Cómo saber si una mujer es psicológicamente madura

    Cómo saber si una mujer es psicológicamente madura © Depositphotos.com/Tsyhanova

    En mi libro “El príncipe azul que dio calabazas a la princesa que creía en los cuentos de hadas” trato de enseñar a los hombres a diferenciar a las mujeres que merecen la pena, pues saben amar, de las que les complicarán la vida.

    Es más, no todas las mujeres inmaduras emocionalmente, esto es, con “complejo de damiselas con la diadema floja”, son malas personas.

    Algunas, simplemente, tienen la autoestima baja y poseen una misérrima valoración de ellas mismas, lo cual provoca que transijan, traguen y consientan que los demás las vapuleen.

    Cómo saber si una mujer es psicológicamente madura

    Las damiselas con la diadema floja, no reparan en el daño que se infligen, porque, diariamente, se autoabastecen con una buena ración de inferioridad, esto es, salen de casa sin haberse tomado cuarto y mitad de dignidad, sin la corona de reinas antimachistas y antimisoginia y con las defensas emocionales hechas unos zorros. 

    Las damiselas cínicas y manipuladoras que van de buenas son una subespecie de damiselas de diadema floja que pincha mucho y destiñe una barbaridad.

    Éstas se hacen las tontas y las sufridoras. Aparentan sufrir por culpa de un hombre cuando, en realidad, le tienen pillado y lo aprietan hasta ahogarle el alma ¿No me crees?

    Mujeres enquistadas que se creen reinas

    Suele suceder que muchas mujeres se consideran reinas porque están convencidas de que, para ser reina, basta con repetirlo varias veces en voz alta o darle calabazas a un hombre.

    Pero no son reinas, sino enquistadas; esto es, suelen tener quistes en el corazón y cinismo en su razón.

    Se hacen las inocentes y las pobrecitas (“complejo de  victimismo damiseril”) por la supuesta culpa de un hombre al que no pueden dejar o decir “no”, porque le aman.

    Alegan no saber qué hacer con él, aun viendo que la relación no tiene futuro -¿hay quien dé más cinismo?-. Eso sí, ellas se empecinan en esperar, persistir e insistir en que él cambie.

    Obviamente, quien tiene que cambiar es él. Siempre él, y nadie más que él. Ellas, jamás de los jamases.

    Si de verdad fuesen reinas, les dejarían en paz. Pero la damisela se pasa la vida haciendo que él la deje con el fin de poder lamentarse y, de paso, dar la tabarra a sus amigas.

    Y siempre encuentra nuevas razones para lamentarse al tiempo que escupe más reproches que ayer pero menos que mañana, dándole a la manivela de la acusación con frases hechas para la ocasión:

    - “Lo nuestro no tiene futuro…”

    - “Pero es que yo te quiero tanto…”

    - “Quiero que todo vuelva a ser como al principio…”

    - “Si me quisieras, no me harías esto…”

    - “Júrame que no volverás hacerme eso…”

    Son manipuladoras. Además de egoístas, egocéntricas, narcisistas y cínicas. Una subespecie de damiselas ciertamente peligrosa para los hombres.

    Empero, si es un “damiselo”, éste será igual de peligroso para una mujer. Los egocéntricos suelen ser muy manipuladores, pues no dudan en hacer lo que sea para salirse con la suya.  

    A los hombres les han fomentado el triunfo en el trabajo porque de la vida emocional ya se ocupaban las mujeres. Mientras que, a las mujeres, les han enseñado que hay que luchar por atrapar a un buen marido –y en ello siguen, a pesar de estar en el siglo XXI-.

    Por si esto fuese poco, ahora han optado por estar resentidas, razón por la cual han decretado venganza en nombre de todas las mujeres de otras épocas.

    Si antes los canallas eran los hombres, en la actualidad ellas les han arrebatado el testigo y tomado la delantera.

    ¿Son todas las mujeres iguales?

    ¡Por supuesto que no! Hay mucha mujer maravillosa, buena persona de verdad, honesta, sincera, amable y de alma limpia.

    Empero, las resentidas, cínicas y manipuladoras pueden destrozar la vida de quien les abre la puerta de su corazón confiadamente.

