En casa hasta los 40

    En casa hasta los 40 © Depositphotos.com/Photography33

    Es un hecho: los jóvenes tardan cada vez más en independizarse. Parece que el famoso dicho “vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos” empieza a hacerse realidad, al menos en gran parte.

    Y digo “en parte” porque también se retrasa mucho la edad para tener hijos. En definitiva, todo se hace más tarde. Veamos cuáles son los factores que pueden estar detrás de esta realidad.

    En casa hasta los 40

    Habrá quien piense que detrás de esta tardanza están las malas condiciones laborales con que se encuentran las nuevas generaciones. Y seguro que tienen buena parte de razón.

    Si la expectativa es la de recibir un salario miserable por una agotadora jornada laboral, es normal que casi nadie esté por la labor de gastar su poco dinero en un alquiler. Eso quien tiene trabajo.

    Según muchas voces entendidas, la generación actual tendrá mucha suerte si en algún momento logra alcanzar la calidad de vida de la que sí disfrutaron sus padres.

    La crisis y sus poco avispados gestores se han permitido el lujo de “echar a perder” a un buen número de integrantes de toda una generación.

    El poder de la familia

    Junto a lo económico, la idiosincrasia propia de las sociedades mediterráneas se caracteriza por un apego muy fuerte a los orígenes. Para un miembro de esta cultura sus raíces son algo muy importante. De hecho, suele considerarse un drama el tener que irse de casa o emigrar.

    Mientras que para un americano irse a estudiar a una universidad a cinco horas de avión de su ciudad natal supone algo completamente natural, para muchos españoles dejar su casa materna para independizarse es, en ocasiones, algo similar a un destierro.

    Para lo bueno y para lo malo, la familia nos “tira” mucho. Y, por otro lado, si los jóvenes actuales pueden vivir cómodamente, disfrutando de casi todas las libertades de un adulto pero sin los gastos ni las responsabilidades que supone mantener un hogar, ¿quién se va a querer ir de casa?

    ¿Para qué independizarse?

    Eso mismo se preguntaba Pedro, un chaval de 28 años, cuando reflexionaba sobre el asunto: “¿Para qué me voy a ir de casa de mis padres si puedo traer a mi novia cuando me da la gana, me quedo con mi sueldo íntegro, tengo la comida hecha cuando llego y me lavan la ropa? Yo no veo ningún motivo para irme de aquí”.

    La verdad es que no hay muchos argumentos para rebatirle. Digamos que la vida independiente es un último escalón de la evolución personal que, por éstos y otros motivos, muchos jóvenes se resisten a subir.

    Eso sí: no olvidemos que, llegada una edad, emanciparse es sano. Ayuda a vivir en el mundo real, fuera de las alas protectoras y del nido de los padres.

    En definitiva, sirve para madurar, para sacarse las castañas del fuego, para aprender a vivir como adultos y no terminar siendo cuarentones con un modo de vida adolescente.

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