En las últimas semanas, estamos asistiendo a diferentes intentos de rapto u agresión sexual a menores en diferentes puntos de nuestra geografía.

Como es lógico, ello está despertando el miedo de muchos padres a la vulnerabilidad de sus hijos que se preguntan “¿Sabrán protegerse ante algo así?”

Vivimos en una especie de carrera por ponerle un nombre “patológico” a la conducta humana, pero ¿qué riesgos conlleva esta moda?

Si te mueves con cierta regularidad por el mundo de las redes sociales, es probable que hayas leído artículos que empiezan así: “Si tu hijo hace (o no hace) X, es probable que padezca Z, un trastorno psicológico cada vez más extendido”.

Da la sensación de que hay que encontrarle un nombre clasificatorio a todo comportamiento infantil o adulto que se salga de la norma.

Cuando terminan las vacaciones de verano, la vuelta al trabajo y a los quehaceres cotidianos puede suponer un gran peso para cualquier persona.

En el caso de los niños ocurre lo mismo: han estado de vacaciones, sin nada que hacer, disfrutando todo el día a todas horas… y ahora tienen que volver a su rutina de trabajo y responsabilidades.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona y entender su punto de vista, llegar a comprender cómo se siente, sus emociones y pensamientos.

La empatía surge de forma natural en el ser humano desde la infancia, y es en esa etapa de la vida cuando es más susceptible de ser entrenada.

“Este niño es igual que su padre”, “tiene unos gestos que me recuerdan a mí”, “está claro que es hijo mío”, y así sucesivamente.

Cada uno lo expresa a su manera pero sin lugar a dudas, la imitación es un fenómeno clave del desarrollo infantil.

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