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El viaje del héroe

    El viaje del héroe © Depositphotos.com/Michele Piacquadio

    Es curioso: si analizamos el proceso que seguimos cada vez que nos enfrentamos a un reto y salimos renovados y fortalecidos de él, nos daremos cuenta de que siempre damos los mismos pasos.

    Este mismo patrón se reconoce en gran parte de la literatura, la tradición oral o la cinematografía: una persona encuentra una dificultad y decide emprender un camino para superarla.

    Por el camino aparecen personas y situaciones que no se lo pondrán nada fácil, pero también aliados que le empujarán hacia delante.

    Finalmente, el sujeto regresa a su estabilidad, sólo que habiendo aprendido una lección que necesitaba para evolucionar él mismo y para motivar el desarrollo de su entorno.

    El viaje del héroe

    Aladín, don Quijote o Neo, el protagonista de “Matrix”, han pasado por lo que el mitógrafo estadounidense Joseph Campbell bautizó como “el viaje del héroe”.

    A continuación vamos a acercarnos a este camino que todos, sin excepción, hemos recorrido alguna vez, y que sin duda transitaremos en muchas ocasiones más…

    Así que ¿qué mejor que hacerlo de manera consciente, sabiendo en qué estadio nos encontramos en cada momento? ¡Vamos allá!

    El recorrido

    1.- La llamada

    En primer lugar, el héroe, o sea, tú, escuchas la llamada que te invita a pasar a la acción.

    Esa llamada puede venir en forma de crisis, de enfermedad, de dolor, de sentimiento de no pertenecer…

    En todo caso, la llamada viene acompañada de un sentimiento de incomodidad.

    Puedes aceptarla o ignorarla; si optas por esto último, el dolor crecerá hasta hacerse insoportable, obligándote a elegir la pastilla azul que Neo se toma en Matrix.

    Por ejemplo, imagina que un día empiezas a sentir que ya no te gusta tu trabajo.

    Tienes dos opciones: negar esa sensación de incomodidad (porque, en el fondo, es más cómoda que cambiar) o aceptar lo que te está ocurriendo y tomar conciencia de tu situación (o sea, aceptar la llamada).

    2.- Cruzar el umbral

    Ya has aceptado la llamada; ahora toca atravesar esa puerta que te lleva de tu zona de confort a tu zona de riesgo.

    Este paso implica valor, compromiso y responsabilidad.

    Sabes que no podrás volver atrás y que ya nunca volverás a ser el mismo, pero ahora mismo lo desconocido es infinitamente mejor que lo conocido, lugar que se te antoja arcaico y en el que ya no puedes evolucionar.

    Aceptas esa incomodidad. No sabes cómo será tu viaje, pero decides emprenderlo. Dejas tu trabajo. Entras en una esfera desconocida.

    3.- Encuentro con los guardianes

    Por el camino irás dándote cuenta de que no estás solo.

    Hay personas que saben por lo que estás pasando (quizá porque ya lo han vivido antes) y te apadrinan, guiándote y ayudándote a ver lo que tú no estás viendo.

    Los guardianes no recorrerán este camino por ti, y si han de dejarte caer y fallar para que aprendas del error, lo harán.

    Los guardianes pueden pasarnos desapercibidos: por ello es importante ir con los sentidos bien abiertos, para saber reconocer quiénes son nuestros aliados y qué nos pueden enseñar.

    De repente te reencuentras con un antiguo amigo de la infancia. Te dice que hace unos años abandonó su puesto de trabajo para desarrollarse en el campo profesional que realmente le apasionaba.

    Silenciosa y sutilmente, tu amigo te acompaña en este proceso: sabes que puedes apoyarte en él.

    4.- Afrontar a los dragones

    Al igual que hay aliados, también te encontrarás con dragones.

    Esos dragones pueden ser internos: miedos (al éxito, a la muerte, al desprecio), baja autoestima, creencias limitantes

    También pueden ser externos: situaciones límite, retos que parece que nos superan… De cada dragón podemos extraer una enseñanza, y será de ese modo como lo afrontaremos.

    A mitad del camino te das cuenta de que te falta formación para comenzar a dedicarte a tu talento natural.

    En un principio sientes miedo: “¿cómo voy a ponerme ahora a estudiar de nuevo?”, piensas.

    Sin embargo, gestionas esa creencia que te dice que las personas mayores de 40 no pueden volver a la Universidad y, con valor y decisión, transformas ese dragón en una oportunidad.

    5.- La transformación

    Al derrotar y transformar todos esos dragones desarrollas los recursos que te eran necesarios para completar con éxito tu propio viaje del héroe.

    Por el camino has experimentado una transformación: las creencias sobre ti mismo han cambiado (por ejemplo, has pasado de creer que no podías a que eres capaz); también lo han hecho tus valores (ahora priorizas, por ejemplo, la honestidad y el amor), tus capacidades y tus conductas.

    Tu identidad, por tanto, cambia: ya no eres el mismo de antes, eres una versión nueva y mejorada de ti mismo. Ya estás listo para volver a casa y mostrarte al mundo.

    Habiendo reunido y desarrollado distintos recursos y dedicándole tiempo y esfuerzo, has conseguido crear tu propia empresa.

    Por el camino has aprendido mucho sobre ti mismo y sobre el mundo. Estás listo para disfrutar de esta nueva etapa.

    6.- La vuelta a casa

    El héroe, tú, regresa a su vida anterior… sólo que transformado. Aunque todo sigue como antes, tú ya no lo sientes igual.

    Tu identidad, tus valores, tus creencias… todo ha cambiado, ha mejorado.

    El héroe está listo para ser recibido por su entorno. Ahora tienes la responsabilidad de mostrar al mundo todo lo que has aprendido: tu ejemplo vale más que cualquier explicación.

    Cualquier reto de menor o igual dificultad a éste será para ti un camino de rosas.

    Los desafíos que aparezcan a partir de ahora exigirán más de ti mismo, pero al mismo tiempo la recompensa será mayor.

    Con tu empresa nueva, te agradeces a ti mismo, a tus guardianes y a tus dragones todo lo que has aprendido. Tu ejemplo de superación es una inspiración para los demás.

    Eres el mensaje de algo grandioso.

    Detrás del fin de un viaje del héroe viene el inicio del otro.

    Las etapas de comodidad no suelen ser muy duraderas, y es conveniente que así sea: la incomodidad, si la aceptamos, es lo que nos empuja a crecer, a desarrollar recursos y a transformarnos continuamente.

    Recuerda que o estás creciendo, o estás muriendo. Sé un héroe.

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