    A algunas de ellas es difícil verlas venir, porque se hacen las solícitas, amables, educadas e incluso las desvalidas.

    Si un hombre cae en sus garras se esforzará en apartarle de su familia, o incluso de sus hijos y amigos con tal de monopolizarle.

    Son celosas a muerte y quieren tenerlo todo controlado sin importarles lo más mínimo si con ello le hacen la vida insufrible al pobre hombre que se dejó atrapar.

    Consejos para no liarte con una damisela

    - Déjate la tontería y la seducción en casa.

    - Tómate cuarto y mitad de sentido común antes de salir de casa.

    - Añadirle unos cuantos kilos de dignidad al sentido común.

    - Prepárate una lista de preguntas para sonsacar información.

    - Ponte gafas de ver lo oculto detrás de las apariencias.

    - Hazte con una varita pincha falsedades.

    - No escuches los cantos de sirena.

    - No pretendas deslumbrarla.

    - No te hagas el desvalido.

    - No te hagas el interesante.

    - No te hagas el listo.

    - No te pases de educado y “listo para ayudar”.

    - No te creas de vuelta de todo y a salvo de diademas flojas.

    - Ninguna damisela es tu hermana, tu madre y mucho menos una hermanita de la caridad.

    - Si va de amiga con derecho a roce, no creas que te va a salir gratis.

    - No ignores las señales de peligro.

    - No te creas sus historias de “mi marido no me comprende”; las usará para liarte.

    - Si sólo te importa un buen físico, eso es lo que tendrás, nada más.

    - Si una mujer aguanta que le hagas malas pasadas, no es que sea comprensiva, es que está damiselada perdida.

    - Si te sientes solo, compañía tendrás, pero no a cualquier precio. La soledad es muy mala consejera.

    - Una mujer con problemas, lo mismo que un hombre con problemas, es un ser humano con problemas, luego no esperes que vuestra relación no tenga problemas.

    - Si sólo te relacionas con mujeres problemáticas, está claro que tú tienes un problema, y deberías hacértelo mirar.

    - Tener pareja y relacionarte con alguien que le hable a tu alma no son sinónimos; la mayor parte de las veces son universos paralelos.

    Cómo reconocer a una damisela

    Muchas damiselas no lo parecen. Sin embargo, hay señales de alarma inminente.

    Muchos hombres son alertados de que esa “princesita” de inocente no tiene nada de nada, pero ellos ya han caído en las tuercas de su diadema y no saben ni quieren –sobre todo esto último- ver la diferencia.

    Algunas de estas señales de alarma:

    - Estas inocentes princesas se afanan en hacerle creer a un hombre con vocación de príncipe azul, o demasiado confiado, que ellas son lo mejor que les ha podido pasar.

    La madre de él, con o sin razón, pasa a ser un poco mala, si no muy mala.

    - Se dedican a lavarle el cerebro al hombre con técnicas propias de secta.

    Los amigos de ella pasan a ser los de él. Usan la omisión o “imposición disimulada”. Este paso es parte de la abducción a la que lo está sometiendo.

    - Mientras con él es sumamente cariñosa y empalagosa, con la familia de él es antipática, amén de propiciar que surjan conflictos entre él y los suyos.

    Necesariamente tiene que enfrentarle con su familia de origen, puesto que es parte del plan para llevarle a su torre del homenaje.

    - Le llama mucho de día y de noche. Se trata de anclajes auditivos, además de invasivos; así, él acabará por pensar que ella es lo único que de verdad vale en su vida.

    - Para acabarlo de liar, ella se hará la interesante de muchas y variadas maneras: una de ellas es fingir que tiene problemas de algún tipo.

    - Nunca encontrará tiempo para estar con la familia de él, pero no lo confesará abiertamente, sino que hará muchos planes con otra gente.

    - Si ya le ha echado el lazo y además de anillo ya tienen niños, seguro que usará a los niños para fastidiar a la familia de él: no se los dejará ver, no los llevará a casa de sus abuelos paternos, les dirá que para verlos vayan a su casa porque los niños tienen sus horarios…

    Así que ya sabes, mantente atento y no te dejes embaucar por una damisela que se dedicará a absorber todas tus energías.

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