Hijos adolescentes: ¿Qué tipo de padre eres? Destacado

    Hijos adolescentes: ¿Qué tipo de padre eres? © Depositphotos.com/Monkeybusiness

    Hijos adolescentes: ¿Qué tipo de padre eres?

    En este artículo hablaremos de una de las etapas más mitificadas de la vida: la adolescencia, el “problema” de muchos padres y el temor de otros tantos.

    Exploraremos por qué la adolescencia es un momento complicado para el joven. Pero no sólo nos centraremos en él, sino que también te ayudaremos a identificar qué tipo de padre eres, analizando conductas paternas habituales que resultan contraproducentes en el correcto desarrollo del adolescente.

    ¿Por qué la adolescencia es complicada?

    Cualquier momento vital que conlleve cambios es complicado, ya que implica una transición de la persona de un modo de vida al que estaba habituado a otro considerablemente diferente.

    A lo largo de nuestra vida pasamos por varias transiciones. Algunas son normativas (como la adolescencia o el paso a la jubilación) y otras no normativas (como sufrir un cáncer). Estas transiciones tienen un impacto significativo en nuestro desarrollo, tanto positivo como negativo, ya que de todas las circunstancias extraemos ambos tipos de aprendizajes.

    Si la transición no se supera de la manera adecuada, es posible que la persona entre en un período de crisis vital que tenga que resolver usando todos sus recursos y sirviéndose también de ayuda externa. Es por este tipo de complicaciones que muchos padres optan por llevar al psicólogo a su hijo con una adolescencia difícil.

    Cambios del adolescente

    Durante la adolescencia se producen fuertes cambios biológicos, psicológicos y sociales que afectan tanto al joven como a su entorno más próximo, alterando en menor o en mayor medida el funcionamiento al que la familia estaba acostumbrada durante la infancia del menor.

    Cambios biológicos

    A nivel biológico, la revolución hormonal en pleno auge del adolescente afecta tanto a su comportamiento como a su forma de pensar y de sentir.

    Son típicas las “tormentas emocionales”, la actitud desafiante, la impulsividad o las conductas de riesgo (entre ellas, la experimentación con sustancias).

    El cerebro del adolescente no está aún lo suficientemente maduro para regular este tipo de conductas, ya que la corteza prefrontal -encargada de la planificación, el autocontrol, la toma de decisiones y la adecuación del comportamiento a las circunstancias, entre otras funciones- se encuentra todavía en desarrollo, el cual no finaliza hasta aproximadamente los 25 años.

    Cambios psicológicos

    El desarrollo de la identidad es el aspecto psicológico que merece especial atención durante la adolescencia. Desarrollar una identidad coherente implica definir un conjunto congruente de percepciones sobre uno mismo, lo cual está muy relacionado con la consolidación de la autoestima del adolescente.

    Su razonamiento es especialmente autorreferenciado –referido a sí mismo-, lo que da a muchos padres esa sensación de “egoísmo” o “egocentrismo”. Es el adolescente quien ha de encontrar sus propios valores y creencias, junto con sus metas y su lugar en el mundo.

    Descubrir “quién soy” y “para qué estoy aquí” no es fácil, y menos aún si el entorno o las circunstancias no ayudan en este proceso. Muchos adolescentes no consiguen formar un concepto de sí mismos que encaje de modo realista con sus características personales y con el medio en el que viven; en este caso, pueden caer en una crisis de identidad que les lleve a cierto aislamiento, oposición y/o desmotivación.

    Cambios sociales

    Paradójicamente, a la necesidad de independencia e individualización del adolescente va unida una fuerte dependencia por el grupo de iguales.

    Los padres dejan de ser el punto de referencia, siendo sustituidos por el grupo de amigos. La principal prioridad del adolescente es ser aceptado y valorado por sus iguales, formar parte de un grupo y sentirse integrado en él. Es habitual observar cómo el joven se “mimetiza” con su grupo de amigos, ya que tiene una influencia especialmente importante para él, sobre todo en la construcción de su autoestima.

    Con la adolescencia también cambian las expectativas sociales hacia el adolescente. El paso de la niñez al inicio de la vida adulta implica nuevas responsabilidades que el joven no siempre sabe cumplir, o bien no quiere hacerlo. De ahí la típica crítica paterna: “Eres mayor sólo para lo que tú quieres”.

    La relación entre padres y adolescentes es una interacción

    Tenemos claro que la adolescencia es una época de transición y de cambio. El error está en creer que esos cambios se producen sólo en el adolescente, cuando, en realidad, se producen (o se deberían producir) tanto en el hijo como en los padres.

    Un adolescente es diferente de un niño y, en consecuencia, se les ha de educar de forma distinta. Aquellos métodos que eran útiles en la infancia ya no lo son en esta nueva etapa: hay que actualizarse, adaptando el estilo de crianza a las nuevas demandas del adolescente.

    Las principales demandas de la adolescencia son la autonomía, el deseo de diferenciarse y el de establecer una identidad separada del “cordón umbilical” que hasta ahora le unía a sus padres. En esta búsqueda de la propia identidad suelen surgir discrepancias con los padres, que pueden no entender ciertos cambios y actitudes en su hijo, quien de pronto rechaza algunos aspectos del modelo familiar en el que ha crecido (normas explícitas y/o implícitas, valores, creencias, comportamientos) y comenzar a buscar sus propios referentes.

    Este rechazo supone un golpe emocional para los padres, al ver cómo “todo lo construido” durante la infancia peligra echarse a perder.

    En todo caso, es importante comprender que cualquier relación entre personas es bidireccional. El adolescente influye en las reacciones de los padres de igual medida que los padres influyen en las reacciones del adolescente. Esta interacción, si no se sobrelleva de la manera adecuada, a menudo se convierte en un bucle del cual es difícil salir, una madeja de lana en la que ya no se distinguen los “culpables” de las “víctimas”.

