¿Qué piensas sobre tu hijo?: Creencias erróneas de los padres

    ¿Qué piensas sobre tu hijo?: Creencias erróneas de los padres © Depositphotos.com/Photography33

    Cuando los padres acuden a consulta en busca de ayuda para mejorar la conducta de su hijo, muchas veces necesitan un cambio casi inmediato.

    Ya sea un caso de desobediencia, agresividad, problemas escolares, bajo estado de ánimo o cualquier otro aspecto de la vida del niño, lo cierto es que en la mayoría de ocasiones también se requiere un cambio por parte de los padres. Y uno de los principales puntos a tratar son las ideas erróneas que se tienen sobre la educación y sobre los propios hijos.

    ¿Qué piensas sobre tu hijo?: Creencias erróneas de los padres 

    Una de las preguntas más corrientes en terapia con padres que tienen problemas con sus hijos es: “¿Qué piensas sobre el niño?”. Parece una trivialidad, pero a veces surgen ideas preconcebidas sobre cómo su hijo debería comportarse y cómo no, según unas creencias establecidas por el padre. También surgen creencias sobre cuáles son las mejores formas de educar a un niño.

    Estas ideas son clave para empezar a entender algunos de los posibles factores del mantenimiento del problema en casa. Las creencias irracionales son principios que consideramos absolutos y verdaderos, que no nos cuestionamos y que seguimos como si fueran nuestras leyes.

    Lo que ocurre es que muchas veces no se ciñen a la realidad y no son del todo objetivas, chocan con lo que pasa en el mundo e impiden que la persona viva de forma satisfactoria. De este modo, se hace necesaria una forma alternativa de pensar. ¿Cuáles de estas ideas se refieren a los hijos y su educación?

    Creencias irracionales de los padres

    1.- La idea del niño infalible: La creencia de que tu hijo debe ser competente en ciertos aspectos de su vida, seguramente los que tú consideras más importantes (deporte, rendimiento escolar, etc.).

    Y es más, cuando el niño no es capaz de alcanzar ciertos objetivos, los padres se suelen sentir fracasados porque su hijo no ha cumplido algo importante para ellos, e incluso llegan a mostrarle menos cariño y afecto.

    Esto hace que el niño no tenga facilidad para conseguir un refuerzo o un halago por parte de sus padres, pues si creen que lo más importante es sacar buenas notas no le premiarán por ser un buen compañero en clase o ayudar en las tareas de casa.

    2.- La idea del deber: La creencia de que los niños tienen obligaciones que deben cumplir, como por ejemplo: “Mi hijo debe estudiar”. Esa obligación no existe como tal, sino que es más una expectativa del padre, por lo que la creencia racional sería: “Yo quiero que mi hijo estudie y se esfuerce en sacar buenas notas”.

    ¿Cuál es la diferencia? Ante una rigidez de pensamiento como la del primer caso, lo más lógico es que, si el niño saca malas notas, los padres se enfaden mucho con él. Puede que incluso se sientan culpables de ello, y el comportamiento con su hijo sería inadecuado.

    Sin embargo, al pensarlo como un propio deseo, el padre podrá evaluar la situación y hacer algo por cambiarla, entendiendo por qué el niño no quiere hacerlo y trabajar para que lo haga. Si en vez de suspender siete asignaturas suspende tres, el primer padre seguirá castigándole, pero el segundo es posible que refuerce su mejoría.

    3.- La idea del enfado saludable: Muchos padres creen que, para que su hijo entienda que lo que ha hecho está mal o que se ha equivocado, ellos deben enfadarse y mostrar una actitud casi agresiva, para que el niño se sienta culpable y cambie su conducta en el futuro.

    Y muchas veces la frase sigue con un: “Es que si no se lo digo así, no hace caso”. Quizá el problema sea que ésa es la única forma que ha conocido el niño. Lo que se consigue con este método es que, a largo plazo, los padres se consideren culpables de todas las conductas de sus hijos.

    Se instaura tal patrón negativo de conducta que la idea que se tiene es de ser un “mal padre”.

    4.- La idea del niño culpable: Ésta es la creencia de que la mejor técnica educativa es el castigo. Como vimos en “¿Es el castigo una buena técnica educativa?”, el castigo se puede utilizar cuando las conductas del niño son peligrosas, pero no debe ser el método de elección para educarle.

    Ésta es una idea muy relacionada con la anterior, pues se crea una situación en que el niño es considerado como un culpable que debe ser castigado, cuando la solución óptima es enseñar cuál es la conducta adecuada que debe cumplir.

    Estas creencias suelen ir acompañadas de sentimientos de rechazo y de culpa hacia el niño, incluso de odio en algunas ocasiones. Son ideas muy duras que algunos padres tienen sobre sus hijos, y es algo que se debe cambiar.

    De otro modo, es muy poco probable que haya buenos resultados en la conducta del niño. Recordad que no sois culpables del mal comportamiento de vuestro hijo, ni él tampoco lo es; en esto no existen culpables, sino que debéis ser un equipo que trabaja por aprender algo que quizá no sabíais. 

    Como-vencer-el-desamor

    ¡Compartir es vivir!

     

     

     

    Go to top