El apadrinamiento

    El apadrinamiento © Depositphotos.com/Polechkaaaa

    ¿Cuántas veces has pensado lo bien que le queda el nuevo corte de pelo a tu compañero de trabajo? ¿Alguna vez te has maravillado ante la simpatía de la conductora de tu autobús habitual? Y, sin embargo, ¿cuántas veces les has reconocido en voz alta todo eso que te gusta de ellos? Probablemente, ninguna.

    El apadrinamiento

    Qué fácil es darnos cuenta de lo bueno de los demás y qué poco solemos expresarlo abiertamente, ¿verdad?

    Los seres humanos, consciente o inconscientemente, le quitamos importancia al hecho de reconocer aquello que admiramos de nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo o incluso conocidos.

    Curiosamente, muchas veces destacamos lo negativo de ellos (“¡Qué cara llevas hoy!”, “¿ese traje no está un poco desteñido?”) antes que realzar lo positivo.

    Tenemos la oportunidad de generar energía positiva en la otra persona y en nosotros mismos, y sin embargo la desaprovechamos para hacer todo lo contrario.

    En Programación Neurolingüística llamamos “apadrinar” al hecho de acoger al otro y reconocer en él sus características positivas o aquellas que, por alguna razón, deseamos que mantenga.

    Ventajas de practicar el apadrinamiento

    Incorporar esta herramienta a nuestra vida y convertirla en hábito comporta ventajas como éstas:

    1.- Genera un clima de “buen rollo” a nuestro alrededor. El apadrinado se siente reconocido y reafirmado en su conducta, y quienes están a su alrededor reciben una información positiva y obtienen un modelo a seguir.

    2.- Abre y predispone al otro a lo que vayamos a hacer o a decir a continuación. Las personas no estamos habituadas a ser reconocidas por otros; por tanto, ante cualquier apadrinamiento externo lo más probable será que nos descoloquemos.

    Ese descoloque, sin embargo, será útil y para bien, pues la persona estará más receptiva hacia nuestro mensaje al sentir que puede confiar en nosotros.

    3.- Aumenta la autoestima. Como he apuntado antes, a los humanos nos resulta extraño que nos apadrinen. No estamos acostumbrados a tales demostraciones de afecto.

    Que alguien reconozca nuestra valía –ya sea en forma de piropo físico o de halago a nuestras capacidades o ideas- reafirma nuestra identidad e incrementa inmediatamente nuestro nivel de autoestima.

    4.- Los “padrinos” también salimos beneficiados. La mente es fácil de engañar: nuestro cerebro no sabe si el halago que estamos pronunciando va dirigido a otra persona o a nosotros mismos.

    Igual que cuando nos quejamos del tiempo o del tráfico se genera en nosotros una sensación de malestar, al apadrinar a otras personas nuestro cuerpo físico y nuestro estado mental se relajan y se dejan fluir.

    Cuando reconocemos algo en alguien lo estamos reconociendo, indirectamente, en nosotros mismos.

    El apadrinamiento puede llevarse a cabo de muchas formas diferentes. Lo único que hemos de procurar es que el otro se sienta reconocido.

    Para esto no hace falta ser muy explícito; como veremos a continuación, un simple agradecimiento puede ser suficiente.

    Formas de apadrinamiento

    1.- El agradecimiento

    Dar las gracias conscientemente a alguien es la forma más sencilla de apadrinarle. No basta con musitar un “gracias” de forma mecánica: el lenguaje corporal y el tono de la voz deben acompañar al mensaje oral.

    La mirada ha de estar fija en los ojos del otro, y todo nuestro estado interno ha de ser de profundo agradecimiento.

    El otro notará cuándo las “gracias” que le damos son reales y genuinas, y se sentirá inmediatamente reconocido y reforzado en su conducta eventual.

    2.- El anclaje

    “Anclar” a una persona significa grabar en alguien, mediante pistas kinestésicas (es decir, sensoriales, de tacto, gusto u olfato), el recuerdo de una conducta correcta o eficaz para que le resulte más cómodo repetirla en el futuro.

    Esta herramienta resulta muy útil para profesores: si, por ejemplo, un alumno acaba de responder en voz alta de forma correcta a una cuestión que solía costarle, acércate a él y, mientras le reconoces oralmente su proeza, apoya tu mano en su hombro y apriétalo ligeramente.

    ¡Ya le has anclado en esta conducta!

    3.- El apadrinamiento explícito

    De éste ya hemos hablado un poco más arriba: consiste, simplemente, en reconocer en voz alta lo que nos gusta del otro.

    Si ya lo practicas, pregúntate si pones toda tu conciencia en ello o si, más bien, lo utilizas como si accionaras una palanca; no es lo mismo decirle a tu pareja “qué guapa te veo” de forma mecánica que hacerlo conscientemente, de corazón, concentrándote en enviarle toda tu energía positiva en ese preciso momento.

    4.- El apadrinamiento silencioso

    El lenguaje corporal y el tono de voz suponen un 93% de la comunicación. De nada sirve que cubramos al otro de halagos si la postura de nuestro cuerpo y nuestra cadencia vocal no acompañan al mensaje oral.

    Si logramos un manejo maestro de nuestro lenguaje corporal y para-verbal (aquel que hace referencia al tono de voz), a veces no nos hará falta hablar para hacer llegar lo que queremos transmitir.

    El apadrinamiento silencioso es aquel en el que reconocemos lo bueno que hay en el otro y lo acogemos en nuestro espacio sin decir ni una palabra. Simplemente podemos mirar al otro a los ojos y enviarle mensajes mudos: “eres bienvenido”, “eres especial”, “eres valioso”, “tienes algo que aportar”, “te reconozco”…

    Experimenta el poder de estos mensajes y nota cómo puede marcar la diferencia en cualquier relación: padre-hijo, profesor-alumno, jefe-trabajador, etc.

    5.- El autoapadrinamiento

    Ante todo, recuérdate. Reconócete. Además de aprovechar el apadrinamiento a los demás para, indirectamente, apadrinarte a ti mismo, practica el autoapadrinamiento consciente.

    La primera persona a la que debes decirle “qué guapa estás” es a ti mismo, cada mañana cuando te arreglas frente al espejo. Tú eres el primero que se merece un agradecimiento por llegar donde hayas llegado, porque hasta ahora lo has hecho lo mejor que has sabido y que has podido.

    Mereces sentirte bienvenido, especial y reconocido, y ¿quién mejor para darte todo ese amor que tú mismo? Tú eres la persona más importante de tu vida.

    A todos nos gusta que nos reconozcan lo bueno que tenemos o las buenas acciones que llevamos a cabo.

    Sin embargo, esta necesidad tan humana se ve habitualmente desatendida por jefes, padres, profesores e incluso por nosotros mismos.

    Practica el apadrinamiento consciente y date cuenta de cómo tu entorno se convierte en un espacio más generativo y en el que resulta más agradable vivir.

    Consulta-online-desarrollo-personal Irene

     

     

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