10 claves para que tu hijo no acabe siendo un ni-ni

    10 claves para que tu hijo no acabe siendo un ni-ni © Depositphotos.com/Angiolina

    Afortunadamente, el nivel de vida occidental ha aumentado de manera importante en las últimas décadas. Gracias a ello, los padres han podido ofrecer a sus hijos una vida mucho más cómoda de la que ellos tuvieron en su infancia.

    En un intento de no hacerles pasar por  los déficits de su juventud, muchos de ellos se han pasado al extremo opuesto y, sin darse cuenta, están criando a unos hijos incapaces de valerse por ellos mismos. Veamos las diez claves para evitar esto.

    10 claves para que tu hijo no acabe siendo un ni-ni

    Desde la primera infancia:

    1.- Genérales objetivos desde bien pequeños por los que puedan obtener recompensas: “Si me ayudas a poner la mesa luego jugamos un rato juntos”, por ejemplo.

    Motivar a la consecución de objetivos tan sencillos como éste desarrolla el hábito de la superación de obstáculos y de la motivación proactiva. En definitiva, les ayuda a desarrollar la creencia de “yo puedo”.

    2.- Sé consecuente con tus actos: los niños hacen lo que ven, no lo que oyen. Los padres deben ser un modelo de comportamiento. No se trata de que seas perfecto, pero sí al menos de que no hagas delante de ellos aquello que no te gustaría transmitirles como modelo de comportamiento.

    Ten en cuenta de que tus hijos son como esponjas y absorben sin darse cuenta aquello que ven en casa. Si en tu hogar habláis a gritos, tus hijos pronto hablarán también de este modo.

    3.- Su trabajo es el estudio. Por tanto, las notas y la actitud en la clase son fundamentales. La vida real impone obligaciones tediosas, y en este sentido el colegio supone una obligación de tipo adulto para los niños.

    Es, en definitiva, una preparación para el funcionamiento en la vida real, y debemos exigir un correcto desempeño de la misma. Una enorme cantidad de niños tiran la toalla y renuncian a sus sueños profesionales porque no se les ha acostumbrado a dar lo mejor de sí mismos a nivel académico.

    No se trata de perseguir que todos entremos en la universidad, sino de que al menos durante la enseñanza obligatoria los padres motiven a sus hijos en los estudios.

    4.- Habla con ellos, pregúntales por su vida, sus sentimientos y conflictos. Muchas veces ocurre que si los niños no están bien emocionalmente, entonces intelectual y académicamente las cosas no van como deberían.

    Hablando con ellos les acostumbras a ser asertivos, es decir, a entender lo que sienten y a ponerlo en palabras. Una persona asertiva tiene muchas más posibilidades de ser ayudada que una persona que no es inteligente emocionalmente.

    Tampoco se trata de atosigarles, sino más bien de adoptar una actitud de “estar disponibles”.

    Durante la adolescencia:

    5.- Provéeles de experiencias vitales. Dentro de tus posibilidades familiares y económicas, anímales a ir de acampada a solas y/o en familia, a estudiar idiomas en el extranjero, a hacer voluntariados…

    En definitiva: que vean el mundo. Las fronteras son casi siempre mentales y haberlas traspasado desde bien pequeños ayuda a vencer el miedo a la vida, algo muy presente en los ni-ni.

    6.- Facilítales la socialización. No sólo se trata de exigir un buen rendimiento académico. Ello ha de ir acompañado por una importante socialización, es decir, formar parte de la sociedad en la que se vive.

    En este sentido el grupo de amigos es clave, por lo que convendrá favorecer que, tras cumplir con sus obligaciones, los hijos puedan estar con sus amigos. Junto a ello, permitir la inclusión en el folclore y las costumbres sociales también genera un arraigo muy interesante y productivo para ellos.

    7.- Tarea común: poner su grano de arena en casa. Se trata de otro modo de hacerles entender que no son simplemente receptores pasivos de cuidados. Además de ocuparse de su habitación, los niños deberían encargarse de hacer una tarea por la comunidad, en este caso, por la familia.

    8.- Pon límites y normas claras en tu casa. Has de ser la punta de lanza que guíe a tus hijos. Éstos deben sentir que llevas las riendas y que dictas ciertas normas que luego te encargas de hacer cumplir.

    Imagina que vas en un avión y el piloto dice en tono asustado: “Señores pasajeros, tenemos que indicarles que no sabemos muy bien cómo pilotar este avión. Si alguien entre los pasajeros sabe algo de esto, que pase por aquí y nos ayude a hacerlo”.

    No es difícil de imaginar cómo, tras este comentario, el pasaje entero se vería dominado por el pánico. Pues bien; pese a lo grotesco del ejemplo, si en casa no hay nadie que “pilote” la familia a nivel educativo, el efecto es similar: el caos.

    9.- Valora sus logros. Si estamos diciendo que hay que exigir y poner límites como enseñanza para la vida real, también hay que valorar los objetivos cumplidos. Esa palmadita en la espalda que a todos nos gusta supone para los hijos un reconocimiento a sus méritos.

    10.- Cumple lo que prometes. Sea un premio o un castigo, siempre debes ser consecuente con lo dicho. Si no estás seguro de poder cumplirlo, muérdete la lengua.

    Este decálogo supone un esquema de funcionamiento, pero lógicamente cada situación tendrá sus particularidades, pues cada niño es diferente. Para ampliar información sobre este tema te recomiendo mi libro “El arte de educar con sentido común” (Oniro) y, por supuesto, pedir orientación psicológica si lo ves necesario.

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