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Ayuda a tu hijo a portarse bien, utiliza el refuerzo positivo

    Ayuda a tu hijo a portarse bien, utiliza el refuerzo positivo © Depositphotos.com/Get4net

    La educación de tu hijo es primordial. Como padre que eres, siempre quieres lo mejor para él e intentas educarle para que aprenda de la mejor forma posible, ya sea con hábitos que hayas aprendido en tu infancia, o con nuevas técnicas que has oído de boca de educadores o psicólogos.

    En este artículo te enseñaré una de las técnicas más clásicas utilizadas en el campo del aprendizaje, quizá la fundamental y que ofrece mejores resultados: el refuerzo.

    Ayuda a tu hijo a portarse bien, utiliza el refuerzo positivo 

    En el artículo “Cómo conseguir que tus hijos hagan lo que no hacen” ya comenté un tipo específico de refuerzo basado en el "Principio de Premack".

    En este caso hablaré, de forma más general, del refuerzo positivo. ¿De qué trata exactamente? Reforzar positivamente significa dar algo (ya sea algo físico, algo verbal o una actividad) que sea agradable para el niño, y hacerlo justo después de que realice la conducta que queremos que cumpla.

    Por ejemplo, podemos darle un paquete de sus galletas favoritas cuando acabe de estudiar. Ésta es una técnica dirigida a multiplicar las conductas deseables.

    Tipos de reforzadores para ayudarle a portarse bien

    Como puedes estar pensando, existen muchas “cosas” agradables que pueden hacer que tu hijo realice las conductas que deseas.

    Ésta es una clasificación de los tipos de reforzadores positivos que existen:

    1.- Reforzadores primarios: son aquellos que motivan más en un principio, cubriendo necesidades primarias. En el caso de los niños podríamos hablar de golosinas, juguetes, chocolate, tiempo libre, etc.

    2.- Reforzadores sociales: cualquier señal de comunicación verbal o no verbal que sea positiva para tu hijo. Por ejemplo, elogiar lo bien que lo ha hecho, sonreír, abrazarle, hacerle carantoñas, dedicarle gestos de afecto o cariño, etc.

    3.- Reforzadores generalizados: son aquellos que permiten obtener alguno de los reforzadores anteriores. Por ejemplo el dinero, que da la oportunidad de adquirir muchos reforzadores primarios.

    4.- Reforzadores internos: en niños éstos son muy complicados, pues requieren que la propia persona se los aplique; es decir, al realizar la conducta él puede sentirse realizado o alegre, decirse lo bien que lo ha hecho, etc.

    5.- Reforzadores de conductas de alta probabilidad: utilizar conductas agradables muy probables (como jugar a videojuegos) para motivar conductas poco probables (estudiar).

    Consejos para que el refuerzo positivo sea más efectivo

    ¿A que parece sencillo? Ahora veamos una serie de matices para que la ejecución de los reforzadores sea lo más eficaz posible.

    1.- Es muy importante tener en cuenta que el refuerzo debe darse siempre después de la conducta, nunca antes. Por tanto, rechaza las premisas tipo: “Primero veo la tele y luego hago los deberes”. El premio debe venir después.

    2.- En relación a esto, es vital dar este refuerzo inmediatamente. Cuanto antes se dé, mejor; si puede ser nada más realizar la conducta, más probabilidades hay de que la conducta deseada se repita en el futuro.

    Si esperamos mucho a darle el premio corremos el riesgo de reforzar otras conductas que quizá no queríamos reforzar. Por tanto, olvídate de promesas como: “Si consigues aprobar, te compro un coche”.

    Necesitamos algo más cercano.

    3.- Al principio, cuando la conducta aún no esté muy instalada, es clave reforzarla en todas las ocasiones. No te descuides ni pienses que, como ya lo ha hecho unas pocas veces, no hace falta recompensarle. Inicialmente esto es esencial.

    Una vez la conducta ya sea una más en su repertorio, hay que reforzar de forma más intermitente. No retires inmediatamente la recompensa.

    4.- En primer lugar hay que dar refuerzos primarios (ocio, juegos) acompañados de refuerzo social (palabras y gestos de aprobación); posteriormente, los primarios irán desapareciendo poco a poco, y utilizaremos sólo los sociales.

    No debemos asumir que, al principio, nuestras carantoñas y bonitas palabras vayan a servir.

    El refuerzo es algo muy efectivo si se aplica correctamente.

    Para ello debemos recordar estos pasos, y también tener en cuenta que el refuerzo es algo personal: lo que para un niño puede ser reforzante, quizá para otro no lo sea.

    Averigua a qué le da más valor tu hijo, no olvides que hay muchas formas de potenciar las conductas adecuadas… y recuerda que siempre debe ir acompañado de una sonrisa.

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    ¡Compartir es vivir!

     

     

     

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