Por qué no nos lo enseñaron en la escuela? ¿O nos lo enseñaron y no nos acordamos?

    Yo personalmente no me acuerdo de que me enseñaran todo esto; yo creo que, de hecho, ahora ya se está inculcando [sic] la inteligencia emocional como asignatura, en Canarias y en más lugares. Tengo una amiga que ha creado Pequeños Pensadores, que está centrado en aplicar la inteligencia emocional ya desde pequeños, y ya está inculcándola [sic] en algunos colegios e institutos. Pequeños Pensadores está en Alicante y Albacete, pero creo que esto va a ir a más. Me alegra mucho porque tengo un niño pequeño y me encantaría que esto ya formara parte de su educación.

     

    Entonces, con todo esto, ¿crees que se avecinan tiempos buenos para los coaches?

    Me gustaría decirte que para todos, coaches o no. Yo pienso que esto va a ir a mejor, de hecho siempre hay que pensar eso, que lo mejor está por llegar. Y yo, como coach, creo que siempre habrá gente que quiera luchar por un objetivo aunque no haya crisis, aunque vaya todo bien; habrá gente que quiera cambiar un estilo de vida, conseguir otro puesto de trabajo... No tiene que ir asociado a una crisis.

     

    El positivismo reina en el libro. A menudo das consejos para no llegar a sufrir. Pero ¿crees que es importante tocar fondo para, una vez desde allí, valorar lo que podemos llegar a ser y decidir remontar nuestras vidas?

    Personalmente yo nunca he tocado fondo, pero porque siempre he visto el vaso medio lleno o lo positivo de la vida. Aunque no haya tocado fondo, no creo que tenga que repuntar más que otro. Como decíamos antes, hay que cultivar el optimismo y contagiarlo y no dejar que sea algo idílico, sino algo real. Tenemos que poner de nuestra parte para hacer algo mejor.

     

     Hay que cultivar el optimismo y contagiarlo y no dejar que sea algo idílico, sino algo real.

     

    Aunque la felicidad dependa de uno mismo, ¿es posible hacer feliz a alguien?

    Por supuesto. No hace falta comprar nada, sólo con pequeños detalles. Unas buenas palabras por la mañana, un abrazo, una caricia... O llamar a nuestros padres y, aparte de preguntarles cómo están, decirles que los quieres mucho... Esas cosas que no significan nada monetario consiguen grandes cosas. Por ejemplo, ayudar a otra persona desinteresadamente... A veces ayudas y hay alguien que piensa: “¿Querrá algo?”. Pero no; yo hablo de una ayuda desinteresada que haga feliz a mucha gente.

     

    ¿Como ves la solidaridad en España?

    Considero que ha ido a más y a mejor. No sé si la crisis ha servido para humanizar más a las personas o a hacerlas más altruistas y generosas, pero sí es verdad que en el ambiente por el que me muevo sí que veo otra mentalidad y otras ganas de aportar y de ayudar y un nivel humano más alto.

     

    ¿Tú colaboras en alguna asociación?

    Siempre que puedo. Hay días que me llaman de una ONG para dar una charla, o para ir a una residencia o regalar libros para subastas benéficas... Dentro de mis posibilidades, he hecho lo que he podido.

     

    En EPDH hablamos continuamente de la importancia de cuidarse a uno mismo, de salud, de deporte… ¿Ser felices mejora nuestra salud?

    Por supuesto. Hay que alimentar todo, cuidarnos bien por dentro y por fuera. Yo considero importante formarnos, leer y aprender. Hay gente que tiene 54 años y ya dice que ha aprendido todo lo que tenía que aprender. Yo no estoy de acuerdo con eso: creo que tenemos que formarnos hasta que estemos aquí, hasta que podamos; bien sea leer un libro, hacer un curso, viajar, cuidar nuestro cuerpo y hacer ejercicio en la medida de lo posible. Todo eso conlleva felicidad también.

     

    Todo con esfuerzo, ¿verdad? Entonces, ¿cómo te vas a esforzar en tu futuro? ¿Qué te depara?

    Me gustaría seguir aportando. ¿De qué manera? Pues a través de otro libro que estoy escribiendo, a través del coaching, charlas... Ya me han llamado para ofrecer conferencias en mi parcela, y como es lo que me gusta, lo que me apasiona, sé que lo haré bien. Me encanta lo que hago y voy a transmitir esa pasión.

     

    Las personas aprendemos por imitación. ¿A quién has imitado para llegar donde estás?

    Más que imitar, yo diría aprender. Imitar no he imitado a nadie porque creo que todos, aunque queramos, somos seres únicos y especiales... Quizá brillemos más en un aspecto que en otro, pero imitar no. He aprendido de mis padres y de los profesores, sobre todo de aquellos que tenían algo que de verdad te enseñaba. También de personas que he ido leyendo a lo largo de mi vida... No hay nadie en especial, pero sí que me he empapado de lo bueno de la gente. Normalmente te acuerdas sobre todo del entusiasmo que le ponía aquel profesor, el que te decía alguna cosa que te hacía pensar... 

     

    Creo que el conocimiento es importante, pero el esfuerzo y la dedicación son cosas que te quedan ahí grabadas.

     

    Entonces, ¿eres feliz?

    Si no fuera feliz no podría haber escrito este libro. Hay gente que me dice: “Has escrito el libro, ¿ya eres feliz?”. Y yo digo que si no hubiera sido feliz antes, no habría sido capaz de escribirlo. Es verdad que la felicidad no está las 24 horas del día; son momentos del día, y dentro de la semana hay días mejores... Pero realmente es un bienestar global que te hace sentir bien contigo mismo y con quien te rodea.

     

    ¿Cómo crees que tu libro está cambiando el mundo?

    Más que cambiar el mundo me gustaría que a alguien le sirviera, que le llegara al corazón; saber que le ha hecho ver las cosas de otro modo, que le ha ayudado a superar algún miedo.. Cambiarlo es muy fuerte, pero por lo menos que aporte cosas positivas.  

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    Entrevista Pedro Martinez Libro

     

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