Ansiedad por separación en niños

    Ansiedad por separación en niños © Depositphotos.com/Altanaka

    ¿Qué es la ansiedad por separación? Se trata de un trastorno psicológico caracterizado por el miedo, por parte de un niño, a alejarse de la figura paterna o materna, normalmente por temor a que le ocurra algo malo.

    Ansiedad por separación en niños

    Hasta cierta edad, el miedo en los niños es algo normal. De hecho, hasta aproximadamente los dos años, es habitual que los hijos estén muy apegados a sus padres y tengan cierto miedo a separarse de ellos.

    Normalmente, tras esta etapa, el temor va desapareciendo. No obstante, en años posteriores puede reaparecer o fortalecerse, dando lugar a este trastorno.

    Cuando el miedo se vuelve excesivo

    El trastorno que nos ocupa suele aparecer con mayor fuerza a los ocho o nueve años, y se representa por un miedo o ansiedad intensos a separarse o alejarse de sus figuras de cuidado importantes.

    Esta separación no tiene por qué ser de larga duración, sino que puede variar, ya sea, por ejemplo, desde que los padres salgan una noche a cenar y se queden los niños en casa hasta pasar un fin de semana de acampada con el colegio.

    La ansiedad está relacionada con miedos a que les ocurra algo terrible a los padres, como un accidente mortal, aunque pueden variar hasta el punto de temer que se vayan o sean secuestrados; en esencia, miedo a no volverles a ver.

    Además, es común que los niños presenten síntomas físicos tales como dolor de cabeza, náuseas, vómitos, temblores, sudoración, etc., e incluso pesadillas recurrentes sobre esas situaciones.

    La evitación como mantenedor del problema

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    Estos niños suelen tener un patrón común de comportamiento: la evitación.

    No quieren ir al colegio (muchas veces quejándose de esos síntomas mencionados antes), no quieren irse de casa sin sus padres, no quieren ir a lugares donde permanezcan mucho tiempo, no quieren dormir sin alguno de sus padres cerca…

    Por tanto, uno de los primeros pasos es aprender a no evitar estas situaciones, es decir, empezar a afrontarlas.

    Y muchas veces seréis los padres los que tendréis que actuar, ya que no podréis potenciar esa situación de evitación.

    Esto, obviamente, debe hacerse de modo gradual, elaborando una jerarquía de situaciones temidas del niño, e ir afrontándolas una a una, superándolas antes de pasar a la siguiente.

    Primero irán las menos temidas (quizá acompañado de alguien o viendo cómo otra persona lo hace primero) y posteriormente las más complicadas, hasta que el niño pueda afrontar solo estas situaciones.

    Los padres, una vez más, piezas clave

    Éste es un problema de miedo infantil, pero los padres estáis totalmente involucrados en él.

    Sois los que vais a tener que enseñar a vuestro hijo a enfrentarse a la situación y a que no tenga miedo de ella, pues no es peligrosa.

    Hay que saber reforzar las conductas positivas que tenga el niño, como que vaya al colegio o a casa de un amigo; es decir, cualquier situación que suponga una separación hijo-padres.

    Del mismo modo, debéis dejar de reforzar las conductas de evitación que, aunque parezca que a corto plazo sirven para que el niño esté mejor, lo único que hacen es mantener el problema a largo plazo.

    Potenciar la autonomía del niño

    Éste es el objetivo primordial que debéis tener en mente: desarrollar al máximo la autonomía de vuestro hijo.

    Él debe poder manejarse por sí mismo en ciertas situaciones, y evitar así la dependencia, que puede convertirse en una carga muy pesada.

    Tu hijo tiene que aprender a hacer cosas él solo, para así aumentar su sensación de competencia, de que es válido por sí mismo, para que así no necesite tanto a sus padres y, por tanto, no tenga tanto miedo a separarse de ellos.

    Sería ideal la intervención de un psicólogo que pueda ofrecer técnicas cognitivo-conductuales como la relajación, la exposición, las auto-instrucciones, etc., con el fin de ofrecer un tratamiento lo más eficaz posible.

    De este modo, vuestro hijo podrá apartar su miedo para siempre.

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    ¡Compartir es vivir!

     

     

     

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