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Mira siempre el lado positivo de la vida

    Ánclate en positivo © Depositphotos.com/Anastasia Krugovova

    “Esta mañana me he quemado con el café del desayuno. Me he vestido corriendo porque llegaba tarde al trabajo y, aunque he perseguido al autobús, éste se ha escapado en mis narices. Al llegar a la oficina me ha caído una bronca porque ayer olvidé acabar unos papeleos. Vuelvo a casa derrotado y mis hijos me dan la vara con que no quieren hacer los deberes. Al acostarme, a pesar de todo el cansancio, me cuesta conciliar el sueño…”.

    Mira siempre el lado positivo de la vida

    Esto, ampliado y multiplicado por días y días, se traduce en una espiral de negatividad. Una espiral que, si no sabemos cortar, puede acabar por hundirnos en la miseria: entonces perdemos la capacidad de darle un sentido a nuestra vida y nos limitamos a sobrevivir “aguantando lo que nos ha tocado”.

    Esto se torna más grave cuando descubrimos que lo negativo atrae a lo negativo, por lo que, si emanamos energía “pobre”, eso será lo que recibamos de los demás y de nuestro propio pensamiento.

    Por ello, al igual que entramos sin darnos cuenta en una espiral de negatividad, podemos, conscientemente, salirnos de ella para entrar en otra espiral muchísimo más generativa y agradable: la de la positividad.

    Es en esta espiral (que no es más que una actitud ante la vida) en la que conseguimos pensar con claridad, expresarnos con naturalidad, ser espontáneos y sacar el máximo partido a nuestras relaciones sociales y a nuestra creatividad personal.

    Lo primero, detectar nuestra espiral de negatividad

    Para ello, primero tenemos que detectar que estamos inmersos en una espiral de negatividad. Ésta no es una tarea sencilla.

    En cierto modo, nuestra sociedad da por hecho que los seres humanos tenemos que soportar cierta dosis de sufrimiento para ser, precisamente, eso, humanos.

    Y, ciertamente, si no existiese la tristeza no seríamos capaces de valorar la alegría.

    Sin embargo, una cosa es tener un mal día en el que nos apetece llorar y aislarnos, y otra muy distinta mantener un nivel medio-alto de frustración durante toda nuestra vida.

    Así que, si queremos darle un giro a nuestra forma de entender lo que nos pasa (“cambiar nuestro mapa”, como diríamos en Programación Neurolingüística –PNL-), nos conviene aceptar que, en algún momento, caímos en esa espiral de negatividad.

    Realmente, si sospechamos que estamos en ella, ya tenemos la mitad del trabajo hecho.

    Entonces sólo nos resta hacernos unas cuantas preguntas que evidencien la situación: ¿Tiendo a quejarme durante la mayoría del tiempo? ¿Reparo en mayor medida en lo negativo de mí mismo, de los demás y de las situaciones? ¿Soy capaz de convertir las desventajas en oportunidades?

    Dale la vuelta a la tortilla

    Una vez hayamos reflexionado sobre esto, viene la parte más divertida: darle la vuelta a la tortilla. Abandonar la espiral de negatividad y mudarnos a la de la positividad.

    Abandonar la espiral de negatividad y mudarnos a la de la positividad. Como dicen los Monty Python, always look at the bright side of life (mira siempre el lado positivo de la vida).

    Para ello podemos ir introduciendo pequeños cambios en nuestras rutinas de acción y pensamiento.

    Si en esa reflexión contigo mismo (que puedes escribir para que se fije mejor en tu cerebro) has detectado que te enfadas si el camarero del bar del almuerzo no te da las gracias cuando le abonas el cortado, prueba a cambiar esa reacción: la próxima vez que no recibas de él una sonrisa, sonríele tú.

    Juega a probar nuevas formas de actuación y estate atento para ser consciente de lo que te llega de fuera. Verás como, cuando das energía positiva, recibes lo mismo de los otros.

    Has entrado en lo que se conoce como retroalimentación.

    Empieza a introducir cambios: practica anclajes

    Esto no acaba aquí. Te voy a proponer que practiques lo que en PNL conocemos como anclajes.

    Cuando introduzcas uno de esos pequeños cambios y experimentes una sensación nueva (que puede ser de placer, de alegría, de extrañeza o de diversión), elige un punto de conexión entre dos dedos de tus manos, cierra los ojos y presiónalo suavemente con dos dedos de la mano contraria mientras intentas vivir, amplificada, esa nueva sensación.

    Mantén la presión durante unos diez segundos (vale, menos si estás en un sitio público y no quieres que te tomen por loco).

    Tu cerebro, que es muy inteligente, empezará a asociar esa presión a un estado de ánimo concreto.

    De este modo, cuando hayas practicado el anclaje varias veces, podrás ponerlo en práctica en esas situaciones en las que te resulta complicado mantener una actitud positiva y de apertura: entonces, en lugar de anteponer la acción al anclaje, podrás utilizar este último para vivir las sensaciones de otros momentos agradables y que así la acción generativa aparezca de manera natural.

    Aprovecha para anclar cualquier momento en el que estés experimentando buenas sensaciones para poder, más tarde, utilizarlo en aquellas situaciones que te son menos llevaderas.

    Verás como esto te ayuda a entrar en esa espiral de positividad en la que, una vez instalado en ella, querrás vivir para siempre.

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