No vendas tu Ferrari: ¡Sácalo a pasear!

    No vendas tu Ferrari: ¡Sácalo a pasear! © Depositphotos.com/Innervision

    No hay nada malo en poseer cosas. Lo malo es cuando éstas nos poseen.

    Las cosas en la Tierra están hechas para disfrutarlas, no para machacarnos la moral o destrozarnos la autoestima en función de si las poseemos o no.

    Carecer de algo material no debería ser motivo de frustración o de auto-adjudicación de la maldición de la inferioridad.

    No vendas tu Ferrari: ¡Sácalo a pasear!

    Lamentablemente, demasiadas personas vinculan su valía como seres humanos a cosas materiales que no tienen más valor que aquel con el que el propio ser humano les ha dotado.

    Cuando nacemos venimos sin nada externo, dado que todos los recursos para vivir nuestro destino los albergamos en nuestro interior: ahí reside la genialidad. Y el amor, la alegría, la capacidad para hacer milagros, la inteligencia, la compasión: la vida en sí misma. 

    Cuando morimos, todo lo material se queda aquí. Por eso, entre medias, mientras estemos aquí, haríamos bien en disfrutar de las cosas materiales sin agobiarnos por tenerlas o carecer de ellas: sólo disfrutarlas.

    Observa a los niños: juegan, ríen, disfrutan… No tienen en cuenta el precio del juguete con el que juegan.

    De hecho, sea caro o barato, ellos juegan igual y le ponen la misma imaginación, alegría y divertimento.

    Ojalá los mayores hiciéramos eso: habría más felicidad y alegría en el mundo, y humanos más saludables.

    No te compliques la vida; haz como los niños: juega con el juguete sin tener en cuenta el precio.

    Asimismo, ellos también viven en un eterno presente –que, por cierto, es el tiempo en el que opera nuestra mente-, lo cual les posibilita centrarse en lo que hacen sin preocuparse de lo que vendrá después. Ya están los mayores para hacerse la vida miserable…

    Cuando se establece una relación amor-odio con el dinero

    Cuando la gente es infeliz lo paga con el dinero. Esos papeles de colores suelen ser los “paganinis”, los receptores de todas las acusaciones y maldiciones.

    Es una relación amor-odio, ya que al tiempo que le echan la culpa de la infelicidad, si lo poseen encuentran una poderosa razón para vivir.

    Pero ni lo uno, ni lo otro. El dinero facilita la vida porque paga cosas, pero no da la felicidad: eso es responsabilidad personal.

    No me voy a poner a disertar sobre si sería mejor o no un mundo sin dinero. El dinero no tiene la culpa de nada, es la gente quien lo usa para sus fines personales.

    Hace siglos, el hombre halló en un trozo de papel la manera más fácil y estúpida de poder, de un absoluto poder sobre sus semejantes, y con la connivencia de los mismos.

    “El hombre feliz no tenía camisa”: nunca me tomé esta frase literalmente. Más bien, siempre he creído que significaba que no tenía apego a sus cosas materiales.

    El dinero no da la felicidad

    En el no apego reside la felicidad. Uno puede poseer, pero no debe creerse eso que posee ni supeditar su felicidad al dinero que atesora.

    El dinero es, simplemente, papeles que deben usarse para facilitarnos la vida, no para amargárnosla. Cuando uno se cree su dinero o su ausencia, está perdido. Se puede ser feliz con poco y con mucho dinero.

    Los que han supeditado su valía, su felicidad y su bienestar interior a una cierta cantidad de dinero (la que ellos establecieron como la cantidad perfecta o baremo socialmente aceptado, digámoslo así), descubrieron, cuando consiguieron poseer tal cantidad, que la felicidad se les había vuelto a escapar.

    Si basamos nuestra seguridad y felicidad en valores interiores tendremos la confianza para salir adelante en cualquier situación.

    Pero, sin esos básicos, ninguna cantidad obrará el milagro anhelado. Los brokers, banqueros y las marcas de alto standing tiran de los hilos de la ansiedad y la credulidad, ponen carnaza y pescan a un montón de incautos dispuestos a creerse por encima de los demás con la sola posesión de tal o cual artículo.

    Ningún Ferrari, por maravilloso que sea, posee la fórmula de la felicidad. Ninguno. Uno puede tener uno o varios, pero será feliz o no en función de otras variables o razones vitales.

    ¿Qué pasaría si fueras a morir mañana?

    El fin de los tiempos: si nos dijeran que nos quedan cinco meses de vida, ¿cómo nos lo tomaríamos? ¿Qué haríamos? ¿Qué nos compraríamos?

