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¿Te falta tiempo? Organiza tus prioridades

    ¿Te falta tiempo? Organiza tus prioridades © Depositphotos.com/Coolfonk

    ¿Quedamos esta tarde para tomar un café? ¿Te apuntas a una charla el jueves por la tarde? ¿Organizamos una comida este fin de semana, que hace mucho que no nos vemos? ¿Vienes a comer a casa? ¿Quieres venir a clases de yoga?

    Éstas y muchas otras preguntas acaban a menudo con una misma respuesta: “No tengo tiempo”.

    ¿Te falta tiempo? Organiza tus prioridades

    Escuchamos esta afirmación y muchas de sus variantes: “No puedo llegar a todo”, “no puedo partirme en dos”, “el día tendría que tener 48 horas”, “no tengo tiempo para mí”.

    Las oímos mucho más a menudo de lo que nos gustaría, sobre todo si tenemos en cuenta que es una forma de autoengaño de lo más extendida.

    Todas las personas disponemos del mismo tiempo. Las semanas tienen siete días, y los días 24 horas. Otra cosa es lo que hacemos cada uno de nosotros con ese tiempo.

    Puede que el problema no sea una falta de tiempo sino una mala gestión de éste, aunque a mi juicio es más bien una cuestión de prioridades.

    Cuestión de prioridades

    Cuando sales de trabajar puedes irte al gimnasio o recoger a tus hijos y llevarlos al parque; cuando llega el fin de semana puedes limpiar la casa, salir a pasear o escaparte a un hotel en la sierra.

    ¿Cuál es el problema de esto? Que, como en tantas otras cosas, hay que elegir. Y no nos engañemos, señores; aquí el problema no es el tiempo, sino tu escala de prioridades.

    El tiempo es un bien mucho más valioso de lo que somos conscientes, de ahí que nos convenga plantearnos más seriamente en qué queremos emplearlo y en qué no.

    Un día que pasa ya no vuelve, y puede que eso que tanto esperas nunca llegue. No es una cuestión de qué es mejor o peor, sino de qué te hace más feliz.

    Aunque a veces no entendamos por qué alguien elige hacer una cosa en lugar de otra, no podemos olvidar que al final cada uno elige en función de dónde prefiere estar o qué le gusta más hacer.

    Lo urgente vs. lo importante

    Cuando tenemos muchas tareas que realizar y se nos acumulan empezamos a agobiarnos y a crearnos estrés. Una forma muy sencilla de evitar entrar en esta vorágine de emociones negativas y frustración es diferenciar lo que es urgente de lo que es importante.

    Cuando decimos que algo es urgente es porque tenemos que prestarle una atención inmediata, pues generalmente no nos queda mucho tiempo para hacerlo.

    Las tareas urgentes tienen una fecha límite y normalmente hemos esperado hasta el último momento para pensar en ellas. “Tengo que comprarle un regalo, hoy es su cumpleaños”, “tengo que estudiar, mañana es el examen”, “tengo que preparar la reunión, esta tarde vienen los jefes”.

    A menudo las cosas que creemos urgentes nos impiden ver las que son realmente importantes.

    Cada uno considera importantes unas cosas distintas, pero todos coincidimos en que son ésas que tienen que ver con nuestros objetivos, con lo que nos hace sentir bien, con lo que aporta a nuestra misión en la vida.

    ¿Por qué entonces las dejamos en el fondo del armario cubiertas por las miles de urgencias que nos creamos a diario?

    Te recomiendo que hagas una lista de las cosas que tienes programadas para la siguiente semana. Comprueba cuáles de ellas son urgentes y cuáles son importantes.

    Asegúrate de que estás priorizando de forma acertada, no según lo que los demás esperan de ti, sino con arreglo a lo que tú realmente quieres hacer.

    Quienes creen que todo lo urgente es importante a menudo son personas que viven según las prioridades de los demás y no de las suyas propias.

    Ocúpate de planificar y organizar las tareas de manera que no lleguen a ser urgentes y así evitarás perder de vista lo que realmente es importante.

    Saber delegar

    Todos tenemos obligaciones y responsabilidades que no podemos eludir, pero seguro que también hay cosas que podríamos delegar.

    Hay personas que se empeñan en hacerlo todo y que no se dejan ayudar, en ocasiones porque piensan que todo es cosa suya y no quieren molestar a otros o tal vez porque no confían en que otros lo puedan hacer igual que ellos.

    Puede que te sea útil preguntarte qué funciones son responsabilidad tuya y cuáles te convendría delegar. ¿Hasta qué punto las cosas depende de ti? ¿Qué pasaría si las hiciera otra persona? ¿Qué ganarías cediendo tareas a los demás? ¿Para qué quieres hacer tú todo eso?

    Contar con el apoyo de las personas que nos rodean no tiene nada de malo, siempre y cuando uno sepa hasta qué punto está delegando y hasta qué punto está abusando.

    Ocúpate de las funciones que te competen y no cargues con lo que no es tuyo; seguro que de esta forma encuentras más tiempo para ti.

    Para acabar, te recomiendo que escribas en un papel cuáles son las verdaderas prioridades en tu vida: tu pareja, tus hijos, tus padres, tus amigos, tus sueños, tus aficiones… o tu trabajo, tus reuniones, la limpieza o la compra.

    Así, si pretendes ocuparte de todo lo que precisa de tu atención, podrás tener en cuenta poner primero lo primero antes de ocuparte de lo último; si no, puede que cuando quieras darte cuenta lo primero ya no te quepa.

    Este estupendo vídeo nos aporta algo más de luz a través de su historia.

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    ¡Compartir es vivir!

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