Hijos, piercings y tatuajes: estalla el conflicto en casa

    Hijos, piercings y tatuajes: estalla el conflicto en casa © Depositphotos.com/Heckmannoleg

    Un día tu hijo, menor de edad, te plantea que quiere agujerearse el cuerpo con un piercing o dibujar en él algo de por vida con un tatuaje.

    Lo dice firmemente convencido. Nada le va a disuadir de su deseo; sus amigos también lo hacen y él no va a ser menos. ¿Cómo actuar?

    Hijos, piercings y tatuajes: estalla el conflicto en casa

    Ante esta situación, la inmensa mayoría de los padres responden con negativas tajantes: “Ni lo sueñes”, “te vas a arrepentir de por vida”, “mientras vivas bajo mi techo ni hablar”, “no te contratarán en ningún sitio con un piercing”, “eso es de perroflautas”, etc.

    En muchos hogares esta noticia cae como un jarro de agua fría. Estalla la tormenta, se genera cierto conflicto familiar y, pasado un tiempo, parece que las cosas se vuelven a calmar.

    Pero si tu hijo vuelve a la carga, ¿qué se puede hacer? ¿Qué recomiendan los psicólogos?

    La verdad es que, a priori, el hecho de que un menor de edad quiera pintar el cuerpo o agujereárselo no es un asunto sencillo ni recomendable.

    Sobre todo porque los chicos están pensando en el corto plazo, en cumplir sus sueños de hoy, mientras que los padres están con el ojo puesto en el día de mañana: ¿Qué será de sus hijos si se hacen eso que tanto desean? ¿Cómo les afectará?

    Sobre el papel, lo más lógico sería que los niños no decidiesen nada de eso hasta alcanzar cierto nivel de madurez, pero ¿quién nos garantiza la edad a la que son maduros para tomar buenas decisiones? Nadie.

    Así que, para resolver esta duda, podríamos establecer la mayoría de edad, los 18 años, como momento para dejarles decidir.

    ¿Qué hacer? ¿Cómo enfocar el conflicto?

    ¿Entonces se les deja o no? Una vez puesto el primer límite de los 18 años también hay que tener en cuenta que cada familia tiene sus normas y su manera de ser.

    Tan respetable es quien prohíbe estas prácticas en sus hijos como quien lo permite con ciertas reservas.

    No obstante, hemos de tener en cuenta que la negativa tajante suele generar conflicto y rebeldía.

    La necesidad de ser ellos mismos y cumplir sus objetivos puede llevarles a saltarse las normas más férreas en un arranque de autoafirmación adolescente.

    Si optas por la vía intermedia -dejarle pero con condiciones- puedes hacer un trato con él: primero se hace un tatuaje reversible, de esos que duran un tiempo y se pueden quitar, y, si al cabo de unos meses sigue convencido y su comportamiento es correcto, le permites hacerse uno pequeño y en una zona que no interfiera en su vida futura.

    Eso sí: nunca le financies nada de eso. Que lo haga con su propio dinero; así al menos lo pensará dos veces.

    Si opta por el piercing y vas a transigir, negocia con tu hijo para que lo haga de pequeño tamaño y en una zona de poco riesgo, para que pueda cicatrizar sin problemas si cambia de opinión.

    No hay un criterio para el 100% de estos casos; la vida en general supone torear acontecimientos.

    Así que medítalo, no actúes por impulsos y pide consejo a un psicólogo si necesitas aclararte antes de autorizar o no a tu hijo.

    Lo que siempre supone una ventaja es educar bien a los hijos, pues esto favorece la toma de decisiones maduras, así que no dejes de enseñarle.  

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