    Cuando morimos, de nada nos sirve ya el dinero. En el cementerio están todos igualmente muertos, estén enterrados en tumbas humildes o en fastuosos mausoleos. Todos, invariablemente todos, están igual de muertos.

    Cuando paseo por un camposanto siempre deseo que los que allí están supieran disfrutar en vida de lo material o, como poco, de lo inmaterial.

    No te estoy sugiriendo que te hagas hippy o que dejes tu trabajo y pases de todo –si quieres hacerlo, estás en tu derecho: es una opción-.

    El amor es la mejor medicina

    Sin embargo, permíteme que te diga que no escatimes en dedicarte tiempo a ti y a tu familia: a veces, los hijos no tienen buena relación con sus padres porque de pequeños estos no estuvieron presentes, sólo les dieron dinero.

    No-vendas-tu-FerrariMuchos adolescentes rebeldes sin causa son simplemente seres humanos perdidos como barcos a la deriva. Por más dinero que sus padres gasten en buenos terapeutas o en clínicas de desintoxicación o para tratarles la anorexia, el amor no puede ser sustituido.

    Nada es mejor ni más sanador que el amor, la atención, el hacerle ver a los seres queridos que realmente lo son, que sí importan.

    Dale dinero a un bebé y no sabrá qué hacer con ese pedazo de papel. Pero si le das amor, seguro que sonreirá.

    Sé feliz, disfruta de lo que tienes y no te amargues la existencia pensando en lo que no tienes.

    No concedas al dinero el primer puesto en tu vida; es más: no le concedas tu vida. No le des tu vida al dinero a cambio de un poder que no tiene. Ese supuesto poder se lo concedes tú, puesto que él, en sí mismo, no existe.

    Asimismo, hemos estructurado las importancias alrededor del mismo desasistiendo lo que realmente importa en nuestras vidas.

    En su carencia de significado en la etapa inicial - nuestros primeros meses y años de vida- radica el por qué, según Freud, de su futilidad en la edad adulta.

    Puedes ser todo lo rico que quieras, pero disfruta de lo que tienes independientemente de que sea mucho o poco.

    Para recordar

    - Disfrutar es la clave.

    - Disfruta como cuando eras niño, dejando de lado el precio de las cosas.

    - Disfruta de una puesta de sol.

    - Disfruta de tu suite en un hotel de cinco estrellas o en una casa rural.

    - Disfruta de cada instante como si fuera el último.

    - Decide que el solo hecho de tener un euro ya es tener dinero.

    - No te amargues la existencia en función de la cantidad de dinero que posees o de las cosas de las cuales careces.

    - Tu mente te cree, da por válido lo que tú le das en forma de vivencias, creencias, sensaciones… Ergo, dale prosperidad y riqueza

    - Si quieres, serás capaz de ser rico, disfrutar de lo que tienes y sentirte una persona próspera y feliz.

    - Haz de tu mundo un mundo de felicidad, alegría, esperanza y confianza. Convéncete de que siempre tendrás todo lo que necesites.

    - El sarcasmo y la decepción déjalos para los nihilistas que le niegan a la vida su significado, su sentido y su valor.

    - Aunque, bien mirado, sí podríamos ser nihilistas en el sentido que le dio Ivan Turgenev en su novela “Padres e hijos”: "Nihilista es la persona que no se inclina ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio como artículo de fe". Eso bien podría regir en el dinero.

    - Disfruta de la vida mientras la tengas. Aprende a facilitártela y hacértela agradable y armoniosa.

    - Simplifica.

    - Vive cada día con la actitud de un niño, y ve solamente lo verdaderamente importante, lo esencial: el amor.

    - Disfruta, porque por más dinero que tengas no podrás comprarte el mundo. Y, la verdad sea dicha, ¿para qué querría alguien comprarse el mundo?

    - No seas esclavo de esos “importantes” que tienen mucho dinero. Tú tienes libre albedrío para diseñar tu vida.

    - El dinero va y viene por la vida; la persona, su calidad humana, su singularidad, permanecen.

    Para reflexionar

    Si fueras una persona millonaria:

      1. ¿Qué harías con tu vida?
      2. ¿Cómo gestionarías tu tiempo?
      3. ¿Qué sueños harías realidad?
      4. ¿Cómo te comportarías?
      5. ¿Con qué gente te codearías?
      6. ¿Qué cosas comprarías?
      7. ¿En qué emplearías tu talento?
      8. ¿De qué tipo de gente pasarías?
      9. ¿Qué no harías?
      10. ¿Qué pensarías de ti mismo?

    © Rosetta Forner

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