    Tipos de padres de adolescentes

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    La conciencia de que la relación padres-adolescentes es bidireccional nos permite darnos cuenta de que los padres de adolescentes tienen una gran responsabilidad, ya que pueden funcionar como un factor protector o como un factor de riesgo en la probabilidad de que su hijo pase por una mala adolescencia.

    El estilo de crianza por el que opte un padre a la hora de educar a su hijo adolescente tiene consecuencias tanto en el momento presente como en el resto de su vida adulta. Las formas de los padres de expresar el afecto, transmitir valores, establecer límites, mostrar comprensión y cercanía, gestionar el propio enfado, etc. son ejemplos de comportamientos que van conformando una buena o una mala relación con el adolescente, según cómo tengan lugar.

    Y tú, ¿te identificas con algunos de estos tipos de padres de adolescentes?

    - Padres hipercríticos

    Basan su método educativo en la suposición de que se le puede enseñar a su hijo adolescente lo que es la vida señalándole todo lo que hace mal a través de críticas que pretenden ser constructivas, pero que no siempre lo son.

    Los padres hipercríticos no tienen intención de ser duros ni de machacar la autoestima de su hijo; sólo se encuentran frustrados por las expectativas que ponen en él y éste no cumple.

    El resultado es que pierden toda influencia positiva sobre el adolescente y crean en él intensos sentimientos negativos, tanto de rencor hacia los padres como de malestar consigo mismo.

    - Padres discutidores

    Suelen colocarse al mismo nivel que los hijos adolescentes, perdiendo así su sentido de autoridad. En las discusiones pierden los estribos con facilidad, perdiendo el control de lo que dicen y cómo lo dicen.

    Suelen ser padres poco observadores, que no se dan cuenta de pequeñas señales que da su hijo sobre sus verdaderas necesidades y deseos.

    La intención de los padres discutidores no es mala, ya que pretenden instruir a su hijo sobre la vida y los valores, pero no contemplan el choque de opiniones con el menor, ya que aún tienen la idea de que el hijo (como lo hacía de niño) debe aceptar sin replicar.

    - Padres camaradas

    Es el método educativo que muchos adolescentes preferirían. Los padres camaradas son excesivamente tolerantes y muestran poca o ninguna autoridad, y por eso son excelentes para divertirse y conversar con ellos. Pero no están cumpliendo la función de padres, sino la de “amigos”.

    Ésta suele ser una actitud frecuente en padres divorciados que buscan ganarse la simpatía de sus hijos de este modo. Sin embargo, las excesivas tolerancia y permisividad terminan siendo muy contraproducentes, ya que dan lugar a adolescentes que pasan por alto el sentido de los límites y que no aprenden a controlar su propia conducta.

    - Padres ausentes

    Suelen ser profesionales con una jornada laboral complicada o que tienen una vida social muy activa. Son padres que están sumamente ocupados y disponen de muy poco tiempo para criar y educar a un adolescente.

    Esperan que sus hijos sean lo suficientemente maduros como para ser responsables de ellos mismos. Algunos padres están en esta situación por necesidad, otros porque tienen la idea de que el éxito en la vida es el económico.

    Los padres ausentes pueden tener personas contratadas que se ocupan de sus hijos, y delegan en ellos la responsabilidad de la crianza. Esto es útil a un nivel instrumental, pero las necesidades afectivas del adolescente en relación con sus padres siguen sin estar cubiertas.

    Los adolescentes con padres ausentes llegan a creerse esa “falsa madurez”, habitualmente precoz y forzada, y piensan que pueden afrontar cualquier situación sin ayuda. No suelen escuchar a sus padres, ya que no están habituados a su presencia ni necesitan valerse de sus consejos.

    - Padres autoritarios o excesivamente controladores

    Su mensaje básico es “aquí mando yo”. Es un método educativo limitado, que no reconoce la validez de la lucha del adolescente por lograr su autonomía ni tampoco los sentimientos o deseos de los hijos. Son padres que exceden el control sobre sus hijos, malogrando su relación con ellos.

    Los hijos de padres autoritarios se sienten a menudo amedrentados y no comprendidos, y pueden convertirse en personas con escaso desarrollo social y emocional.

    - Padres hiperreactivos

    Son padres que reaccionan ante los problemas de forma desmedida; están siempre a punto de salirse de sus casillas “por culpa” del adolescente. Se encuentran preocupados, ansiosos, alerta y nerviosos.

    Sus hijos “los vuelven locos”, y para ellos la vida es una amargura perpetua. Su forma de comunicación habitual son los gritos: “¡Me estás volviendo loco!”, “¡No puedo contigo!”, etc. (Quizá te interese leer: “Por qué no gritar a tus hijos I”, “Por qué no gritar a tus hijos II”).

    El adolescente necesita unos padres democráticos

    Las investigaciones apuntan hacia la idea de que los padres democráticos son considerados como el modelo de conducta más adecuado y con menor conflictividad que los padres excesivamente permisivos o autoritarios.

    Un estilo democrático implica saber escuchar activamente al adolescente y combinar la exigencia de ciertos deberes y responsabilidades con la flexibilidad ante algunas de sus demandas, sin perder de vista los límites.

    Ser padre no es ser un amigo, pero tampoco es ser un jefe. El adolescente ya tiene capacidad de reflexionar y razonar sobre el sentido de las cosas, por eso es importante explicarles el porqué de esos límites y normas que se le proponen, negociando hasta llegar a un acuerdo en el que ambas partes cedan en algo.

    Una comunicación clara, directa y eficaz es la base de una buena relación entre los padres y sus hijos adolescentes.

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