La importancia de las emociones en los niños

    La importancia de las emociones en los niños © Depositphotos.com/Oksun70

    Las emociones son el componente más humano de las personas, lo que nos hace diferentes al resto de animales.

    Nuestra capacidad para sentir hace que aprendamos de nuestras experiencias y las vivamos y reaccionemos de una forma u otra. Y esto lo hacemos desde bien pequeñitos.

    Los niños experimentan la misma gama de emociones que los adultos, y es importante que aprendan la función que cumple cada una de ellas, para que así no se sientan abrumados y sean capaces de manejarlas correctamente.

    La importancia de las emociones en los niños

    ¿Qué son ? Son reacciones de nuestro cuerpo ante algún estímulo del entorno o de nuestro propio organismo.

    Es tal la fuerza de esa reacción que lo mejor sería definirlas como experiencias o estados emocionales, pues engloban toda una serie de respuestas que pueden prolongarse en el tiempo e incluso pueden marcar la vivencia de futuras experiencias, aprendiendo de ellas.

    Estos estados emocionales son vividos de manera personal, dependiendo de lo aprendido en el pasado y la situación en que se produzcan. Todos incluyen sensaciones físicas, pensamientos y conductas.

    Por ejemplo, cuando tenemos miedo sentimos que el corazón se acelera, pensamos que estamos en peligro y nuestra respuesta puede ir encaminada hacia huir o enfrentarnos.

    Si estamos tristes notamos pesadez en el cuerpo, pensamos de forma negativa sobre nosotros o los demás y la reacción más natural es la de dejar de hacer cosas.

    ¿Qué tienen que aprender los niños sobre las emociones?

    En primer lugar, una buena educación emocional incluye enseñar que no hay emociones “buenas” ni “malas”, o “dañinas” y “peligrosas”. Todas y cada una de las emociones son necesarias. Son innatas y naturales del ser humano, y las necesitamos porque todas cumplen su función, incluso las llamadas emociones negativas.

    Si, por ejemplo, no tuviésemos miedo, ¿cómo sabríamos cuándo estamos ante un peligro? No reaccionaríamos.  

    Todas las emociones nos ayudan a enfrentarnos a las situaciones que nos ocurren a diario en el mundo y en nuestra vida. Todas son importantes y útiles a la hora de cumplir su función, por lo que es necesario entender que no hay que intentar evitar las emociones que no nos gustan.

    Además de ser algo muy complicado, también es antinatural. Podemos aprender a manejar las emociones correctamente conociéndolas y aceptándolas.

    ¿Cuáles son las emociones básicas?

    Existen muchas emociones, y ante diversas situaciones cada persona puede reaccionar con una distinta. No obstante, las emociones más elementales son las siguientes:

    - Alegría: Felicidad y bienestar generado normalmente al conseguir algo que deseamos. Nos sirve para darnos cuenta de lo que queremos y nos motiva a repetir la conducta.

    - Ira: Enfado o rabia al no alcanzar un deseo, al sentirnos amenazados o agredidos. Nos sirve, cuando se muestra de forma adaptativa, para movilizarnos y defendernos, evitar un daño y buscar la solución a un problema.

    - Tristeza: Sensación de desesperación, melancolía, pesimismo, etc., ante una pérdida. Nos sirve para indicar que necesitamos un tiempo para nosotros, para pensar en lo sucedido y procesarlo debidamente. Además, es una señal que muestra que necesitamos apoyo de los demás.

    - Miedo: Respuesta de alarma ante una amenaza o peligro real o anticipado. Nos sirve para ponernos en alerta y centrar nuestra atención en la mejor solución posible.

    - Sorpresa: Asombro o desconcierto ante algo inesperado. Nos sirve para situarnos y centrarnos en lo que debemos hacer.

    - Asco: Aversión ante algo que nos desagrada. Nos sirve para aprender a reconocer lo que no nos gusta, y así alejarnos y rechazarlo.

    Son muchas las emociones que puede llegar a tener un niño a lo largo del día. Y lo primero que debe saber es cómo son y para qué sirven. E igual de importante es enseñarle que no son peligrosas y que no debe temerlas.

    ¿Cuántas veces le hemos dicho a un niño “no estés triste, que no pasa nada”? ¿O “no tengas miedo, que ya eres mayor”? ¿O “no te enfades, que no te va a servir de nada”? Solemos rechazar la mayoría de las emociones “negativas” que tenemos, intentando bloquearlas o censurarlas.

    Obviamente, cuando la intensidad de las mismas es muy alta y nos abruman, nos causan un gran malestar o nos impiden vivir con normalidad, hay que saber manejarlas.

    Y para empezar lo importante es enseñar a los niños a expresar las emociones, incluso las que nos hacen daño, porque son esenciales y necesarias, y no tenemos por qué luchar para que desaparezcan. 

     

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