Aprendizaje vicario: el poder de la imitación

    Aprendizaje vicario: el poder de la imitación © Depositphotos.com/Shalamov

    “Este niño es igual que su padre”, “tiene unos gestos que me recuerdan a mí”, “está claro que es hijo mío”, y así sucesivamente.

    Cada uno lo expresa a su manera pero sin lugar a dudas, la imitación es un fenómeno clave del desarrollo infantil.

    Aprendizaje vicario: el poder de la imitación

    Podríamos decir “imitación” o “mimetización” porque el aprendizaje vicario es un proceso mediante el cual el niño se “transforma” practicamente en sus modelos más cercanos.

    Padres, familia próxima, profesores, es decir, la tribu entera sirve de espejo al infante ¿Tu hija se dirige a sus muñecas empleando expresiones de su profesora? Eso es el aprendizaje vicario. 

    Este tipo de aprendizaje, también conocido en psicoterapia como modelado, ha sido una realidad popular no formal a lo largo de toda la historia, como muestra el refranero en frases como “de tal palo tal astilla”.

    No obstante fue el psicólogo ucraniano-canadiense Albert Bandura quien desarrolló en el siglo XX estudios formales sobre el asunto y lo lanzó a la palestra educativa.

    La importancia de dar ejemplo

    Por eso está absolutamente demostrado que vuestros hijos aprenderán principalmente de aquello que observen y escuchen en su vida cotidiana y no de aquello que se les dice que han de hacer.

    El mimetismo vicario hará que si tú y tu pareja os insultáis, u os dirigís el uno al otro gritando, veáis cómo vuestro hijo empieza a hacer lo mismo de manera natural.

    Brotará de su interior porque se ha grabado “a fuego” en la fase más permeable de su desarrollo, ya que hasta la pre-adolescencia un niño es una auténtica esponja.

    En este fenómeno también se incluyen los gestos y las expresiones. Cuando se dice que un hijo “habla igual que su padre” es porque el modelado genera también la imitación  del lenguaje no verbal.

    De personas groseras y sin modales afloran hijos groseros y sin modales por mucho que los padres les digan, gritando o no, que han de comportarse bien.

    ¿Qué hacer?

    No queda otra que ser lo más auténticos posibles y convertirse en ejemplo para los hijos. Os vendrá bien a ambos.

    En psicología se dice que la paternidad es una de las últimas oportunidades que tiene el ser humano para madurar y sacar lo mejor de sí mismo. Así que ¿qué mejor que hacerlo para transmitir un correcto modelado a tu descendencia?

    Todo lo que no sea útil para el modelado de tu hijo, resérvalo para la intimidad. Si te apetece hablar sin miramientos, soltar sapos y culebras sobre tu jefe, hazlo, pero hazlo en la intimidad.

    Hazle vivir entre buenos ejemplos

    (Sigue leyendo debajo del vídeo)

    Tu hijo debería vivir durante sus primeros años en una “pecera”, nadando entre buenos ejemplos. 

    Para los que lo llevan todo al extremo, me gustaría matizar que hay que tener en cuenta que hacerlo perfecto es imposible.

    Es decir, tampoco pasa nada porque el niño vea gente que se comporta de una manera no demasiado apropiada,  puesto que ello también es un aprendizaje para su vida.

    Para el modelado lo más importante son los padres.  A no ser que pasen muchas horas al día con otra persona como los abuelos o los cuidadores.

    En estos casos también habrá que cuidar el modelado que de ellos se pueda desprender.

    No obstante, pese a su importancia, el modelado no lo es todo. Así que no te preocupes si ves cosas en tu hijo que ni te gustan ni le has enseñado tú.

    El aprendizaje vicario es importante pero no es el último tren hacia la madurez  y la buena educación.

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