Ocho consejos para que hacer los deberes no sea una pesadilla

    Ocho consejos para que hacer los deberes no sea una pesadilla © Depositphotos.com/TatyanaGl

    Lucía, de quinto de primaria (11 años), como la gran mayoría de niños, pasa tres cuartos de su día en el colegio: de 9 de la mañana a 5 de la tarde. Asiste a dos actividades extraescolares: baloncesto y canto.

    Lucía pasa cada vez más tiempo haciendo las tareas y estudiando, llegando algunas veces a acostarse de madrugada para conseguir acabarlos.

    Ocho consejos para que hacer los deberes no sea una pesadilla para tus hijos (ni para ti)

    Parece que está mucho menos concentrada, hace los ejercicios de forma lenta, se distrae constantemente. Al primer signo de no comprender algo, llama rápidamente a su madre para que la ayude.

    A menudo su madre dedica varias horas a ayudarla, pero eso le resta tiempo de sus propias tareas.

    La situación es insostenible: prácticamente todos los días terminan discutiendo y Lucía llorando, ambas muy tensas por causa de los deberes.

    La madre de Lucía ya no sabe qué hacer. Ha recibido algunas notificaciones de la maestra por llevar el deber incompleto. Piensa en desapuntar a Lucía de sus actividades extraescolares, pero la niña disfruta mucho con ellas y llora si piensa en dejar de cantar o de jugar al baloncesto, lo que le da mucha pena a la madre. ¿Qué puede hacer para mejorar esta situación tan irritante para las dos?

    El problema de Lucía y su madre es común en muchos hogares, y hace sentir a los padres preocupados e impotentes.

    En este artículo analizaremos cuál es el papel de los padres en relación con los deberes escolares de sus hijos. ¿Cuál es la mejor actitud a adoptar?

    Por qué los deberes escolares se vuelven un problema

    Como decimos la mayoría de veces, el primer paso para resolver un conflicto es conocer cuál es dicho conflicto realmente y comprenderlo.

    Reflexiona: ¿Por qué los deberes escolares se han convertido en un problema para tu hijo? ¿Desde cuándo son un problema?

    Algunas de las causas más frecuentes son:

    - Falta de motivación

    Está desanimado, poco motivado para realizar las tareas, las aplaza, no sabe lo que tiene que hacer exactamente, se le olvida, no quiere estudiar porque “no sirve para nada”...

    En este caso, el artículo “Cómo motivar a tu hijo con los estudios” puede servirte de ayuda.

    - Falta de descanso

    No se encuentra físicamente en condiciones de ponerse a hacer deberes: está demasiado cansado después de todo el día en el colegio, extraescolares, juego, etc.

    Ese cansancio no le permite mantener la concentración y la lucidez mental que se requieren para los ejercicios más complicados.

    - Falta de conocimientos 

    No sabe hacer los deberes porque no ha entendido la lección. En este caso, la problemática en torno a los deberes suele ser un síntoma de otro problema más básico: falta de atención y/o concentración en clase, problemas de comprensión del lenguaje, dificultades de aprendizaje…

    Este tipo de circunstancias se suelen detectar en los primeros cursos escolares, cuando destacan de forma llamativa los bajos resultados académicos del niño.

    - Falta de paz y sosiego interior

    Está sufriendo alguna situación en su vida que le está alterando emocionalmente (ya sea en el colegio o en el hogar), y ese estado de estrés le dificulta centrarse en los deberes.

    Este estado de “confusión emocional” también puede darse sin estar viviendo ninguna circunstancia estresante concreta; es el caso de la revolución hormonal y los cambios de la pubertad.

    - Falta de hábitos

    No tiene un hábito adecuado de trabajo. Por ejemplo, no sabe trabajar solo y depende demasiado de un adulto para que le ayude con las tareas.

    - Falta de espacio adecuado de trabajo

    No cuenta con un espacio físico en casa apto para realizar sus deberes.

    Si se le proporciona al pequeño un sitio con su escritorio, su silla, luz y temperatura adecuadas, silencio, tranquilidad y tiempo, se le está transmitiendo el mensaje: “Tus deberes son importantes, merecen que les dediquemos este espacio y este tiempo”.

    ¿Qué mensaje se le está transmitiendo a un niño que hace los deberes con prisa, en el rato de antes de cenar, en un hueco de la mesa del salón, con los familiares paseándose y desconcentrándole, el ruido de la tele, etc.?

    - Falta de ocio por sobrecarga de deberes

    No da abasto porque la carga de deberes o su dificultad es objetivamente desproporcionada.

    Tras todo el día de clases, el niño necesita ocio. Los pequeños necesitan jugar: no es un placer ni un capricho; realmente es saludable que los niños tengan su espacio diario para el juego y la diversión.

    En ocasiones, la cantidad de deberes es tan elevada que incluso se acumula para el fin de semana, y ni siquiera tienen esos días para el descanso.

    ¿Qué hacer ante la problemática de los deberes escolares?

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    Una vez detectadas las posibles causas que llevan a tu hijo a tener problemas con los deberes, el paso más difícil ya está dado. Los siguientes pasos estarán orientados a la aplicación de una solución.

    Te ofrecemos 8 consejos prácticos para que los deberes no se conviertan en una pesadilla:

    1.- Procura que el nivel de exigencia que le marcas a tu hijo sea proporcional a su edad

    Ten en cuenta que sus ritmos, capacidad de concentración, atención, capacidad de planificación, etc. no son los mismos que los tuyos.

    No podemos entender el mundo del niño desde nuestra mirada de adulto. La hoja de ejercicios que para ti “se hace en quince minutos”, para él puede significar un gran esfuerzo.

