Juegos de poder

    Juegos de poder © Depositphotos.com/Konstantynov

    El concepto de los juegos de poder fue desarrollado por Stephen Karpman. Según él, existen tres roles principales en estos juegos: perseguidor, víctima y salvador.

    Jugamos a estos juegos de manera inconsciente y porque nos reportan ciertos beneficios psicológicos.

    Se dan principalmente debido a la falta de asertividad de los participantes, que no expresan de manera clara y concisa sus deseos y necesidades.

    Por ello nos enredamos en los juegos de poder, en los que realmente no se satisfacen las necesidades de los participantes ni se llega a soluciones útiles.

    El juego se repite hasta que alguien se cansa de jugar debido a la frustración que producen.

     Juegos de poder

    En el juego se representan tres roles diferentes: salvador, perseguidor y víctima.

    Éstos son roles que ejercitamos de manera inconsciente y repetitiva y que producimos mediante intercambios verbales y no verbales.

    Aprendemos estos intercambios durante la infancia, en el seno de la familia y la escuela, y los utilizamos para confirmar los mitos existenciales de cada uno.

    Por ejemplo, “en la vida se ha venido a sufrir”, o “no te puedes fiar de nadie”; también “¿por qué siempre me ocurre lo mismo?”.

    También podemos usar estos intercambios para manipular a los demás, es decir, para que los otros hagan algo sin pedírselo directamente, así como para evitar la intimidad, pues los juegos nos distancian de forma conflictiva con las personas, alejándonos de tener encuentros abiertos y sinceros.

    La víctima, el perseguidor y el salvador

    Los tres roles señalados tienen características que los definen:

    - La víctima

    Pide ayuda en un tema, aunque en realidad busca que otro asuma la responsabilidad por ella.

    Necesita de salvadores que refuercen su papel, por lo que se coloca en una posición de dependencia.

    En el fondo, sin embargo, lo que quiere es desacreditar al perseguidor victimizándose en público para que los demás se alíen con ella (la víctima) y rechacen al otro.

    - El perseguidor

    Busca sentirse superior como forma de esconder su inseguridad. Necesita de víctimas a las que criticar y culpabilizar.

    Puede generar conflictos como forma de reforzar su identidad de perseguidor, debido a que siempre encontrará víctimas a las que señalar además de  situarse en un contexto en el que pueda descargar su ira.

    - El salvador

    Busca víctimas a las que ayudar para sentirse útil. Sin embargo, siempre querrá algo a cambio de su ayuda: agradecimiento, respeto, reconocimiento, obediencia...

    Si no encuentra víctimas a las que salvar, se las inventa creando situaciones de desamparo.

    En el fondo, lo que busca es un reconocimiento que él mismo no se otorga.

    Aunque parezcan altruistas, actúan de manera egoísta, pues sólo buscan satisfacer su necesidad de reconocimiento.

    Cambio de roles

    Lo más interesante de los juegos de poder, desde mi punto de vista, es la facilidad con la que cambiamos de roles, de manera que el juego se repite incesantemente.

    Por ejemplo, es fácil que un salvador no se sienta reconocido y se transforme en víctima (“con lo que yo hecho por ayudar y ni siquiera me lo tenéis en cuenta”...); o que la víctima, cansada de su papel, se comporte como perseguidor (“no sois capaces de ver lo que sufro porque sois insensibles y no sois capaces de ayudarme porque sois inútiles”...).

    De esta manera, los roles se van intercambiando y generan nuevos conflictos dramáticos que parecen no tener fin. 

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