¿Cómo haces para crearte problemas?

    ¿Cómo haces para crearte problemas? © Depositphotos.com/Itsmejust

    Si hay algo que la mayoría de las personas hacemos bien es crearnos problemas.

    ¿Te has parado a pensar alguna vez en cómo lo haces tú? Llamamos “crearse problemas” a lo que algunos llaman “complicarse la vida”.

    Disgustarse, preocuparse o sentir malestar por algo que pasa y que, en ocasiones, ni siquiera es propio.

    ¿Cómo haces para crearte problemas?

    Un problema sería, según la Real Academia Española (RAE), “un conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de un fin”.

    Aunque lo que realmente a mí me preocupa es: ¿Cuándo un problema empieza a ser un problema? Cuando generas un pensamiento erróneo.

    Con este artículo te invito a que averigües cuál es tu patrón de pensamiento, ese que repites de forma inconsciente una y otra vez antes múltiples circunstancias.

    A continuación te explicaré las formas más habituales de pensar que tiene la gente. Tal vez te identifiques con alguna de ellas, o tal vez no; lo importante es que a partir de ahora tomes conciencia de que el origen de muchos de tus problemas está en la forma en la que piensas.

    Pensamientos limitantes, erróneos o equivocados

    Los pensamientos limitantes, erróneos o equivocados son fuente de muchos malestares de nuestra vida cotidiana, además de constituir la máquina que nos ayuda a crear nuestros problemas.

    He aquí algunos ejemplos:

    - Exagerar las cosas

    Hay personas que tienen a dar importancia a asuntos que no la tienen. Ellos son los especialistas en hacer una montaña a partir de un granito de arena.

    Sin darte cuenta te enganchas a una cadena de pensamientos que te generan un malestar cada vez mayor.

    ¿Qué tiene de interesante esa pequeña cosa para que te entretengas en eso? ¿Cómo es que te desvías de lo que te importa para detenerte en ese tipo de temas?

    - Generalización

    Utilizar este tipo de patrón te creará conflictos en todas las áreas de tu vida. Se identifica con aquellos pensamientos que empiezan por “todo el mundo…”, “siempre me pasa que…”, “nadie entiende…”, “nunca sé…”.

    Es la tendencia de partir de un caso concreto y extrapolarlo a todas las situaciones que se le asemejen en algo.

    Si una vez tuve una mala experiencia con un gallego, me quedo con la creencia de que todos los gallego son malos; si una vez le conté lo que me pasaba a un compañero de trabajo y no me entendió, ahora ya sé que nadie en el trabajo entiende mi situación.

    Cada vez que construimos un pensamiento de este tipo estamos poniéndole un candado a nuestro cerebro en lugar de generar una mente abierta.

    - Ser extremista

    El patrón de que las cosas son blancas o negras es muy peligroso, y muestra una forma muy rígida de pensar.

    Es fácil crearse problemas a partir de este modelo, porque te dificulta empatizar con los demás e incluso te limita a la hora de generar alternativas o barajar opciones. ¿Para qué te acoges al extremo? ¿Qué pasaría si optaras por un gris?

    - Todo es mi responsabilidad

    Si te estás llevando todo al terreno personal, si piensas que cualquier cosa que digan o hagan los demás tiene que ver contigo, entonces no me extraña que te sientas mal.

    Empieza a discriminar lo que es tuyo y lo que es del otro tanto en lo personal como en lo profesional; no cargues con cosas que no son tuyas.

    Vigila los pensamientos de culpa que generas al pensar en los asuntos ajenos y corta esa vía de pensamientos lo antes posible.

    - Las comparaciones son odiosas

    Si no puedes evitar generar un pensamiento de tipo “él lo hace mejor que yo”, “yo no podría hacer eso”, “a mí no me hacen lo mismo”, etc., es porque partes de compararte con los demás.

    Éste es uno de los peores virus mentales que el hombre puede generarse. Cada individuo es único, y lo primero que tiene que hacer es aceptar las cualidades que le hacen único y centrar en ellas su atención.

    - Querer ser correspondido

    Muchas veces el origen de los conflictos con otras personas parte del pensamiento de esperar que los demás hagan lo mismo que nosotros, por esa ley no explícita de la reciprocidad.

    Esto está bien siempre que salgamos desde ser el ejemplo para el otro sin esperar nada a cambio. Si vives pensando en lo que los demás deben hacer según tú, además de sentirte muy frustrado porque pocas veces lo conseguirás, no estás atendiendo a lo que tú tendrías que hacer.

    Cada persona tiene un mapa mental distinto, y actúa él; lo que el otro decida hacer no dependerá de ti.

    Si te identificas con este tipo de conflictos te recomiendo que leas mi artículo “No intentes cambiar al otro, cambia tú”.

    Identifica tus patrones de pensamiento erróneos

    Éstos son algunos patrones de pensamiento equivocados, aunque hay muchos más (al igual que me atrevo a decir que hay tantas formas de crearse problemas como personas existimos en este mundo).

    La solución parte de identificar nuestra manera de pensar, y por tanto de actuar. Así como pensamos, así somos. Tomar conciencia de cómo pensamos es el primer paso, porque para poder cambiar algo lo primero es siempre darnos cuenta de ello.

    Reconocer que somos nosotros mismos quienes nos ponemos obstáculos para no conseguir nuestros objetivos supone una dosis de humildad y un requisito indispensable para seguir avanzando en nuestro crecimiento personal.

    Los mayores límites que nos podemos encontrar no están en el exterior, sino en nuestros pensamientos.

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    ¡Compartir es vivir!

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