Prohibir y consentir: dos formas de maleducar a tu hijo

    Prohibir y consentir: dos formas de maleducar a tu hijo © Depositphotos.com/Dimjul

    En la educación infantil es vital establecer unos límites de conducta. Muchos niños aprenden a comportarse de una u otra manera según lo que se les prohíbe o consiente. Pero esto no siempre es positivo, pues, en algunas ocasiones, lo que se les niega o se les permite no es tan objetivo ni acorde a la realidad, sino que esconde miedos o patrones de mala educación por parte de los padres.

    Prohibir y consentir: dos formas de maleducar a tu hijo

    Cuando aprendemos de pequeños, normalmente lo hacemos a través de las consecuencias de nuestros actos. Por ejemplo, si un niño dice una palabrota o insulta a alguien y el padre sonríe porque le ha hecho gracia, su hijo aprenderá que la conducta se permite, y no sólo eso, sino que es algo positivo, con lo que la repetirá en el futuro.

    Si, por el contrario, se le impide que vaya a dormir a casa de un amigo porque el padre teme que no duerma bien, por ejemplo, el niño aprenderá que sólo puede dormir en casa y que hacerlo fuera es peligroso o muy difícil, impidiendo que pueda conseguirlo.

    Cuando se prohíbe lo aparentemente peligroso

    En ocasiones el niño recibe una consecuencia negativa (una prohibición) ante una conducta positiva o simplemente normal. Como hemos visto en el ejemplo anterior, esto puede ocurrir cuando no dejamos que el niño haga cosas que no tienen por qué ser prohibidas, pues, en principio y de forma objetiva, no suponen un peligro real para tu hijo.

    Ejemplos como que no vaya a una acampada con el colegio por si le pasa algo o que no vaya de viaje en avión o en tren porque temes un accidente, o incluso impedirle que vea un programa o una película en la televisión por si tiene pesadillas.

    Hay situaciones peligrosas que obviamente requieren de tu intervención como padre, pero en muchas ocasiones prohibimos cosas como una transmisión de nuestros propios miedos y creencias negativas. Lo único que se consigue con esto es enseñar a tener miedo y educar en la idea de que hay muchas cosas peligrosas que hay que evitar, con lo que los niños crecerán inseguros y asustados.

    Cuando se consiente lo inadecuado

    En ocasiones el niño recibe una consecuencia positiva (un consentimiento) ante una conducta negativa. Esto no sólo pasa ante un insulto hacia alguien, como hemos podido ver antes, sino también ante una agresión física, como por ejemplo una pelea entre hermanos que termina sin un castigo hacia ellos, por lo que la consecuencia de la acción es salir airoso.

    Pero no sólo se consienten malos comportamientos de los niños, sino también conductas de poca responsabilidad: por ejemplo, permitir que no hagan los deberes o estudien, que tengan su habitación desordenada u ordenarla tú por ellos, o incluso dejar que coman lo que quieran y únicamente lo que les gusta.

    La implicación de los consentimientos en una mala educación puede parecer más obvia, pero es igual de negativa que una prohibición inadecuada. No sólo se consiente la conducta incorrecta, sino que muchas veces incluso se refuerza con una sonrisa o hasta un premio, una consecuencia positiva que repercutirá en la repetición del comportamiento.

    Para premiar a un niño siempre hay que hacerlo inmediatamente después de una conducta que queramos que repita, pero también debéis saber que muchas veces reforzáis sin saberlo, simplemente permitiendo o dejando pasar las cosas.

    La conclusión sería que no siempre prohibimos o consentimos lo que deberíamos. Hay que valorar cada situación y acto del niño, pues la respuesta como padres que deis será su consecuencia directa, y por ella aprenderá muchas cosas que quizá no queráis.

    Conoced muy bien estas consecuencias que vuestras conductas tienen en vuestros hijos y cambiadlas si es necesario, optando por aquella que dé mejores resultados.

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