    2.- No le presiones con los deberes

    Los niños no trabajan bien bajo presión o ansiedad. Sin quitarle importancia a los deberes, intenta no presionarle con ellos.

    Por ejemplo, es contraproducente repetir frases alarmantes mientras el niño trabaja, del estilo: “¿Aún vas por ahí? ¡Uf! Date más prisa, ¡son para mañana!”. Ese tipo de mensajes genera bloqueo en el niño.

    Intenta inculcarle la importancia de que llegue hasta donde pueda pero haciéndolo bien, de forma consciente y aprendiendo, en lugar de hacerlo todo rápido y mal.

    Si no puede terminarlos y los lleva incompletos, ¡tampoco se acaba el mundo!

    Ayúdale a asumir con tranquilidad las consecuencias que eso supone (una notificación del maestro, una reducción en la nota…) y aliéntale para que la próxima vez lo mejore.

    3.- Potencia su autoestima

    Potencia la autoestima de tu hijo y ayúdale a aumentar su sensación de autoeficacia respecto a los deberes.

    Evita frases como “no le estás poniendo ganas”, “eres un lento, tardas demasiado”, “¿Cómo que no sabes hacer esto? ¡Si es muy fácil!”, y otras muchas expresiones, tanto verbales como no verbales (gestos, caras, resoplidos…) que muestran desaprobación hacia el niño.

    Demuéstrale que crees en él, o mejor dicho: cree en él. Si esa confianza es auténtica, se transmite y se nota. Revisa el artículo “Claves para potenciar la autoestima de tu hijo”.

    4.- Utiliza el refuerzo positivo

    A diferencia de lo que creen muchos padres, los niños funcionan mejor con los premios que con los castigos.

    Asocia la correcta realización de los deberes con algo positivo para tu hijo. La expectativa de obtener algo que desean (un refuerzo positivo: por ejemplo, jugar media hora a videojuegos al terminar los deberes) es algo que les motiva.

    Si quieres aprender todas las claves para utilizar correctamente la técnica del refuerzo positivo, no te pierdas el artículo “Ayuda a tu hijo a portarse bien, utiliza el refuerzo positivo”.

    5.- Reflexiona sobre desde cuándo tiene problemas con los deberes

    Explora: ¿en qué momento surgió el problema de los deberes? ¿Crees que puede estar asociado a alguna situación estresante que le está afectando emocionalmente (separación paterna, cambio de domicilio o de colegio, acoso escolar, nacimiento de un hermano…)?

    Si el niño está disperso, irritable, se angustia con facilidad o su comportamiento es diferente a como era antes, está indicando que hay algo que le preocupa.

    La resolución de esa situación podría dar lugar a la resolución de la problemática con los deberes.

    6.- Fomenta su autonomía

    Fomenta la autonomía de tus hijos a la hora de hacer los deberes. Puedes ayudarle con alguna tarea que no entienda, pero esa ayuda debe ser concisa y puntual.

    Algunos padres se sientan cada tarde junto a sus hijos a hacer los deberes, controlando constantemente lo que el niño hace bien y corrigiéndole cuando lo hace mal, explicándole todos los ejercicios y ayudándole permanentemente.

    Este comportamiento no es recomendable, ya que el niño termina creando una relación de dependencia con el adulto para realizar sus tareas y, al final, si él no está a su lado, directamente no las hace.

    Transmítele a tu hijo la importancia de su autonomía, dejándole claro que podrá contar contigo si, tras varios intentos reales, no consigue entender algo.

    7.- Ayuda a tu hijo a crear hábitos y rutinas

    Es muy importante que tenga hábitos y rutinas como por ejemplo que disponga de un espacio fijo de trabajo, que realice los deberes a unas horas determinadas y que planifique unos momentos de descanso pautados.

    Los hábitos y las rutinas son útiles en todas las esferas de la vida del niño, no sólo en relación a los deberes.

    Y recuerda la importancia del ejemplo: si los padres no tienen unas rutinas definidas y presentan dificultades para seguir unos buenos hábitos, los hijos tendrán el mismo problema.

    8.- Detecta problemas o dificultades de comprensión o de aprendizaje

    Si el problema de los deberes va unido a un rendimiento escolar muy pobre y esta situación se arrastra desde el principio de su escolaridad, existe la posibilidad de que tu hijo tenga alguna dificultad de comprensión o de aprendizaje que haya que resolver con la ayuda de un profesional.

    Por ejemplo, muchos niños disléxicos pasan años sobrellevando dificultades escolares hasta que se les detecta la dislexia, y luego mejoran notablemente con la intervención adecuada.

    Contextualiza el problema: comunícate con los maestros y con otros padres

    Hay muchos factores que influyen en tu hijo a la hora de hacer deberes. El entorno escolar (maestros, compañeros, nivel de exigencia…), sus capacidades intelectuales (facilidad de estudio, atención, concentración, memoria…), su situación emocional (motivación, estabilidad emocional, miedos), tiempo (extraescolares u otras obligaciones)…

    Por eso, ten en cuenta que, aunque sí que puedes colaborar, no todo está en tu mano.

    Hablar con los padres de los compañeros de clase de tu hijo te puede ayudar a contextualizar el problema. Si sus compañeros tienen los mismos problemas con los deberes que tu niño, es posible que el problema sea externo: una excesiva carga de tarea, un nivel de exigencia inadecuado, un maestro con pocas habilidades didácticas…

    También puedes reunirte con el tutor del niño para que te informe de su comportamiento en el colegio. La opinión del profesorado puede darte una nueva perspectiva sobre el problema de tu hijo con los deberes.

    Intenta mantener una estrecha comunicación familia-escuela: eso facilitará mucho las cosas.

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