Un día tu hijo, menor de edad, te plantea que quiere agujerearse el cuerpo con un piercing o dibujar en él algo de por vida con un tatuaje.

Lo dice firmemente convencido. Nada le va a disuadir de su deseo; sus amigos también lo hacen y él no va a ser menos. ¿Cómo actuar?

Las emociones son el componente más humano de las personas, lo que nos hace diferentes al resto de animales.

Nuestra capacidad para sentir hace que aprendamos de nuestras experiencias y las vivamos y reaccionemos de una forma u otra. Y esto lo hacemos desde bien pequeñitos.

Los niños experimentan la misma gama de emociones que los adultos, y es importante que aprendan la función que cumple cada una de ellas, para que así no se sientan abrumados y sean capaces de manejarlas correctamente.

Cuando los padres acuden a consulta en busca de ayuda para mejorar la conducta de su hijo, muchas veces necesitan un cambio casi inmediato.

Ya sea un caso de desobediencia, agresividad, problemas escolares, bajo estado de ánimo o cualquier otro aspecto de la vida del niño, lo cierto es que en la mayoría de ocasiones también se requiere un cambio por parte de los padres. Y uno de los principales puntos a tratar son las ideas erróneas que se tienen sobre la educación y sobre los propios hijos.

El botellón es la palabra con la que se etiqueta al hábito, especialmente presente en los jóvenes, de consumir bebidas alcohólicas en la vía pública.

En mi opinión debería estar absolutamente prohibido y, además, se tendría que perseguir de una manera mucho más tajante.

Dicho esto, podríamos dar por finalizado el artículo; en este asunto no caben medias tintas.

No obstante, voy a argumentar el porqué de esta visión personal.

De cara a la pre-adolescencia, más o menos a partir de los diez años, empieza a producirse sutilmente uno de los cambios más importantes en el desarrollo de los niños: la sustitución del protagonismo de los padres frente a los amigos como figuras principales de apego.

Página 5 de 7

 

 

Go to top